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¿Pueden los Lakers ganar el anillo?

El equipo angelino encadena seis victorias consecutivas, gana a rivales directos, se atrinchera en defensa y se asemeja, por primera vez en la temporada, a un aspirante sólido al título.

¿Pueden los Lakers ganar el anillo?
Alberto Clemente
Redactor de Baloncesto
Alberto Clemente es licenciado en Historia y Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos. Empezó su andadura en el periodismo en Cadena SER, donde estuvo de mayo de 2018 a enero de 2019, desempeñando sus funciones en la web, dentro de la sección de deportes. Tras dicha estancia, pasó a formar parte de As, siendo parte de la sección de baloncesto.
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No es que los Lakers lleven seis victorias consecutivas, es que cuatro de ellas han llegado contra teóricos aspirantes al anillo. Y tres, frente a rivales directos de la Conferencia Oeste: Timberwolves, Nuggets y Rockets. Y ojito, que viene el lobo: los angelinos se asemejan por primera vez en la temporada a un candidato sólido a ese título que todo el mundo ansía y que no todo el mundo consigue. Y lo hacen como dictan los cánones: con una defensa extraordinaria y llegando al pico de forma en el mejor momento, en la meseta de marzo, con apenas un mes para el inicio de los playoffs. Y ese equipo que no hace mucho parecía mediocre va ahora volando y se consolida en el tercer puesto de la clasificación mientras se aproxima a las 50 victorias por segundo año consecutivo. Y, ahora mismo: ¿quién se quiere enfrentar a ellos en playoffs?

Todavía queda para saber si esto es un mero espejismo o una nueva realidad. Las lesiones han abandonado a la plantilla, que está prácticamente al completo. Y el trío dinámico formado por Luka Doncic, Austin Reaves y LeBron James funciona después de, por fin, días de rodaje y coincidencia en pista. El resultado es el que es: aparte de las seis victorias seguidas llevan nueve en los 10 últimos partidos, un excelente 8-1 en marzo que les convierte en el equipo más en forma de la competición: 43-25 de balance y 1,5 partidos por encima de los Rockets, cuartos, con los que tienen otro duelo directo en Houston en la noche del miércoles al jueves que puede ser clave en un Oeste en el que las derrotas penalizan mucho y las victorias no cuentan tanto... hasta ahora, donde cada asalto es clave y cada batalla supone un gasto energético en forma de sangre, sudor y lágrimas.

JJ Redick (hay que darle crédito) parece haber dado con la clave para que las cosas funcionen como tienen que funcionar. DeAndre Ayton se ha convertido en alguien esencial en los dos lados de la pista de forma tan inopinada como merecida, dejando atrás los altibajos. LeBron parece haber asumido que tiene que lanzar menos y trabajar más y lo está haciendo. Austin Reaves pasa los bloqueos como si le fuera la vida en ello. Y Marcus Smart recupera su versión asesina, esa que le hizo ser el primer base desde Gary Payton que lograba el premio a Mejor Defensor, siendo el general de la defensa y mostrando un pundonor que lleva en volandas a su equipo, con la sensación de que si él cree, los demás también. Y todo, claro, con un Luka Doncic celestial, que gana enteros para un MVP que parece que no va a ganar, deja atrás sus problemas personales y se convierte en la mejor versión de sí mismo.

Los Lakers son un proyecto cogido por pinzas, y así ha sido desde que ganaron el anillo de 2020 hasta ahora. Una idea buena sobre el papel, pero que para que funcione en pista tiene que cuadrarse con una serie de variables que, de salir bien en su totalidad, pueden convertir al equipo en candidato o incluso en favorito. Pero eso tiene dos vertientes muy diferenciadas, un cara o cruz morboso pero peligroso y una sensación perenne de que cuando algo falla, lo hace todo lo demás. Por eso esta nueva versión extraordinaria, casi de equipo campeón, hay que ponerla en cuarentena: porque sí, ahora mismo estamos viendo a un equipo que parece absolutamente imbatible. Pero porque todo está funcionando. La pregunta es: ¿se puede mantener este nivel? Y, sobre todo, ¿es sostenible en una serie a siete partidos contra, presumiblemente, algunos de los mismos rivales a los que ahora mismo están aplastando?

Las claves de una resurrección

Todo, en esta racha, ha pasado por la defensa: los Lakers han dejado atrás la indolencia y se han convertido en un martillo pilón. Dejaron en 97 puntos a los Knicks, en 106 a los Wolves y en 92 a los Rockets en una era en la que las anotaciones son tan voluminosas como (a veces) desvergonzantes. Jalen Brunson se fue a 7 pérdidas con un 8 de 19 en el lanzamiento, Anthony Edwards se quedó en un 2 de 15 en tiros de campo, Jamal Murray en un 1 de 14 con Nikola Jokic perdiendo hasta 9 balones y Kevin Durant sumó 7 pérdidas y, en la segunda mitad, anotó 2 puntos y un tiro de campo de los 5 que intentó. Las dobles defensas estan torturando a los rivales y la estrella de los Rockets habló de eso tras el partido: “Han usado todos sus recursos para que no me sienta cómodo”. Los angelinos obligan a sus mejores oponentes a doblar balones y asumen lanzamientos exteriores de los peores tiradores. Y les está funcionando de una forma increíble. Con una efectividad supina.

En los primeros 58 partidos, los Lakers tenían el 24º rating defensivo, mientras que en los últimos nueve tienen el 8º. Eran el 26º en porcentaje de tiros de campo de sus rivales y ahora son el 14º. Y, sobre todo, han pasado del puesto 21 en porcentaje de triples del rival... al 2. Una mejora sustancial en algunos casos y radical en otros que permite pensar en cosas grandes, con la boca pequeña. Porque sí, todavía queda: pero este es el nivel que Redick llevaba toda la temporada persiguiendo y que finalmente ha encontrado, con el compromiso explícito de un Doncic siempre criticado por su esfuerzo en ese lado de la pista e implícito de un LeBron que se ha dejado de verborreas y tonterías y se dedica a jugar al baloncesto. Haciendo, por cierto, mates como si no hubiera un mañana y como si no tuviera 41 años: cuatro contra los Rockets, yéndose a 18 puntos (14 en la segunda mitad), 5 rebotes, 5 asistencias y 2 robos. En 33 minutos: sin gastar demasiado, con un 7 de 13 en tiros y haciendo lo que tiene que hacer, en el momento en el que tiene que hacerlo.

Austin Reaves promedia más de 25 tantos en los últimos seis duelos, rozando el 50% en tiros de campo, con más dificultades ante los Rockets (5 de 18), pero anotando 30 o más en los tres partidos anteriores de forma consecutiva. Y luego está Doncic, claro: ese ser celestial envuelto en problemas personales que le hicieron decir que estaba deseando que se acabara la temporada, pero que sabe que el baloncesto es terapéutico. Cumplió 27 años en febrero, ya ha coleccionado una ristra de récords infinita de precocidad en particular y de cualquier otra cosa en general, y su abrupta y sorpresiva salida de los Mavericks queda cada vez más atrás. Ahora, está centrado en lo que tiene por delante, que es lo que le falta, ese anillo de campeón que le permitiría entrar en el Olimpo de los Dioses de la NBA. Una que quiere conquistar por lo civil o por lo criminal, llamando a las puertas de la Historia para hacer lo que nadie nunca ha hecho. Pero para eso necesita el título de campeón. Y lo sabe mejor que nadie.

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Doncic, en este tramo, promedia 37,8 puntos, 9,2 rebotes, 7,7 asistencias, 2,2 robos y más de 1 tapón, anotando de forma milagrosa el tiro ganador frente a los Nuggets en el que fue uno de los mejores partidos de la temporada. Se va a casi 33 (líder de la NBA), con 8 rechaces y 8 pases a canasta. Y en los últimos seis choques lanza por encima del 40% en triples con más de 37 minutos por noche. Es su momento y lo sabe él, pero también un LeBron que se puede aferrar a la posibilidad del que sería su quinto anillo como un clavo ardiendo. Es una posibilidad que no deja de ser remota, pero los Lakers se parecen, por fin, a un digno equipo de baloncesto y a un aspirante al título sólido que no se olvida de que en playoffs tendrá que superar a rivales de envergadura (Spurs, Thunder, los tortuosos Nuggets...) y a una misión que era imposible hace unas semanas y que ahora parece palpable, tangible. Casi real. Si mantienen o no el nivel, si siguen defendiendo como cosacos y si los sueños pueden convertirse en realidad. Los Lakers quieren escribir la historia más grande jamás contada. Pero, ¿pueden realmente ganar el anillo? La pregunta del millón. Y una respuesta para la que, en realidad, no queda tanto.

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