Mirko Milicevic

La historia jamás contada de Doncic

Mirko Milicevic, un clásico del baloncesto europeo en los 90, relata cómo medió para que el esloveno fichara por el Madrid cuando era adolescente. Y habla de Petrovic, Ataman...

Luka Doncic, junto a Mirko Milicevic.
Alberto Clemente
Alberto Clemente es licenciado en Historia y Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos. Empezó su andadura en el periodismo en Cadena SER, donde estuvo de mayo de 2018 a enero de 2019, desempeñando sus funciones en la web, dentro de la sección de deportes. Tras dicha estancia, pasó a formar parte de As, siendo parte de la sección de baloncesto.
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Mirko Milicevic (60 años, 2,10 metros) fue todo un clásico del baloncesto europeo en los 90. Jugó a nivel profesional durante 23 temporadas en las que pasó por 13 equipos, coincidiendo por el camino con algunas de las figuras más importantes de la época, de forma directa o más tangencial. Amigo personal de Drazen Petrovic, fue también uno de los primeros jugadores que tuvo a su cargo Ergin Ataman. Y jugó en España en la 1992-93, en el Valladolid, fichando unos meses después de que el legendario Avrydas Sabonis abandonara el club para enrolarse en las filas del Real Madrid y hacer historia con la añorada Octava Copa de Europa, lograda en 1995. Una historia apasionante de un hombre que lo ha visto todo y es una voz autorizada para hablar de baloncesto.

Pero, más allá de la coincidencia con los más grandes de entonces y ser un jugador que amasó una gran cantidad de estadística en muchos países distintos, Milicevic es también uno de los principales responsables de que Luka Doncic fichara por el Real Madrid. “Yo era representante de Sasa, su padre. Y un buen amigo mío me llamó para decirme que su hijo, de 13 años y 8 meses, tenía un talento increíble. Yo hablé con Oktay Mahmuti, entrenador del Galatasaray por aquel entonces, muy famoso en Turquía. Les envié la información y nos dieron tres billetes de avión: para Luka para Sasa y para mí. Nos dieron una villa muy bonita, una casa con piscina. Y fuimos al entrenamiento. Después de 10-15 minutos, me di cuenta de que tenía un talento increíble. Pero no se podía quedar en Turquía, asique llamé a mis amigos en España”, cuenta Mirko, que atendió a AS vía telefónica desde Belgrado, donde tiene una academia con la que entrena a jóvenes promesas mientras les transmite su sabiduría y sigue ligado al baloncesto.

La historia jamás contada de Doncic
Milicevic, en su academia.

El relato se vuelve cada vez más increíble cuando empieza a revelar sus primeros contactos con el Madrid para que Doncic fichara por los blancos. “Me puse en contacto con Alberto Herreros y con Lucio Angulo. Luka fue a España. La prueba duró sólo 30 minutos, lo suficiente como para que se quedaran alucinados con su talento. Firmamos un contrato de nueve años con el Real Madrid. De hecho, todavía lo tengo en mi casa y estuvo vigente hasta 2023, pero sólo duró cuatro años; lo firmamos con la madre de Luka, Miriam, y Luka estuvo con nosotros esos cuatro años. Pasado ese tiempo Miriam nos envió un correo electrónico a Alberto (Herreros) y a mí diciendo: ‘Chicos, gracias por todo lo que hicieron por mi hijo, pero no colaboraremos más’. Pero estoy bien con eso y con el tiempo que pasé con él”, asegura Mirko, que está orgulloso de lo conseguido.

El exjugador no se quedó ahí y relató una anécdota con su padre ocurrida en la casa de Estambul. Ahí revela la increíble fuerza que tenía Doncic ya desde joven: “Estaban en la piscina y empezaron a luchar de broma. Y Sasa es muy grande y fuerte, pero Luka le consiguió tirar al agua. Fue alucinante”, revela Mirko, que también comentó el fichaje del esloveno por los Lakers abandonando los Mavericks, en un traspaso que sacudió los cimientos de la NBA: “Son negocios. Los Mavs cambiaron a unos propietarios que son dueños de casinos en Las Vegas. Prefirieron ahorrarse el sueldo de Luka. Pero todos sueñan con jugar en los Lakers. Yo desde pequeño era seguidor de de los Lakers, de Muhammad Ali y del Real Madrid”, dice Milicevic, comparando al club angelino con el blanco y señalando que Nikola Jokic será agente libre en 2027 y que podría ser una opción para unirse con Doncic. “¿Qué si sabía si iba a ser tan bueno? Tenía una visión”, sentencia.

Petrovic y Ataman

Milicevic no se quedó en Luka y relató múltiples experiencias como jugador. También habló de su amistad, por ejemplo, con Drazen Petrovic, una leyenda absoluta que falleció en un accidente de coche en el verano de 1993, cuando tenía apenas 28 años. Mirko lee el futuro en la palma de la mano de la gente y Petrovic, cercano amigo suyo, le pidió que lo hiciera con él. “Él sabía lo que yo hacía y vino para sentarse conmigo, con su novia, Renata, su gran amor. Una noche, estábamos sentados y me dio la mano y me dijo: ‘Mira, estamos comprometidos. ¿Qué piensas cuando nos casemos? ¿Y qué más ves en mi mano?’ Sé leer las manos. Sabes de qué hablo. Lo sé, y, por supuesto, ella me mostró la suya. Él me mostró la suya. Y lo vi todo. Y esperé hasta que Renata se fuera. Cuando lo hizo, le dije a Drazen: ‘Amigo, no hay posibilidad de que te cases con Renata. Olvídate de Renata. Veo en tu mano que vas a tener un accidente de coche. Espero que Dios te ayude’" cuenta el serbio, visiblemente emocionado.

La historia jamás contada de Doncic
Mirko, durante un homenaje.

En su extensa carrera como profesional, coincidió con otros grandes, entre ellos un Ergin Ataman que hoy es probablemente el mejor entrenador del Viejo Continente, pero que entonces estaba dando sus primeros pasos. “Él acababa de empezar su carrera como entrenador. Y en el 96 llegué a Turk Telecom y Ataman fue mi entrenador durante tres años. Tenemos una relación increíble. Y conozco su sistema. Iba a fichar por el Fenerbahçe, pero me llamó y me dijo que sabía donde estaba. Y volví con Ataman. Hablamos italiano porque él tenía familia allí. Y estoy convencido de que Ergin no hace lo que hace por el dinero. Cuando nos separamos, me llamó para darme las gracias”, cuenta Milicevic de una época en la que jugó con y contra jugadores de la talla de David Rivers, Rolando Blackman o Dominique Wilkins.

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Esa es la historia de Mirko Milicevic, que cuajó grandes actuaciones en su época y tuvo una de las carreras más longevas que se recuerdan, por detrás solo de leyendas como Oscar Schmidt. Y que también medió para que Jaycee Carroll fichara por el Madrid y se nacionalizara para jugar con la selección de Azerbayán. “Cuando Anthony Randolph llegó después al Madrid, empezaron a ganar siempre al Barça”. Ahora, en su academia, el exjugador tutela la formación de algunas de la promesas más importantes del baloncesto serbio. Pero no se olvida de lo que es importante: “La gente viene y trabaja conmigo, pero te digo que nunca les digo que el baloncesto debería ser lo primero en su vida. Les enseño a tener una gran personalidad, a creer en Dios, a terminar la escuela y que el baloncesto es para disfrutar”. Esas son las máximas de un hombre que lo ha visto todo, y lo ha vivido todo. Y que fue uno de los descubridores de Luka Doncic. Casi nada.

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