Doncic y los Lakers: examen final
Los angelinos juegan dos veces contra los Thunder en menos de una semana, partidos que servirán para ver su nivel real de cara a playoffs... y que pueden resolver la lucha por el MVP.


Son días de vino y rosas en Los Ángeles. Los Lakers sonríen con el paso del tiempo, inmisericorde para según quien, pero no para la histórica franquicia, que ha firmado un mes de marzo para el recuerdo: 15-2, con 14 victorias en los últimos 16 partidos, convirtiendo el caprichoso 34-24 al que se llegó a finales de febrero después de tres derrotas consecutivas en un extraordinario 50-26. Aferrándose al tercer puesto de la Conferencia Oeste en una dura pugna con los Nuggets, cuartos, pero con la ventaja de campo en primera ronda prácticamente asegurada. Y la entidad de púrpura y oro, que siempre mira el vaso medio lleno, lo ve ahora a rebosar. Con su optimismo tradicional, las cosas funcionando en demasía y una capacidad de resiliencia enorme personificada en la figura de Luka Doncic, que lleva tres partidos seguidos de 40 o más puntos y 12 de 30 o más. Casi nada.
El esloveno está en la mejor forma física de su carrera o, al menos, la mejor desde que llegó a los Lakers, diciendo adiós a los Mavericks en contra de su voluntad en el traspaso de todos los traspasos, ese que sacudió los cimientos de la NBA el 1 de febrero de 2025. Pero está solo: los angelinos se han convertido en un bloque compacto que defiende de maravilla para llegar a su segunda temporada consecutiva de 50 o más victorias, algo que no conseguían desde la 2009-10 y la 2010-11. JJ Redick se convierte, además, en el primer entrenador que logra algo así en Los Ángeles desde Phil Jackson, un mérito tremendo de un técnico que ha demostrado saber manejar egos, mantenerse alejado del ruido y dar impulso a los suyos en el momento más importante para hacerlo: la meseta de marzo, tan tediosa para los aficionados, es clave para los equipos. Y se ha convertido en un trampolín maravilloso para unos Lakers que sueñan con algo grande, que ya veremos si se da.
Más: Austin Reaves funciona, Rui Hachimura encuentra su sitio, DeAndre Ayton se convierte por primera vez en su carrera en un pívot fiable y la conexión de los jugadores se acrecenta. No sólo ganan, sino que se lo están pasando bien, disfrutan y se gustan. Y, mientras tanto, LeBron James se deja de tonterías, de pasados y de futuros, de quejas y contratos, y se dedica a ser un hombre que vale para todo mientras acepta su rol sin rechistar. Un ejemplo que algo que le ha pasado siempre en su carrera, que se le nota en sus gestos corporales, en su actitud: cuando las cosas van mal se deja ir y empieza a meter cizaña entre bambalinas, pero cuando van bien siempre rema a favor de corriente. Su relación con Doncic parece más sólida que nunca y eso tiene un significado claro, que ve que a sus 41 años es posible un quinto anillo. Que piensa que puede ocurrir, que hay alguna posibilidad. Que sabe que la historia es suya y que lo puede seguir siendo, quizá para siempre.
Si los Lakers qedan terceros o cuartos se enfrentaran en primera ronda a Timberwolves o Rockets, que se reparten el quinto y el sexto puesto y no parece que vayan a salir de ahí. Contra ellos y contra los Nuggets tienen balance positivo, toda una heroicidad si tenemos en cuenta que estaban hasta hace no mucho anclados en la mediocridad. Pero no gozan de ese privilegio ante los teóricos intocables: los Spurs de Victor Wembanyama, a los que ganaron en noviembre para perder los tres partidos siguientes... y los Thunder. Ese equipo descarado que es además el vigente campeón de la NBA, que aspira a repetir título, que ha llegado por segunda temporada consecutiva a la cifra de las 60 victorias y al que los Lakers no ganan desde el 6 de abril de 2025. Tras ello, tres derrotas consecutivas, dos en esta misma temporada, la primera clarísima y de paliza (121-92 en Oklahoma) y la segunda cómoda y con un resultado ligeramente engañoso (119-110 en el Crypto Arena). Y ahora...
La prueba que determinará el favoritismo
Hay una pregunta que oscila de forma perenne desde hace bastantes días: ¿son los Lakers tan buenos? ¿Realmente pueden optar al anillo? La respuesta sencilla es que no, pero también ventajista si tenemos en cuenta que de 30 equipos que hay en la NBA sólo 16 disputan los playoffs y que, claro, sólo uno sale vencedor. Lo más lógico sería pensar que los angelinos van a superar la primera ronda y van a caer en la segunda, que será contra los Spurs si acaban terceros... o contra los Thunder si finalmente terminan cuartos. Les toque el rival que les toque y poniendo en cuarentena las sorpresas que pueda haber en primera ronda de playoffs, parece difícil pensar que los angelinos van a sobrevivir más allá de dicha eliminatoria, remarcando también que para ello tendrán que superar en primera ronda a los Rockets (que podría ser factible) o a unos Timberwolves que el año pasado les metieron un categórico 4-1 a las primeras de cambio. Ojo con eso.
Los Lakers tienen por delante el que puede ser y será su último gran examen de la regular season: juegan contra los Thunder dos veces más en menos de una semana. Primero será en Oklahoma, en la noche del jueves al viernes a las 03:30 hora española. Luego repetirán en la noche del martes al miércoles de la próxima semana a las 04:30, esta vez en el Crypto Arena. Entre medias, del domingo al lunes visitarán Dallas para que Doncic vuelva a darse un baño de multitudes ante la afición que sigue llorando su ausencia, un duelo aparentemente sencillo si tenemos en cuenta que los texanos están tan empeñados en seguir perdiendo partidos como el resto de equipos de su nivel, que ejercen el polémico tanking sin ningún tipo de pudor. Los angelinos luego visitan a los Warriors y reciben a Suns y Jazz, duelos teóricamente más sencillos, ni que decir tiene ese último con el que pueden aprovechar la última bala de la racámara si fuera necesario. Pero antes, llega la fiesta. La clave.
El nivel real del equipo de púrpura y oro se verá, indiscutiblemente, en los partidos contra los Thunder. Dos asaltos a cara de perro a los que llegan con un nivel excelso de motivación y en un momento deportivo inequívocamente positivo. Y tienen que ganar al menos uno de los dos partidos para que se pueda pensar que lo que ha ocurrido no es un mero espejismo, sino que verdaderamente pueden ser considerados candidatos. Así se han comportado en marzo, pero no en el resto de la temporada. Y el duelo de titanes determinará el nivel real de los Lakers y dictará sentencia ante unos Thunder, recordemos, tienen sólo 2,5 partidos de ventaja sobre unos Spurs que tienen un calendario ligeramente más complicado, pero que están en un momento extraordinario, van camino de (también) las 60 victorias y están liderados por Victor Wembanyama. Es decir, que la franquicia de Oklahoma no se va a dejar ir: querrá ganar ante los Lakers. Y por eso es todo tan condenadamente interesante.
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Pero hay un motivo más que hace que estos encuentros tengan una trascendencia especial: la lucha por el MVP. Shai Gilgeous-Alexander parece, a priori, el mejor colocado para repetir el premio que ya ganó el año pasado, mientras que los Spurs están inmersos en una campaña encarnizada para que se lo den al ya mencionado Wembanyama. Nikola Jokic también aparece, con toda justicia, en las apuestas, en las que Jaylen Brown se encuentra más alejado. Pero Doncic también lo reclama para sí y no para de ganar enteros y argumentos para hacerse con el que sería su primer galardón, uno que tiende a la repetición con según quién, pero que se resiste mucho en caso de otros, como ya le pasó a Kobe Bryant de forma inexplicable en su momento. Es posible, ya veremos si también probable, que en el duelo individual con Shai sirva para discernir quién sale victorioso de dicho trofeo, menor si lo comparamos con el anillo pero muy importante para los jugadores y eso que se llama legado. Asique sí, estamos ante un momento crucial de la temporada. Luka Doncic y los Lakers: examen final.
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