La taronja mecánica
El Valencia arrasa en Bilbao con su sexta mayor victoria en la ACB. El líder de la Euroliga no deja de crecer.


Resumen: 37-79. No hay mucho más que comentar. Ese es el tanteo de la segunda parte en lo que debía ser un partido que no existió entre el Bilbao Basket y el Valencia, una apisonadora que marcha líder en la Euroliga y la explicación de ese honor la expuso en esos 20 minutos en el parqué de Miribilla. Los 79 puntos, más que todos los que hizo su oponente en todo el choque, son el tope absoluto en la ACB, nunca nadie había anotado tanto en una mitad. La taronja mecánica asusta y aspira a todos los títulos, no hay quién aguante su ritmo aniquilador durante cuatro cuartos. En Bilbao logró la sexta victoria más abultada en la ACB, 44 puntos, hasta donde quiso, incluso se propuso y logró anotar en el último ataque, aunque no le gustó ese hambre desmedido a la grada. Como dice su técnico, que marca tendencia en Europa, la gente paga por ver juego durante los 40 minutos no por un tramo largo y ver a un tipo botar los 24 segundos finales sin ánimo de nada. El baño de los de la Ciudad del Turia, una demolición bastante esperada, se sitúa solo tras otras de 51, 47, 46 y dos de 45. Para los vascos es el tercer sopapo más doloroso tras el 104–57 (47) ante el Baskonia en el estreno en la élite, en la 2004-05, y otra también ante los vitorianos en la temporada 2015-16 (108-62, 46). También el equipo valenciano es ya el que más puntos ha metido en Miribilla en una contienda sin prórroga.
Miribilla se las prometía muy felices antes de las Navidades, con una racha del equipo invicto ante rivales de perfil medio-bajo. Pero han llegado dos transatlánticos y han puesto los pies de la afición en el suelo: derrota digna ante el Barcelona y un meneo de consideración que debe llevar a la reflexión ante el monarca actual del Viejo Continente. Un naufragio de pesadilla. Porque al margen de que este grupo de Pedro Martínez juega de memoria, a todo trapo, como un tren sin frenos, y se desenvuelven como los ángeles, en el Surne hay piezas que ya cantan, como Hilliard, al que los fantasmas ya no dejan ni ver pases a dos palmos. Jaworski tuvo una tarde para olvidar y Hlinason otra vez careció de influencia en el juego. La presencia del Surne en la zona fue una debacle, con jugadores muy blandos y débiles, comiéndose tapones como si fueran uvas en Nochevieja. Con Frey minimizado, sólo se salvaron de la quema Normantas y Petrasek.
Al Valencia hay que sacarle de punto, pero el que lo hace corre el riesgo de quedarse exhausto por el camino. Si le miras a los ojos, pone en liza su infinito arsenal. Pero tampoco conviene ser cobardica, salir a esperar acontecimientos, que estos te vengan, sino atropellar con la actividad. La fortaleza física de una plantilla tan suntuosa asusta. El 3-2 fue la única ventaja vasca. De la mano de Normantas, con dos triples seguidos, y Petrasek, el equipo de Ponsarnau pudo tutear un rato al cuadro taronja, que, eso sí, empezó marcando el ritmo, como de costumbre: 13-26. Los triples no le entraban al cuadro local.
Los ‘hombres de negro’ elevaron su agresividad defensiva con sus tres guerreros en pista: Normantas, Lazarevic y Krampelj. Si había que morir que fuera de actividad, no de parálisis. El cuadro taronja falló muchísimo desde la línea de tres en el segundo acto y las espadas permanecían en lo alto. Con 35-37 al descanso, aquello prometía emoción. Nada más lejos de la realidad. Los terceros cuartos suelen ser la tumba de los bilbaínos y en este caso, fue un entierro hasta la máxima profundidad. Un desplome de época, que dejará secuelas. Jaworski no tenía esos tiros suyos de seda, estaba como agarrotado. Salgado, uno de loa yudantes en el cuerpo técnico, le daba una charla de hombre sabio y el escolta ponía cara de circunstancias. Font arañó minutos, porque Ponsarnau auguraba un partido muy duro y quería activar su carta para que los protagonistas principales llegaran más descansados a un posible final igualado. Pero ni el alero estuvo fino ni a las estrellas se les vio.
El Valencia subió revoluciones y adiós muy buenas. Seguía incorporando gente a la anotación, como Badio, con diez puntos en un visto y no visto. De Larrea también tuvo su instante de inspiración, de gloria absoluta, con un mate y una bandeja pletóricos. Este equipo es divertido de ver. Montero sacó un 3+1 a Lazarevic y el paseo estaba en marcha. Hasta Ponsarnau fue castigado con técnica por su protestas, tal vez para cambiar un guion abrumador. Taylor posteó ante Hilliard y le sacó un dos más uno que ya era un abuso de poder. La diferencia crecía hasta el cielo, y por medio se veían canastas de pura delicia, como una acción de Montero de costa a costa con mate brutal a una mano volando metros y más metros ante Petrasek.
La impotencia se adueñó del Bilbao Basket, fue un absoluto desastre derrotista. Llevan tres tropiezos seguidos y la cosa se pone fea. Hasta el entrenador habla de que esto es “inadmisible”. Porque no ganan fuera y ahora van a Girona. que se huele como partido de urgencias. Frente a tiros sin sentido de Hilliard, el Valencia corría y se mostraba muy estructurado, con cada pieza en su sitio para culminar los ataques con la precisión de un cirujano. El balón va a mil por hora, ni lo ves. Sus recursos son infinitos, hubo instantes arrolladores y la toma de Miribilla fue una tarea chupada. Key también sacó su chistera.
El Bilbao Basket de los récords en la débil Europe Cup se pegó un batacazo ante el conjunto que asombra en la primera competición del continente: los 43 puntos del último acto igualan la segunda máxima anotación en un cuarto en la Liga y son el techo de un visitante. Es la segunda máxima suma del Valencia en ese período de tiempo. ¿Y a estos tíos quién los para?
Ponsarnau: “Ha sido un desastre y yo soy el responsable”
Ponsarnau admitió que la segunda parte firmada por su equipo “ha sido un desastre” del que se siente “el responsable”. “Hemos hecho una primera parte muy sólida de mentalidad, pero en la segunda hemos caído en la frustración de no poder y no encontrar acierto. Hemos demostrado ser un equipo muy blando que no ha dado la respuesta que debía y ahí el responsable soy yo”, asumió en su valoración del partido.
“La mentalidad débil que hemos tenido en la segunda parte es inadmisible”, incidió el técnico de Tàrrega. Ponsarnau explicó esta penosa segunda mitad de sus jugadores en la “frustración” provocada por el “no poder, el ver que Valencia lo estaba haciendo muy bien y que cada buena defensa acababa también en canasta y en querer dar una respuesta individual y no colectiva”. Por último, recalcó que el primer paso para superar este varapalo con vistas al partido del domingo en Girona es “estar cabreados”.
“Lo que ha pasado hoy ha sido una falta a nuestro compromiso humano por la frustración en la que hemos entrado, pero tenemos que estar cabreados y demostrar que no somos un equipo tan débil porque si no Girona nos va a castigar también”, concluyó Ponsarnau.
Martínez: “Todo mi respeto por el Bilbao Basket”
Pedro Martínez admitió que “no es normal lo que ha pasado” en una segunda parte resuelta con un parcial de 37-79. “Todo mi respeto por Bilbao, por cómo juegan y por la temporada que están haciendo. Su temporada es muchísimo mejor de lo que se ha visto en la segunda parte y para mí no tiene una explicación desde la táctica”, señaló el técnico del conjunto taronja en su valoración del partido.
Martínez cree que el Valencia “ha jugado bien”, pero tuvo “la sensación” de que el Surne Bilbao ha tenido “alguna incidencia física” y admitió que el quinteto inicial de los locales le “ha sorprendido”. “Les he visto faltos de energía. Estoy seguro de que tienen alguna problemática física que les ha hecho luchar muchísimo en la primera parte, que lo han hecho de maravilla, pero en la segunda se han caído”, dijo.
El entrenador barcelonés, por otro lado, se mostró “muy agradecido” por los aplausos que le brindaron los seguidores locales en la presentación de los equipos y explicó que la decisión de jugar la última posesión a pesar de los 44 puntos de diferencia, que no gustó a la afición local, no fue “una falta de respeto”.
“Tengo admiración por Bilbao Basket y admiración máxima por los entrenadores de Bilbao, pero tenemos hablado lo de jugar hasta el final. Los partidos duran 40 minutos y el público no viene a ver 20 segundos a un jugador botando. A mí personalmente no me gusta, tampoco nos gusta cuando nos lo hacen a nosotros”, zanjó.
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