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La hora de la verdad para Porzingis

El letón jugó un muy pobre tercer partido y la presión es máxima sobre él: los Mavs necesitan que ayude más a Doncic si no quieren verse en un serio problema contra los Clippers.

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Los debates en torno a Kristaps Porzingis cada vez son más recurrentes, mala cosa, en Dallas, en el entorno de unos Mavericks que están en un momento crucial para su futuro: ya tienen jugador franquicia, uno generacional (Luka Doncic), y ahora tratan de construir alrededor de él un equipo con peso firme de aspirante sostenible al anillo de la NBA. Para eso, en teoría, Porzingis, el letón criado en Sevilla, debería ser una pieza estratégica, esencial: tiene 25 años y firmó en julio de 2019 (menos de siete meses después de llegar vía traspaso desde los Knicks) un nuevo contrato por cinco años y 158 millones de dólares. Básicamente, si se cruzan cuentas económicas y previsiones deportivas, los Mavs necesitan que KP funcione como segunda estrella hasta 2024. Esta temporada cobra 29,4 millones, tiene para los dos próximas 31,6 y 33,8 y puede ejecutar unilateralmente su player option por 36 millones en la 2023-24. Eso, si la cosa no sale bien, puede acabar siendo un lastre fatal.

El problema, y puede acabar siendo un gran, gran problema, es que se ha perdido la costumbre de esperar al mejor Porzingis, a ese unicornio del que se enamoró el Madison Square Garden en su año rookie (2015-16). Por un lado, las lesiones se han convertido en un problema recurrente: las rodillas preocupan de forma seria y esta temporada ha jugado 43 de los 72 partidos de lo Mavs en regular season. Sus números han sido buenos: 20,1 puntos y 8,9 rebotes con un 37,6% en triples. Y hacia final de temporada se vio una de sus mejores versiones en defensa, en un rush final brillante de lo Mavericks que se alargó hasta los dos partidos de primera ronda jugados en el Staples: un 0-2 que incendió al NBA pero que se ha enfriado con el triunfo de los Clippers en Dallas. Ahora es un 1-2 con partido clave, absolutamente determinante, mañana. Si los Mavs vuelven a perder en Texas, los Clippers lo tendrán en su mano para pasar ronda. Si recuperan el pulso y ganan, se pondrán con un 3-1 que les permitirá controlar la serie, que todavía tendrían que cerrar con un último triunfo. Muchas veces el más difícil de sumar.

Después de siete minutos y medio, los Mavs ganaban 30-11 y los Clippers parecían un cadáver dispuesto, por segunda temporada consecutiva, a ser despedazado por la opinión pública. Pero los angelinos reaccionaron, con una versión noble de sus estrellas, Paul George y sobre todo Kawhi Leonard, y con ajustes de Tyronn Lue: un plan defensivo más ordenado y sin desbarajustes en los cambios defensivos, más cuerpos en la zona cuando penetraba Doncic y menos tiros liberados para los compañeros del esloveno, que acabó cansado y con problemas en el cuello. El precio de la responsabilidad: 44 puntos él, 40 entre los tres (juntos) siguientes anotadores del equipo, Brunson (14), Kleber (14) y un Hardaway Jr (12) que perdió el toque en el regreso a casa. Ahí, en esa lista, no aparece Porzingis.

En ataque, los Clippers lograron que los Mavericks doblaran marcajes a Kawhi en el poste y, a partir de ahí, encontraron vías de pase y tiros liberados en las esquinas. Por fin, y como quería Lue, fueron agresivos buscando el aro: 24-44 en puntos a menos de 4 metros del aro, con un 63% para los visitantes y un 33% local. En eso tampoco aparece la influencia de un 2,21 como Porzingis. A la desesperada, Lue (Ibaka era baja por problemas de espalda) se puso en manos de quintetos ultra pequeños, con jugadores como Terance Mann (un hallazgo toda la segunda mitad de temporada), Reggie Jackson y Rajon Rondo en un rol crucial al lado de los aleros (George, Kawhi, Morris, Batum) capaces de meter tiros y cambiar defensas en todas las zonas de la pista. La fórmula funciona: le toca responder a Rick Carlisle o los Mavs perderán la inercia de la eliminatoria definitivamente.

Hacen falta respuestas colectivas… e individuales. Sobre todo de Porzingis, con jerarquía y sueldo de estrella (all star en 2018, ya va lloviendo). En el tercer partido se quedó en 9 puntos, 3 rebotes y 4 asistencias con un 3/10 en tiros y un 1/4 en triples. Y solo fue dos veces (2/2) a esa línea de tiros libres que tiene frito a Doncic: 13/27 en tres partidos. El esloveno promedia 38 puntos, 8,7 rebotes y 9 asistencias, una locura, y está en un 51,5% en tiros totales, un 45,9% en triples…. y un ¡46,5%! en tiros libres.

En la serie, Porzingis está en 14,3 puntos, solo 3,7 rebotes, solo 1,7 asistencias, solo un tapón, un pobre 42,5% en tiros y un válido 40% en triple pero anotando solo 1,7 por noche. En los minutos sin Doncic, los Mavs buscaron al letón en el poste y fue un desastre: su juego cerca del aro es muy poco resolutivo, sorprendente para su tamaño, y muchas veces se encontraba con un muro llamado Kawhi Leonard. Un recurso que se tragaba las posesiones de los de Rick Carlisle. El periodista Keith Smith, mientras, hacía notar que, en esta jornada de viernes, un 1,83 como Kemba Walker había cogido 8 rebotes para los Celtics y Porzingis se había quedado en esos horribles 3. Y Statmuse hacía sangre al recordar que promedia uno menos, con su 2,21, que Facundo Campazzo (1,78) con los Nuggets en su serie contra los Blazers.

Porzingis no hizo grandes partidos en L.A. pero contribuyó a dos victorias de enorme mérito. Con el equipo funcionando y Hardaway Jr anotando en ritmo de estrella, se podía permitir la baja exigencia (o más bien, la baja expectativa) que hay ya con un jugador de techo teóricamente ilimitado. Pero en el tercer partido los Mavs necesitaban más de Porzingis y no lo encontraron. El letón reconoció que había jugado “frustrado” y “muy por debajo de su nivel”, y su conexión mental con los momentos calientes es otro asunto ya muy en cuestión. Los quintetos pequeños de los Clippers son una invitación a que Porzingis haga sangre… o salga de la pista. Si no aprovecha los emparejamientos favorables y produce, Carlisle se verá obligado a sentarlo, un asunto peliagudo con un jugador de su jerarquía. Porque en defensa sus deficiencias para moverse y cubrir pista son un problema enorme si los Clippers circulan, especialmente si se juega con un backcourt como el Doncic-Brunson que no es precisamente una garantía en defensa. Eso acaba siendo un coladero si el supuesto ancla no intimida debajo del aro y queda desnudo cada vez que tiene que emparejarse con un teórico exterior por fuera.

Llega el cuarto partido y llega el gran momento de los Mavs: otra vez control… o problema muy gordo. Y Porzingis tendrá muchas miradas puestas sobre él. Puede redimirse o avivar un debate que, en su caso, va más allá de esta serie y esta temporada y apunta al futuro de los Mavericks y sus posibilidades de rodear a Doncic de un bloque con el que soñar sistemáticamente con el anillo.