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"Kobe quería preguntar cosas de matemáticas a Michael Jordan"

Roland Lazenby, el escritor de las principales biografías sobre Jordan y Kobe, charla con AS: "El gran triunfo de Kobe acabó siendo que sobrevivió a su autodestrucción".

"Kobe quería preguntar cosas de matemáticas a Michael Jordan"

Roland Lazenby presume de buena salud a sus 68 años. Y lo hace porque se acuerda del aneurisma que sufrió cuando tenía 24. Era 1977, y los médicos le dijeron que lo siguiente sería una hemorragia que aconsejaba que dejara sus cosas en orden. Por si acaso. Pero esos pésimos presagios resultaron infundados. Y nada más recibir el alta y marcharse a su casa con su mujer, corrió ocho kilómetros para chequear que todo iba bien y empezó a darle vueltas a qué quería hacer de verdad con su vida. Por entonces era profesor de lengua y entrenador del equipo de baloncesto en un instituto de Virginia. A partir de ahí, se propuso ser escritor.

Desde entonces ha escrito más de medio centenar de libros de no ficción, casi siempre centrados en el fútbol americano (football) y el baloncesto, su gran pasión. Por sus páginas han pasado Johnny Unitas, Tom Brady, los Celtics de Larry Bird, los Lakers del Showtime, los Bad Boys de Detroit, los Bulls de Michael Jordan, los Lakers de Kobe Bryant y Shaquille O’Neal... Profesor de periodismo en las universidades de Virginia Tech y Hollins y colaborador de varios medios escritos y audiovisuales (ESPN), está enfrascado ahora en una biografía sobre Magic Johnson. Y dice que después, se acabó.

En 1997 recibió el premio al mejor libro deportivo del año por Bull Run!, las vivencias de los históricos Bulls del 72-10 (1995-96). En 2015 repitió galardón con The Life, la gran biografía sobre Michael Jordan, editada en España por GeoPlaneta. Después, en 2016, publicó Showboat, un repaso imprescindible a la vida de Kobe Bryant que en español llegó de la mano de Cúpula. Roland Lazenby charla con AS sobre su aproximación única a dos de los mejores jugadores de siempre, dos con muchas cosas en común pero también diferencias abismales. Dos personajes únicos, complejos y esenciales para entender la historia de la NBA.

Nunca olvidaremos la imagen de Michael Jordan llorando desconsoladamente, a corazón abierto, durante su discurso en la ceremonia de homenaje a Kobe Bryant en el Staples Center. Seguramente, una versión de él mucho más humana de la que nos hemos acostumbrado a imaginar.

Sí, en cierta manera puedo decir que me sorprendió. Michael se ha ido haciendo mayor y es cada vez más sentimental. Y sí, realmente fue un momento muy emocional. Pero Michael Jordan nunca ha sido un tipo sin emociones, de hecho ha tenido todo un cargamento de ellas. El baloncesto es un deporte emocional al que juegan tipos emocionales. Y ese fue uno de los momentos más emocionantes de la historia de este deporte.

Ese discurso dejó claro, además, que Jordan y Kobe habían acabado siendo muy buenos amigos. No sé si se puede considerar una evolución sorprendente o sencillamente natural después de esos primeros años en los que Kobe no ponía fáciles las cosas con su obsesión por alcanzar a Jordan, y lo escrupuloso que era este con el cuidado de su lugar dominante en la jerarquía NBA.

En realidad, esto no creo que sea una sorpresa. Kobe siempre tuvo un enorme interés por todo lo que tenía que ver con Michael Jordan. Yo mismo solía hacer de recadero entre ellos, con mensajes que se mandaban. Recuerdo que una vez le tuve que preguntar a Kobe que qué le gustaría preguntarle a Michael y me dijo que quería hacerle algunas preguntas sobre matemáticas. Lo que interpretamos es que Kobe quería aprender a mejorar sus promedios anotadores, saber cómo lo hacía Jordan. Kobe era muy joven todavía. Michael se rio y me dijo que podía enseñarle algunas cosas sobre eso.

¿Cómo de cerca acabó estando Kobe de Jordan, la gigantesca sombra que siempre persiguió?

Hay algo muy importante sobre esto: acabaron jugando para los mismos entrenadores (Phil Jackson y su equipo de colaboradores) y en el mismo sistema de ataque, uno muy particular (el triángulo ofensivo). Cuando Kobe tenía quince años, Adidas ya le había dicho al entrenador de su equipo amateur (AAU) que querían convertir a Kobe en el nuevo Jordan. Era un momento en el que cada chico que jugaba al baloncesto estaba obnubilado con Michael Jordan.

Pero hubo diferencias que finalmente nunca se cerraron…

Tex Winter, el asistente de Phil Jackson y padre del triángulo ofensivo, me dijo una vez que la gran diferencia entre ellos es que Michael Jordan había ido tres años a la universidad, y había aprendido a conocer y entender el baloncesto en ese tramo en North Carolina. Kobe saltó directamente del instituto a la NBA. Y no fue bien al principio. Era una Liga de hombres adultos y él era todavía un crío.

Y desde luego, y sus libros lo contextualizan muy bien, crecieron en ambientes familiares totalmente distintos desde casi cualquier punto de vista: cultural, económica, geográfico…

Sí, fueron infancias muy diferentes. Al final, creo que Kobe siempre supo que estaba destinado a ser muy grande. Michael Jordan y su familia jamás tuvieron una noción así durante su infancia.

Sus padres fueron influencias esenciales de formas casi opuestas. El de Kobe un ex de la NBA que jugaba en Italia y conocía el mundillo a la perfección, el de Jordan un fanático del beisbol. Los dos tuvieron una relación complicada con ellos.

Y los dos eran muy distintos de sus propios padres, además. Michael se pasó muchos años intentando superar la desaprobación que sintió por parte de su padre cuando era un niño. Kobe, por el contrario, adoraba a su padre hasta que los líos que hubo en su familia le hicieron perder la fe en casi todos, también en él.

¿Por qué Michael Jordan es un icono global y tan trascendente incluso más allá del deporte, en la cultura popular?

Me lo dijo él mismo: ‘el timing lo es todo’. Él alcanzó la grandeza exactamente en el momento más oportuno. Nike, Gatorade… todas esas marcas nunca habían tenido antes interés en invertir en un deportista afroamericano. Pero él tenía una forma de jugar que inspiraba, que maravillaba a los aficionados… y todo eso unido le fue dando cada vez más esa exposición que se convirtió en universal.

Y Kobe también, y todo lo que sucedió tras su muerte lo demostró, acabó siendo admirado, querido y respetado en todo el mundo a un nivel colosal. Y lo cierto es que no había sido así precisamente durante el primer tamo de su carrera…

Con Kobe no se podía dudar de que, cuando era todavía muy joven, era brillante, tenía un enorme talento. Por eso yo tenía tanto interés en escribir sobre él. Pero entonces empezó a descarrilar y trató de destruir su propia vida. Pero tuvo la suerte y la determinación de sobrevivir a su autodestrucción. Creo que esa fue finalmente su mayor victoria.

Kobe acabó siendo una de las mayores leyendas, quizá la mayor, en una franquicia de leyendas como los Lakers. Jordan es desde luego el gran icono de los Bulls, pero su relación con la franquicia ha sido complicada y fría desde que la dejó en 2001.

Todo parte de los años en los que Jerry Krause era el general manager que construyó aquel equipo. Michael acabó odiando totalmente a Krause, y Phil Jackson usó esos malos sentimientos para mantener el control del equipo y del vestuario y canalizarlo contra Krause para motivar al equipo. Eso acabó muy mal, se puso muy feo. Y de ahí vino.

En todo caso, Michael Jordan es indiscutiblemente la gran leyenda de Chicago Bulls. Con Kobe en los Lakers, no sé si se puede decir lo mismo porque es la franquicia de Jerry West, Elgin Baylor, Kareem Abdul-Jabbar, Magic Johnson… pero finalmente puede que Magic sea el único al que Kobe no arrebató esa condición de estandarte.

Ahora estoy escribiendo un libro de Magic Johnson precisamente. Y hay una cosa clara: sin Magic Johnson, los Lakers no serían la enormidad en al que se convirtieron y son ahora. Pero no se trata de hacer rankings, nunca los hago. Creo que la grandeza en la pista habla por sí misma. Y lo que yo crea… poco importa (risas). Yo solo soy un escritor.

¿Cuál es tu anécdota favorita con Kobe?

Casi todo son pequeños recuerdos… un día él estaba tirando desde la línea de personal después de entrenar y yo me encargaba de coger los rebotes y pasarle la bola. Estaba entrenando situaciones de partido en las que tenía que anotar tras un fallo en un tiro libre. Y quería conocer a toda costa a Tex Winter y yo pude presentárselo. Después trabajó con él en los Lakers. Kobe era muy joven y era increíble la intensidad que tenía.

¿Y con Jordan?

Pues que me salvó de una caída que me podría haber dejado grave, incluso haberme matado. Estábamos en el pabellón de los Hornets, en Charlotte, y yo iba caminando de espaldas a su lado para poder entrevistarle. Y me agarró justo cuando me iba a caer por un hueco de cemento tremendo en un muelle de carga del pabellón.

Los dos sobrevivieron a momentos muy duros en sus carreras, Kobe entre sus tres primeros títulos y los dos últimos, incluida la denuncia por agresión sexual en Colorado, Jordan entre los dos threepeats con su primera retirada, la muerte de su padre, los rumores sobre su adicción al juego…

Los dos compartían una cosa: eran extraordinarios, fuera de lo normal, en cuanto a voluntad de hierro y determinación.

Leyendo los dos libros queda claro que la industria de las marcas deportivas se ha convertido en un actor esencial para entender la dinámica del baloncesto profesional.

Sí, ha cambiado de forma dramática el panorama del baloncesto. Y también el de otros deportes. Hay mucho dinero en movimiento ahí, mucho en juego.

Sonny Vaccaro es una figura esencial en ello. Él fichó a Michael Jordan para Nike y a Kobe para Adidas con la idea de crear ‘un nuevo Jordan’…

Sí, es todo un personaje… He escrito bastante sobre él. Conocía a mucha gente en los bajos fondos de América…

¿Le gusta esta época del deporte o es de los nostálgicos de tiempos pasados?

No, estos tiempos no son mis favoritos. Me encantaban los ochenta y los noventa…. Pero qué voy a decir, ya soy muy mayor. Creo que el empoderamiento del que disfrutan ahora los jugadores es algo en general muy bueno. Ejercen ese poder y eso no les convierte en peores que los propietarios de las franquicias.

Estoy seguro de que vio The Last Dance, el gigantesco documental sobre Michael Jordan que arrasó la pasada primavera. ¿Qué le pareció? Una de las cosas que se le critica es que es muy parcial porque Jordan tuvo el control final sobre todo lo que se emitió.

Es un muy buen producto. Es muy bueno, pero está claro que no lo enseña todo. Hay más partes en muchas de las historias que cuenta. Toda la parte en la que se habla de Jerry Krause, por ejemplo… hay dos lados en esa historia. Pero era una persona muy complicada en todo caso.

¿Jason Hehir, el director, habló con usted? Recuerdo que contó que su biografía había sido como una biblia para él durante la elaboración del documental.

No, no hablamos. Vi esos comentarios que hizo en las redes sociales y me dio por ahí las gracias directamente.

¿Le gustaría ver un The Last Dance sobre Kobe Bryant?

Sería muy interesante, tuvo una carrera tremenda… si se hace va a ser otro súper éxito, está claro.

Siguiendo con Kobe… después de años difíciles, en los que no era fácil definirlo como una persona feliz, sí parecía estarlo plenamente precisamente cuando murió. Daba la sensación de que estaba en un momento vital muy dulce después de su retirada.

Sí, sí, así es. Lo había dado todo por el baloncesto, había puesto su corazón en el juego y parecía satisfecho con lo que había logrado cuando ya lo dejó atrás. Mientras jugaba, nunca se sintió realizado, satisfecho, nunca hasta el final de su carrera.

¿Le gusta ver a este Michael Jordan actual mucho más implicado en política y más comprometido? En sus años de jugador se le criticó mucho su tibieza.

Sí, porque además es un reflejo claro de crecimiento personal. Era algo que Michael necesitaba hacer.

¿Tenía una relación personal muy estrecha con Jordan y Kobe?

Michael siempre se portó bien conmigo. Cuando saqué el libro me estrechó la mano… pero no estaba contento. Salen asuntos de su vida que para él son muy duros. Con Kobe, fuimos amigos durante unos diez años, pero tenía tendencia a alejar o apartar a la gente de la prensa de su círculo más cerrado. Después la relación fue siempre cordial, pero yo fui de los que alejó.

¿Qué aprendió de ellos escribiendo los libros, descubrió facetas que no había visto antes de poner en marcha esos proyectos?

Pues fíjate, escribir sobre Michael me hizo ser más consciente de cómo yo tampoco había tenido nunca la aprobación de mi padre. Y analizar a Kobe me permitió estudiar y analizar desde cerca cómo funcionan los genios jóvenes.

¿Cree que los aficionados los ven como son?

Oh, sí, creo que son dos figuras muy queridas y muy profundamente estudiadas.

Dice que está escribiendo ahora una biografía sobre Magic Johnson. ¿Qué otros jugadores tiene en el punto de mira?

Después de Magic, se acabó. Son libros que requieren un proceso muy duro. No es fácil contar la vida de estos jugadores tan gigantescos, armonizar tantas voces. Me gusta mucho; lo que más, hacer las entrevistas. Me gusta escribir los libros. Pero este será el último.

La figura más trascendente en la NBA de esta generación es LeBron James. ¿Qué opina de él?

Es muy grande. Y es lo que yo llamo el deportista ciudadano. Es realmente impresionante cómo se ha comportado siempre durante toda su carrera.

¿Deja voluntariamente muchas cosas fuera de sus libros? Historias demasiado duras, complicadas…

Algunas, sí. A veces es simplemente para evitar complicaciones legales. Otras es, sobre todo, porque no quiero que lo que publico impacte demasiado a las familias de los jugadores.

¿Tiene jugadores favoritos? De todas las épocas, quiero decir.

No son pensamientos a los que dedique mucho tiempo. Prefiero a jugadores que son muy buena gente y que me han ayudado: Joe Dumars, Reggie Lewis, Derek Fisher, Steve Kerr… Y me encantaban Michael y Kobe, claro. Y muchos más… otro tipo que es de mis favoritos es Tex Winter.

Leí que decidió dedicarse a contar historias después de tener un tremendo susto de salud en su juventud.

Sí, me diagnosticaron un aneurisma. Pero no llegué a tener hemorragias… Ahora ya he llegado a 68 años, así que todo ha sido perfecto.