NBA | KINGS 125 - NETS 135

Los Nets asustan: triple-doble de Harden, 40 de Kyrie y victoria

El equipo que dirige Steve Nash empieza a carburar: tercera victoria consecutiva, roles cada vez más definidos y un ataque temible. Esta vez, ganaron sin Durant.

De'Aaron Fox y Kyrie Irving, durante el partido de la NBA que ha enfrentado a Sacramento Kings y a Brooklyn Nets.
JOHN G. MABANGLO EFE

Ya están aquí. Hablamos, claro, de los Nets, el último súperequipo que se ha gestado en una NBA más acostumbrada a ellos que nunca en la última década pero que siempre encuentra algo nuevo a lo que agarrarse. La ciudad de Brooklyn, más allá de la farándula y la parafernalia de la Gran Manzana, ve con fervor como su equipo ha pasado en muy poco tiempo de ser el hazmerreír de la NBA, Mijaíl Prójorov, a ser primero un proyecto competitivo y un firme candidato al anillo después. Las llegadas de Kyrie Irving y Kevin Durant ya formaban una plantilla temible que ha completado James Harden, la tercera estrella de uno de los big threes más talentosos de la historia. Tres hombres con una reputación cuestionable, muchas taras personales y ganas de reivindicación que han juntado sus enormes cualidades baloncestísticas y su pésima cabeza en un mismo sitio, para convertirse en el epicentro de la NBA y ser el equipo del que más se hable en las próximas fechas, en las que veremos si realmente pueden ganar el anillo o son sólo uno de tantos intentos de reunión de estrellas que empieza con muchas expectativas pero acaba sin cumplirlas.

Ahora bien, el camino hacia el anillo es enormemente largo y en la franquicia neoyorquina hay más de uno que ha experimentado en sus propias carnes lo que es la derrota, asumiendo a base de golpes muy duros que ganar no es fácil, por algo que antes o después todo el mundo aprende en la NBA: nunca lo es. Kyrie lo hizo en los Cavs en 2016 y después salió por la puerta de atrás al no soportar moverse bajo la alargada sombra de un LeBron que es indivisible a su carrera y al que le regaló un anillo tan inopinado como merecido. Durant lo hizo en los Warriors tras hacer gala de la era de los jugadores empoderados y decir adiós a Oklahoma, la ciudad que le dio todo (y a la que se lo dio todo), para recalar en otro súperequipo, los Warriors, y hacerse con dos entorchados que le permitieron recibir muchas críticas y, al mismo tiempo, acabar con la tortura china que supone el hecho de ser un rey sin reino (o una estrella sin su anillo, vaya).

Pero Harden se dio de bruces con la realidad en los Rockets, con los que ni siquiera pisó las Finales en casi una década y a los que ha acabado abandonando de malas formas. Lo mismo que su actual entrenador, Steve Nash, que no pudo tocar la gloria con los Suns del Seven Secondos or Less a pesar de cambiar el baloncesto. Ni Mike  D'Antoni (técnico en esos Suns y en los Rockets de Harden), Amar'e Stoudemire (de Phoenix a las lesiones)... todo ellos sucumbieron a algún poder superior que les dejó con las ganas y sin los anillos que brillan por su ausencia en unas vitrinas llenas de éxitos, pero vacías del mayor de todos ellos. Ese que, antes o después, todo el mundo busca (y no todos encuentran) en una NBA que no espera a nadie. Es por eso, más que por otra cosa, por lo que alguno pueda pensar que este es el último tren, la última oportunidad de éxito. Sobre todo, un D'Antoni que en mayo cumple 70 años y un Harden que ya cuenta con 33 y sabe que no va a poder estar al mismo nivel toda su carrera.

Definir roles y ganar partidos

Una de las principales responsabilidades que Steve Nash tenía (y tiene), era encontrar una forma de jugar para semejante cantidad de talento. Con tres hombres que necesitan el balón y sólo uno para compartirlo, la definición de los roles era algo fundamental... y parece que se está empezando a conseguir. La dificultad llegaba con la llegada de Harden. Durant, una estrella atemporal, demostró en los Warriors que podía jugar de muchas maneras distintas, y su capacidad le permite no necesitar tanto el balón y ser un jugador camaleónico y capaz de adaptarse a sus compañeros. Con Harden, se ha encontrado finalmente la solución: que sea el playmaker. El escolta ha pasado a ser el base, tal y como Kyrie le dijo en la victoria de los Nets ante Golden State, y los resultados se están viendo mientras el juego empieza a carburar. La Barba lleva casi 12 asistencias de promedio desde que llegó a Brooklyn, ha superado los dos dígitos en esta estadística en 13 de los 15 partidos disputados con su nueva camiseta y lidera la NBA en este apartado.

Esto permite a los Nets (que acaban de fichar a Andre Robertson, experto defensor que ha luchado contra años de lesiones) tener más soltura e infinidad de nuevas opciones. Ante los Warriors, Durant se fue a 20 puntos, Irving a 23 y Harden a 19, con 16 asistencias (récord de la franquicia). En Sacramento, los números han sido más impresionantes por la ausencia de Durant, que ha descansado tras jugar solo uno de los últimos cuatro partidos por culpa de un contacto directo por coronavirus: La Barba ha conseguido un triple-doble (el quinto de la temporada, todos ellos en los Nets) de 29+13+14 (con 7 pérdidas, ojo con eso) y ha sido el líder en pista de un equipo que ha tenido hasta siete jugadores con dobles dígitos. Uno de ellos, claro, ha sido Kyrie, que se ha ido a los 40 puntos (16 sólo en el primer cuarto), con un espectacular 9 de 11 en triples, además de fallar solo 7 tiros de los 22 que ha intentado en todo el choque. A Irving se le ha visto en sintonía con el resto del equipo, parece que ha dejado atrás sus desapariciones inexplicables y sus vacaciones pagadas y está demostrando (algo que dejó de hacer en ciertas fases en los Celtics) el talento que posee. Promedia 28 puntos por partido esta temporada y se mueve en más de un 41% en triples. Poco más que añadir.

Ante los Kings, Brooklyn anotó 74 puntos al descanso, pero no se separó definitivamente hasta el final del tercer periodo, cuando apretaron en defensa (algo que están empezando a hacer en fases breves pero eficaces de los partidos) y dejaron a los locales en 20 escasos puntos. El equipo de Luke Walton, que se hunde tras una gran racha, tuvo a seis jugadores por encima de la decena y la mejor versión de Hassan Whiteside (26+16, con 5 tapones), además de 21 puntos de Buddy Hield y 19 de De'Aaron Fox. Pero nada pudieron hacer ante el talento neto que mostraron unos Nets, sencillamente, superiores. Con su cuarta derrota consecutiva, Sacramento e pone 12-15 y se hunde hasta el 11º puesto del Oeste. Los Nets (que sumaron un extraordinario 27 de 47 en triples, récord de la franquicia), por su parte, suman su tercera victoria consecutiva ante un rival de cierta entidad (los últimos fueron Pacers y Warriors, por ese orden) y se asientan en el tercer puesto del Este, con un 17-12 que les deja con el mismo porcentaje de victorias que los Bucks, segundos (16-11) y con tierra de por medio de esa marejada que empieza en el cuarto puesto y acaba... bueno, que no acaba. Y, sobre todo, empiezan a jugar bien, definen roles y demuestran todo su potencial. Y asustan, claro. Más todavía.