NBA | NUGGETS 122 - LAKERS 105

Una noche de terror para Davis es la mejor para Facu Campazzo

Importante contratiempo para los Lakers con la nueva lesión de Anthony Davis. Los Nuggets dominaron con Jokic y pudo brillar Campazzo.

Anthony Davis y Nikola Jokic
Matthew Stockman AFP

Los aficionados y miembros de la franquicia de los Lakers contienen la respiración. Cayeron derrotados en Denver, sí, pero no es eso lo más importante. Los Nuggets son uno de los mejores equipos de la conferencia y el liderato lo tienen amarrado unos imponentes Jazz, así que lo que centrar el temor es una posible lesión de gravedad. Anthony Davis no sólo se resintió de sus molestias en el tendón de Aquiles de la pierna derecha, sino que pudo agravar el problema. En un intento de penetración ante Nikola Jokic en la primera parte sintió un golpe, se echó la mano a la zapatilla y se fue al vestuario sin que regresara nunca más. Según ha informado el equipo, se le ha hinchado la zona al sufrir una distensión. Se le practicará el examen médico este lunes. Alguno ya está rezando todo lo que sabe. 

Fue justo en el segundo cuarto, con Davis cayendo, cuando los Lakers empezaron a desconectarse de este partido. Con conexión o no así fue. Tampoco volvieron. Los locales se lo llevaron por 122-105 con un Nikola Jokic en triple-doble (23+16+10) y sin ver gran oposición en el rival sin que se llamara LeBron James o Kyle Kuzma. 

Los Nuggets van a tirones, pero van. Y lo hacen a más según pasan las semanas. Se les atragantó el inicio y ahora dan la talla hasta con los campeones. Tienen más buenas noticias. Jamal Murray, mucho más irregular que Jokic durante la temporada, jugó un gran partido ante Schröder y Caruso. Facu Campazzo, que se lesionó en la rodilla en una visita a los Lakers hace unas fechas, completó su mejor noche en la NBA hasta el momento: 15 puntos, 4 asistencias y 2 robos en 26 minutos. Soplo de aire fresco para canadiense y argentino en particular y para el equipo en general ante lo que viene hasta que llegue el parón del All-Star. 

Como en todo partido de estos Lakers que se precie fue LeBron James el que empezó manejando las jugadas de ataque. Funcionó bien e incluso parecía que sin él también estaban un paso por encima de los Nuggets. Cuestión de tiempo. La salida de Horton-Tucker fue la que llevó a los californianos a una ventaja ya importante, un +7. Malone probó primero con Hampton como sustituto de Morris y luego con Campazzo. Fue el argentino el que, con un pase espectacular para un triple y un tiro de tres que metió él, puso a los suyos en la pelea. 

Jokic y Davis empezaron a bailar y el serbio se llevó la partida. Por incomparecencia, sí, aunque gracias a su desempeño en ese segundo cuarto los Nuggets se pudieron con una ventaja que ya no dejarían escapar. A dos minutos para el descanso se produjo la jugada en la que Davis cayó al suelo y se tuvo que marchar. Otro jugador de edad más avanzada, Paul Millsap, también se hizo daño en otra acción y no pudo completar el partido. Las fuerzas se desequilibraron y también la mentalidad de unos Lakers ya sólo pensando en lo bueno o malo que pueden arrojar el escáner que se le practique a A.D. para descartar una lesión grave. 

Un matazo de LeBron ante Facu había dejado en doce la desventaja de los Lakers antes del descanso. No cambió mucho el panorama. Lo peor para los Lakers es que se les vio totalmente abatidos, con pocas ganas de mover el balón y de automotivarse cuando hacían buenas jugadas. Piloto automático. Se vio algo de chicha en Kuzma, que se dejó ver con acciones como un mate sobre Porter que valió para los pósteres, y en un James al que le tocaba sí o sí. Pero no mucho más. La diferencia se estabilizó e incluso creció para que hombres como Campazzo y Nnaji se pudiera lucir o Murray y Jokic inflaran números redondeando una noche de contrastes en Denver.