NBA | TIMBERWOLVES 107 - GRIZZLIES 118

Ricky y Juancho naufragan en unos Wolves que son un drama

Pésimo último cuarto de los Timberwolves, el peor equipo del Oeste y un desastre defensivo. Mal partido de Juancho, sin puntería, y un Ricky muy por debajo de su nivel.

Ricky y Juancho naufragan en unos Wolves que son un drama
Hannah Foslien AFP

Desastre total de los Timberwolves. Para dejar de ser el peor equipo del Oeste (3-8 ya) hay que ganar partidos como este. Así de sencillo. Los Grizzlies (5-6 ahora con tres victorias seguidas de un mérito tremendo) están jugando sin su gran estrella, Ja Morant, que se ha perdido ocho partidos. Están jugando sin Jaren Jackson Jr y están jugando sin Justise Winslow. Los de Tennessee perdían 90-80 al final del tercer cuarto, un período abierto con un parcial de 0-14 que fue un sonrojo para los Wolves, que acabaron zarandeados (17-38 en esos doce minutos) sin noción alguna de cómo defender, paralizados en ataque y con un entrenador, Ryan Saunders, que cada vez parece más perdido. Con las rotaciones, con la filosofía central del equipo y con un plan de juego que ya no hay forma ni siquiera de reconocer.

Los Grizzlies son todo lo contrario a las órdenes de Taylor Jenkins. Una sorpresa muy feliz la temporada pasada, algo parecido esta (si se considera el impacto de las lesiones). Entre Valanciunas (24 puntos y 16 rebotes) y Clarke (19+9) pusieron la percusión por dentro para un equipo que ganó la batalla de banquillos 21-50: el rookie Tillman (12 puntos), Allen (20), Melton (15)… Camino del matadero durante buena parte del partido, los Grizzlies encontraron formas de ganar porque tienen todo lo que les falta a los Wolves: energía, cohesión, espíritu, plan (pase lo que pase). Mientras, Saunders sigue pidiendo defensa y energía física a un equipo que no parece tener nada de eso dentro… o al que él no es capaz de sacárselo. El roster de los Wolves tiene defectos obvios, pero a estas alturas es muy difícil entender y defender casi nada de lo que hace su entrenador.

Lo peor es que, además, la victoria se esfumó aunque los tres principales jugaron bien. Karl-Anthony Towns sumó 25 puntos, 14 rebotes y 3 asistencias. Russell acabó con 25 puntos y 8 asistencias y Beasley, con 28 puntos, 6 rebotes y 5 asistencias. E incluso así, y con un rival mermado y por detrás en el marcador, los Wolves acabaron pareciendo un bloque lastimoso, indefenso, descosido. Uno en el que los dos españoles están en un momento delicado. Con altibajos pero algún brote verde en los últimos partidos, Juancho Hernangómez estuvo mal (5 puntos, 1/6 en triples), muy apagado en el peor tramo de su equipo y con la fea sensación de que su producción depende demasiado de si entran o no los tiros de tres. En Minnesota hay un debate permanente en torno al puesto de ala-pívot, un rol que ahora es suyo pero en el que nadie parece convencer y para el que muchos apuestan por la energía de Vanderbilt o los minutos ahí, fuera de posición, de Okogie.

Ricky Rubio también parece confundido, apagado. Un jugador que es un experto en ordenar y templar en un equipo en el que no hay por ahora nada que ordenar y templar. Correcto en defensa, está a años luz de su nivel de la pasada campaña en ataque (esta vez 6 puntos, 6 asistencias, 3 pérdidas, 1/5 en tiros) y contra los Grizzlies no hizo al equipo mejor en sus minutos en pista. Peor estuvieron las dos promesas jóvenes, un Jarrett Culver que cada vez parece menos capaz de dejar de ser insignificante (ya en su segunda temporada) y Anthony Edwards, el número 1 del último draft que esta vez se quedó en 2 puntos con un 1/6 en tiros. Malos, muy malos tiempos en Minnesota Timberwolves, una franquicia donde los buenos no parecen llegar nunca.