NBA | LAKERS 109 - SPURS 118

Los Spurs ganan al campeón con clínic de Aldridge a Davis y Gasol

San Antonio se desquita de sus dos derrotas anteriores ante los campeones. Dos victorias en dos noches en Los Ángeles para los de Popovich.

LaMarcus Aldridge
Javier Rojas EFE

El calendario ha juntado en un corto espacio de tiempo, dos semanas, tres duelos entre los Lakers y los Spurs. Son las cosas de esta temporada atípica. Ya se conocían las caras, ahora lo que van a terminar es quedando después para tomarse unas cañas. Los dos anteriores duelos, ambos en San Antonio, los habían ganado los Lakers, el equipo que defiende el título. En esta ocasión, ya en el Staples Center de Los Ángeles, el premio gordo le ha caído a los Spurs. 

Los Spurs ya habían cogido carrerilla. Están de gira en la ciudad angelina y venían de ganar a los Clippers, otro de los favoritos a ganar el campeonato. Con una rotación más corta que otros años y bien definida desde el principio, apoyándose en la rapidez de sus jóvenes y la capacidad de sus veteranos en el estático, empiezan a funcionar. Se han cargado la buena racha de los Lakers, que ya sumaban cuatro partidos seguidos ganando, y frente a un rival a tope. 

Los Spurs salieron a machete a conseguir ventajas que le dieran un colchón con el que luego jugar. No fue por demérito de los Lakers, ni mucho menos, es que los texanos veían el aro como una piscina y no podían parar de meter puntos. Y con tiros punteados, en su mayoría. Sí les estaban pillando en las transiciones, que con Dejounte Murray y Lonnie Walker dirigiendo intentaban ser lo más veloces posibles para dejar atrás a los locales y tener opciones de tiro cercanas. Pero ésa era la consigna, luego también la metían si jugaban cinco contra cinco.

Anthony Davis cargaba el juego por dentro, pero en defensa Marc Gasol y él pagaban el acierto de Aldridge, el mejor del partido. LaMarcus se iba por fuera y la metía, cortaba y la metía, se daba la vuelta en el poste y la metía. Sorprendía porque Vogel probó con ellos dos y en alguna acción también con Kuzma, para ver si se veía alguna fisura, pero nada. Todo el partido estuvo fino y fue el arma fundamental con el que los Spurs ganaron. 

El acierto parecía no parar por nada del mundo. También en los Lakers. Pero a ellos no les daba para acercarse en el marcador. La distancia había llegado a la decena muy pronto y allí se instaló. Daba igual que LeBron metiera un tiro sobre la bocina que acababa con el primer acto y que luego firmara una canasta más adicional, que llegaba el novato Devin Vassell y enchufaba dos triples seguidos con una mano en la cara. Es sólo un ejemplo porque hubo tres o cuatro intentos en la primera parte para que los campeones bajaran la desventaja que no se materializaron. 

A los Lakers les falló la gasolina, sorprendente teniendo sólo a Caldwell-Pope fuera. Schröder fue al que peor le sentó el vértigo al que le sometieron los contrincantes. Caruso, ya de vuelta, sirvió como apoyo a un LeBron James que en el tercer periodo se puso la capa de superhéroe e intentó acercar a los suyos. Lo consiguió. Acabaría con 27+6+12, siendo el mejor de los Lakers, pero sobre todo en esos minutos fue clave para que su equipo tuviera alguna opción. Luego se encargaron los Spurs de que no llegara a más. 

En el tercer cuarto, en mitad de la remontada de los locales, se vieron dos acciones que sirven para dar una medida de lo acertado que estaba LaMarcus Aldridge, que terminó con 28 puntos con 11/18 en los tiros: primero, engañando a Gasol a seis metros del aro para colarse por debajo de su brazo y anotar un tiro a tablero y conseguir la falta; después, parando a un Davis que le intentaba ganar por velocidad y que obligó a un lanzamiento no tan bueno desde fuera. Unos minutos después Aldridge acabaría engañando en la línea de tres a Alex Caruso como si fuera un escolta. Es lo que luego se trasladaría a los últimos minutos del encuentro, también con la asistencia de DeMar DeRozan (19 puntos y 8 asistencias): atrevido en ataque y capaz de parar a los otros interiores, no sólo a Davis y Gasol sino también a Harrell cuando le tocó. Un partido de bandera, clásico de los Spurs, que acabó 109-118.