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Jason Preston: de Twitter a sensación de la NCAA

El jugador de Ohio está siendo una de las revelaciones de la liga universitaria. Huérfano desde el instituto, llegó a la NCAA a través de un vídeo en redes sociales.

Jason Preston: de Twitter a sensación de la NCAA
Ohio Men's Basketball

El mundo está cambiando a golpe de clicks, favs y retweets. Y si no, que se lo pregunten a Jason Preston, jugador de la universidad de Ohio que pasó de dar por perdida su carrera baloncestística a promediar 19.3 puntos, 6.0 rebotes y 7.8 asistencias en la actual NCAA. Y todo ello, gracias a un vídeo de sus mejores jugadas que subió a Twitter.

Pero eso no es todo. La historia de Jason es de película. Y de esas con las que es imposible contener las lágrimas. Nacido en Orlando en 1999, creció sin su figura paterna y el cáncer se llevó por delante a su madre, Judith. Era un adolescente en sus primeros años de instituto cuando la vida fue todo lo cruel que puede ser con una persona. "Antes de morir, cada día era un inferno para ella. Perderla fue muy difícil, pero había otras personas en el mundo que estaban lidiando con vidas mucho más complicadas, o al menos eso era lo que intentaba pensar. No podía quedarme sentado", explica ahora. En medio de la tragedia, encontró en el baloncesto un pequeño refugio. Al menos, un lugar en el que respirar y, sobre todo, en el que sentirse cerca de su madre. Acérrima seguidora de los Detroit Pistons, le acomodaba en su regazo para que viera los partidos con ella. "Tenía un mini aro dentro de casa. Siempre que me ponía a jugar con él y emitían partidos en televisión, mi madre me decía que me sentara con ella a mirar y a aprender de los jugadores de la NBA", explica.

Y aprendió. La temporada pasada, lideró a Ohio en puntos (16.8), asistencias (7.4), minutos (38) y porcentajes (40,7 % de tres). En la actual, sus prestaciones se han multiplicado. En su actuación más destacada del curso, alcanzó los 31 puntos, las 8 asistencias y casi le da la victoria a su equipo frente a la universidad de Illinois, uno de los conjuntos más importantes de la liga. Tal fue su exhibición, que llamó la atención de Marcus Smart, estrella de los Celtics, que también quedó impactado tras conocer su historia.

Ahora, Jason Preston es una realidad universitaria y su entrenador, Jeff Boals, lo considera un gran proyecto de jugador NBA. Pero no siempre fue así. En el instituto, Jason no promediaba más de dos puntos por partido. Unas cifras que le cerraron muchas puertas. O todas. Al acabar la educación secundaria, y dando por perdido su futuro en el mundo del baloncesto, iba a matricularse en Periodismo como estudiante sin equipo; pero algo cambió. Jason decidió persistir. Y menos mal que lo hizo. Empezó a jugar en un equipo de la Amateur Athletic Union, una organización deportiva amateur centrada en el desarrollo de los más jóvenes, y el viento empezó a soplar en otra dirección. Aquél pequeño escolta que no había sido capaz de anotar más de una canasta por partido en el instituto empezó a acaparar toda la atención. Y llegaron las llamadas. La Believe Sports Academy de Tenessee, una academia enfocada en la formación de jugadores profesionales, le convenció.

Su paso por la nueva academia no fue perfecto, pero dio sus frutos. Empezó jugando en el segundo equipo y prontamente le subieron al primero, donde contó con pocos minutos. Ante la falta de protagonismo, pidió que le bajaran al tercer elenco, donde, además, había cultivado sus mejores amistades. Duró poco, prontamente volverían a subirle con los mejores. Y ahí, una vez asentado, cambiaría su devenir. En un viaje de ocho horas, antes de un partido, decidió aunar sus mejores jugadas en un vídeo, un amigo subió el montaje a Twitter... y magia. Dos universidades se pusieron en contacto con él: Longwood y Ohio. Ahora, en su tercera y mejor temporada en la NCAA, ya no solamente ve los partidos de los Pistons, también ve los suyos. "Siempre me pide que le envíe videos después de los partidos y los entrenamientos. Eso es un factor diferencial. En mi anterior equipo, cuando preguntaba quién veía baloncesto universitario, no levantaban la mano ni la mitad. Con la NBA incluso menos", explica su actual entrenador. "Siempre está haciendo preguntas y siempre quiere mejorar". Judith estaría orgullosa.