BILBAO BASKET 82-ANDORRA 87

El oficio de Hannah fue el cuervo que sacó los ojos al Bilbao

Miribilla va perdiendo su embrujo. El base, un ex que brilló como Todorovic, recibió diez faltas e impuso su ritmo pausado y las buenas lecturas de juego al final en el Andorra.

El Bilbao Arena ya no es tan fiero como lo pintan. Paco Vázquez, hoy uno de los rostros conocidos del adversario como ayudante en el banquillo, acuñó aquello de 'Efecto Miribilla' y este se perpetuó hasta en los tiempos de LEB. Que se lo digan a Valencia, Madrid y Baskonia recientemente. Pero esas gestas han colmado de presión al Bilbao Basket, que ante un Andorra flaco por las lesiones, se vio tan obligado a ganar que rextravió la brújula. Las ausencias de Tyson Pérez, Sy y Diagne tuvieron el clásico efecto de unir más al grupo. No son jugadores que aparecen en la planilla sin más, aportan energía y defensa y quizá por eso el resto quiso demostrar que pueden sobrevivir sin tales flotadores anímicos. Esas ausencias trasladaron la presión al enemigo. Ante un grupo de bajitos, la largura de Balvin tendría que haber sido decisiva y resulta que no. Musli, jugador clave, sumó faltas pronto pero no hubo forma de castigarle. Y también la veteranía de Rafa Martínez debía haber aparecido.

Estuvo en el palco Paco Monjas, director de arbitraje de ACB. Todo un detalle tras el follón de Badalona una semana atrás. Martín Bertrán, García Ortiz y García González fueron los elegidos esta vez. Total garantía. Mientras, los tres colegiados de ese día ante el Joventut han descansado en una fresquita nevera esta jornada. El Bilbao Basket jugó el peor partido en casa con diferencia. No tuvo la claridad precisa para ganar a un MoraBanc que se llevó el encuentro por oficio. Ya está dicho que tenía bajas, pero eso le hizo tener aún más claro qué brazos debían sustentar la victoria. Principalmente los de Hannah. Otra vez un base sentencia al RETAbet y eso ya es para hacérselo mirar. Con una jugada mil veces repetida, pidiendo a Musli un bloqueo directo en la cabeza de la zona para generar desde ahí, se llevó el premio. Desbordaba fácil y esperaba a su par con una finta o suspendido en el aire; recolectaba mil faltas porque su defensor llegaba por detrás descarrilando. Todorovic, otro ex que hizo de 'cría cuervos y te sacarán los ojos', Musli y Jelínek completaron el cuarteto de oro andorrano.

Al MoraBanc no se le notaron las ausencias. Y eso que Clark, uno de los refuerzos, aún está por ajustarse al engranaje del equipo. Supo adaptarse a lo que había. Tuvo toda su potencia de fuego por fuera y miró a Musli en ocasiones como única referencia interior. Estuvo el equipo del Principado cómodo, agazapado, con la táctica del conejo famosa que popularizó Comas, imponiendo su ritmo. El Bilbao vivía de las segundas oportunidades, de un abuso en el rebote, pero se veía impotente una vez más en la defensa del director de juego rival, en este caso Hannah, uno de los ex ovacionado en Miribilla, aunque las palmas echaron más humo con Todorovic. Ibon Navarro hacía circular el balón por el arco en todo momento y cuando estaba Llovet andaba en tareas de intendencia más que como participante en el juego de ataque. Penetrar y doblar. Ese era el a, b y c. Se trataba de hacer ayudas lo más cortas posibles, estar de secante centrado en cada par, porque los espacios eran grandes.

El Bilbao Basket salió sin ritmo de partido, desnudo de defensa, y eso le hizo llevar una travesía confusa. Al menos metía puntos con facilidad. A Mumbrú no le gustó nada cómo arrancó el equipo la segunda parte y a los tres minutos, borró a todos de golpe. Desfilaron Rousselle, Rafa Martínez, Bouteille, Sulejmanovic y Balvin y entraron a menear la coctelera Schreiner, Brown, Rodríguez, Kulboka y Lammers. Y la verdad es que logró el efecto deseado. Jaylon revolucionó el cotarro como acostumbra con sus penetraciones y su baloncesto ingrávido, de tal manera que los 'hombres de negro' recuperaron la ventaja. Aunque esa actitud tenía algún peaje, como la ansiedad en algunos ataques. En una de estas, rompió en el uno contra uno para un matazo que hizo temblar hasta el Guggenheim. Kulboka metió un triple cerca del final del tercer cuarto que llevó la renta local a su techo tras un 11-0: 67-59. Los estiletes facturaban en campo contrario y Lammers ponía gorros a pares cerca de su aro. El técnico local fue indultando a algunos de sus muchachos. Los cinco proscritos formaron de salida en el último cuarto, como en un 'Bilbao-Andorra toma uno, repetimos'. Pero no tuvo una buena respuesta: cuatro puntos en casi cinco minutos y el Andorra de nuevo sintiéndose dominador tras un 0-9. A este RETAbet le cuesta un mundo generar por dentro si no está su gigante checo. Los minutos finales fueron perfectamente gestionados por el conjunto visitante de la mano de Hannah, y con errores de partitura por parte de los vizcaínos. Estos iban más lentos en la defensa al uno que Pedro Sánchez en la formación de Gobierno. "La puesta en escena no es la que tiene que tener el Bilbao Basket", resumió Mumbrú. Está claro.