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MUNDIAL CHINA 2019

Scariolo entra en el grupo de seleccionadores legendarios

El técnico italiano ha ganado un Mundial, tres Eurobasket, un bronce europeo, una plata y un bronce olímpico en 8 años como seleccionador.

Scariolo entra en el grupo de seleccionadores legendarios
Juan Carlos Hidalgo EFE

Básicamente, podría decirse que Sergio Scariolo (1-4-1961, Brescia) es un hincha del Inter que, en sus ratos libres, trabaja como entrenador de baloncesto. "El Inter es lo único que me hace perder la cabeza", ha admitido en alguna ocasión. En 2010, hizo un Moscú-Madrid-Moscú en 24 horas para cumplir su sueño de ver al Inter campeón de Europa en el Bernabéu. Si escucha el 'Pazza Inter' de Graziano Romani, Scariolo se emociona. Durante la primera fase del Mundial en Guangzhou, se congratulaba de los primeros buenos resultados neroazzurri. "La era Conte", anuncia que llega, siempre movido por esa irracionalidad que sólo tiene para el fútbol y que la hace soñar con un 'grande' Inter como en la vieja época de Facchetti y Luis Suárez.

El entrenador que ha mutado a maestro nació en Brescia hace 58 años. Jugó de base, pero pronto dirigió su mirada a los banquillos. Riccardo Sales (eterno segundo de Sandro Gamba en la selección italiana) y Valerio Bianchini fueron sus maestros. Anticipado a su tiempo, Scariolo ya había ganado un título en Italia con 27 años con el inolvidable Scavolini de Daye y Magnifico. Para entonces ya había evidenciado inquietudes, querer ir por delante en el estudio del baloncesto. Con Mike Fratello, entrenador NBA que tuvo sus años de gloria en Atalanta Hawks con Dominique Wilkins, vivió el Mundobasket 86. Allí se enamoró de Málaga, una de las sedes en las que Italia y Estados Unidos jugaron en ese campeonato.

Sus ambiciones, y el inicio de la caída del baloncesto italiano de clubes le movieron pronto a España. Después de cuatro años en Bolonia, aterrizó en Vitoria. Se le escapó la ACB de 1998, pero ganó la Copa en 1999 y saltó al Madrid pre-Florentino, donde se inventó un título en el famoso quinto partido de Djordjevic en el Palau. Pero la Málaga que conoció en 1986 fue su ciudad fetiche. Allí ganó la primera Copa para el Unicaja en 2005. Y también la primera Liga en 2006, un acontecimiento inolvidable en la Costa del Sol, que se tiró a la calle para celebrarlo. Además, le clasificó para la Final Four de 2007 provocando una movilización verde rumbo a Atenas. Y fue el primer entrenador en conseguir que el octavo de la liga regular ACB eliminase al primero en playoff (0-2) con una memorable exhibición táctica en el Palacio. En Málaga, además, hizo su grupo duro de trabajo. Perdió a Chus Mateo, hoy segundo de Pablo Laso en el Madrid ("el primero de los segundos", dijo siempre". Pero en la Selección mantiene a Ángel Cañete (ayudante), Enri Salinas (preparador físico), Carlos Salas (doctor), Paco Aurioles y Jesús Lázaro (colaboradores que también resultaron fundamentales en las Ventanas).

Scariolo eligió Marbella para vivir con su pareja, Blanca Ares. Allí pasó largos ratos de lectura, se divirtió mejorando su nivel de pádel y vio crecer a sus dos hijos. Carlota hizo sus pinitos al tenis pero quien ha alargado su idilio con el baloncesto es su hijo Alessandro, que después de criarse en el Unicaja empieza su aventura estadounidense en el Jaspers Manhattan College, al que llega después de ser campeón de Europa Sub-18. Scariolo ha ganado, atención, un Mundial, tres Eurobasket y dos medallas olímpicas (plata en Río), más un bronce europeo como seleccionador. Su palmarés empieza a medirse en términos de gigantes del baloncesto. Aleksander Gomelski, el Zorro plateado, conquistó dos Mundiales, un oro olímpico y siete europeos. Los registros del ruso son absolutamente inalcanzables. Pero que Scariolo ha trascendido ya como entrenador es algo seguro. Primero lo hizo a través de su meticulosidad. Celoso de su trabajo, su control sobre la situación tenía que ser absoluto. Sus ayudantes, ellos mismos lo reconocen, viven al límite con él porque el informe que les pide tiene que estar sobre la mesa a tiempo. Todos, sin embargo, lo echan de menos cuando ya no están con él. Porque Scariolo muere con la gente que forma parte de su equipo.

Detrás de la gomina y su eterna sonrisa plastificada, hay un tipo sencillo que lo mismo pide que le acerques al Carpena o repite una entrevista si la grabadora te ha dejado tirado. Extremadamente educado con los medios y comprometido con las causas sociales, puso en marcha la Fundación Cesare Scariolo, centrada en ayudar a las familias de niños afectados por leucemia. La muerte de la hija de Luis Enrique en el transcurso del Mundial tocó su sensibilidad. Un personaje emotivo que cargó por ejemplo, durante años, con lo que él consideraba una "deuda moral" con Marc Gasol por no haberle dado el sitio de titular que le había prometido en el Eurobasket de 2009. La vida, sin embargo, les ha cruzado por el camino y ha enderezado una relación que después de los meses inolvidables de los Raptors y esta concentración de la Selección es ahora cercanísima.

A sus 58 años, Scariolo ha huido de las zonas de confort. Además de sus éxitos con esta Selección de leyenda, se ha implicado profundamente en las categorías inferiores. El baloncesto formativo es la nueva niña de sus ojos. Mantener la producción de jugadores, dejar un legado. En eso trabaja ahora en sus noches en Toronto en permanente contacto con José Ignacio Hernández, director técnico deportivo de la FEB su enlace en Madrid. Su aventura como ayudante de Nick Nurse en los Raptors ha sido la otra gran prueba de que Scariolo no quería ir a ningún retiro espiritual y sí esmerarse en un trabajo de ayudante que le daba poca gloria y poca prensa pero que le ha alimentado de ideas y nuevos conocimientos que ha implementado este verano en la Selección. Esos movimientos permanentes en el ataque en estático, el movimiento sin balón, estaba en parte inspirado en lo visto este curso en Estados Unidos.

Como a tantos otros, a Scariolo jamás se le olvidarán los finales electrizantes de la serie contra Philadelphia, de la final contra los Warriors, de la semifinal contra Australia. "¿Pasarlo mal? Yo me divierto en momentos así". Él ya sólo pierde la cabeza con el Inter; en el baloncesto ha virado de entrenador de pizarra a profesor que ha sido capaz de inventarse una Selección movida por la pasión, diferente y ganadora . Ave, Scariolo.