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El futuro de Durant: ¿31 millones sin jugar en los Warriors?

El alero puede optar, después de su grave lesión, por ejecutar su player option y retrasar a 2020 su salida al mercado. Cambia todo el mapa NBA.

Kevin Durant se lesionó en el quinto partido de la segunda ronda del Oeste, contra los Rockets, el 9 de mayo. Y volvió en el quinto de las Finales contra los Raptors (por el camino quedaron también los Blazers), un mes y un día después. Los Warriors perdían 3-1 y afrontaban una noche de ganar o entregar su corona en Canadá después de haber perdido los dos partidos del Oracle Arena, donde regresa ahora la Final para, al menos, una noche más: el jueves se juega el sexto partido con el campeón apurando sus opciones de tratar de ser el segundo equipo que remonta un 3-1 en unas Finales. Es decir, hacer a los Raptors lo que los Cavaliers les hicieron a ellos en 2016... justo antes de la llegada de Kevin Durant.

La confusión en torno a Durant ha sido una de las grandes historias de estas Finales: descartado siempre un día antes de cada partido, su ausencia ha sido devastadora en lo deportivo para su equipo, afectado también por la gestión emocional de las dudas sobre su situación. En un ambiente cada vez más viciado y al que llegaban rumores sobre si el jugador estaba poniendo lo necesario para regresar o, del otro lado, sobre si los Warriors trataban de forzar su regreso, finalmente KD saltó a la pista en el quinto partido, jugó unos minutos fascinantes en los que se vio cómo de duras habrían sido las Finales para los Raptors con él a pleno rendimiento... y se fue otra vez lesionado. Después los Warriors salvaron la temporada en un final de infarto, pero llegaron noticias trágicas. La lesión de Durant es ahora en el tendón de Aquiles, y se trata de una rotura a falta de las pruebas definitivas. Una de las lesiones más temibles para un jugador de baloncesto. Así que la pregunta es obvia y va más allá de esta eliminatoria: ¿y ahora, qué?

La player option en los Warriors ahora es clave

Ahora Durant tiene que tomar una decisión sobre un futuro que cambia su carrera y, como dijo su agente todavía en el vestuario de los Warriors, todo el mapa de la NBA. Tiene 30 años, cumplirá 31 antes de que comience la próxima temporada, así que es obvio que cuando decidió jugar este partido puso en riesgo su físico en el momento de plenitud de su vida deportiva y a unas semanas de convertirse en agente libre después de una temporada llena de rumores, casi todos en la misma dirección: dejaría la Bahía e iniciaría una nueva aventura como macho alfa en los Knicks, donde está el centro de sus negocios fuera de las pistas (algo parecido al caso de LeBron James con su traslado a Los Ángeles) y para jugar en el equipo de los amores de su padre. Los Clippers aparecían como otra opción y justo antes de su lesión ante los Rockets, comenzó a circular como opción de nuevo real su continuidad en unos Warriors que la próxima temporada jugarán en el lujoso Chase Center, de vuelta en San Francisco.

Durant firmó la pasada temporada un contrato en formato 1+1 por 61,5 millones. Ha cobrado esta temporada 30, y tiene una player option por 31,5 para la próxima. Era obvio que no la iba a ejecutar y se iba a convertir en agente libre, pero ahora esta pasa a ser una baza clave a su favor. Si se confirma lo peor en cuanto a su lesión y afronta un tiempo de recuperación de al menos un año, al alero se le abre la posibilidad de acogerse a esa opción unilateral y cobrar esos 31,5 millones de los Warriors mientras se recupera de su lesión y sin jugar, para después convertirse otra vez en agente libre en 2020. Un giro radical de los acontecimientos.

Durant se ha manejado en ese formato de 1+1 desde que rechazó 153 millones por cinco años de los Thunder en 2016 para unirse a los Warriors, donde ha perdonado dinero en años anteriores de cara a que el equipo siguiera siendo competitivo: en 2017, después del primer anillo, su rebaja permitió a los Warriors ahorrarse 25 millones entre salario e impuesto de lujo y acometer así la continuidad de Andre Iguodala. Ahora Durant quería, en un equipo u otro, firmar por fin un contrato largo y por el máximo en lo económico. En los Warriors, donde Klay Thompson también acaba contrato y exigirá un máximo que es su caso será de 190 millones por cinco años, podría firmar por cinco años 221,2 millones de dólares. En cualquier otro equipo, por 164 en cuatro años. Como veterano con más diez años en la NBA, tiene derecho al 35% de un cap que la próxima temporada rondará los 109 millones. Los Warriors le pueden ofrecer un año más y una media por año más alta (44 por 41 y 221 por 164 en el total), y quizá ahora por su parte se puedan plantear una oferta (quizá no tan alta) que sea como mínimo un guiño al obvio riesgo que corrió Durant saliendo a jugar en Toronto.

La cuestión es si KD prefiere esperar ahora al mercado de 2020... pero también qué harán sus pretendientes. Sería lógico que los Knicks, como locos por hacerse con él, frenen ahora en su intención de ofrecerle un contrato máximo. Hay que recordar que una lesión similar dejó a DeMarcus Cousins tan congelado en el último mercado veraniego que el pívot acabó precisamente en los Warriors, con un contrato de una temporada y 5,3 millones. Durant no es Cousins, pero una lesión así exige prudencia en cualquier caso y en todas las oficinas de las franquicias NBA.

Su situación afecta también al resto de peces gordos del mercado, más valiosos ahora si la carta de KD desaparece del tapete y hay uno menos para repartir entre tanto pretendiente (Knicks, Clippers, Lakers...). E incluso afecta también a un jugador con contrato como Anthony Davis. Veremos cómo: los Knicks, uno de sus pretendientes, pueden poner el foco definitivamente en él si creen que pueden hacerse con otra estrella (Kyrie Irving, Kawhi Leonard, Kemba Walker...)... o cambiar de rumbo y apostar por los jóvenes hasta ver qué pasa con Durant en 2020. Así que sí, en todo caso, el agente de Durant tenía razón: la NBA ha cambiado por completo con esta lesión de la que, en todo caso, esperemos que Kevin Durant regrese en los mejores plazos y lo haga en su mejor versión. La de, sencillamente, uno de los mejores jugadores de la historia del baloncesto.