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Zenit San Petersburgo ZEN

77

BLAZERS 140-NUGGETS 137 (2-1)

Histórico: cuatro prórrogas, 65 minutos de Jokic... y triunfo de los Blazers en un partido titánico

Los Blazers ponen el 1-2 a su favor después del primer partido de playoffs con cuatro prórrogas en 66 años. Hood, héroe inesperado.

Los playoffs 2019 habían completado 50 partidos, más o menos una ronda y media, sin ninguna prórroga. Y en el 51, el tercero de la serie Blazers-Nuggets (el primero en Portland) se jugaron cuatro, más que las tres totales de los playoffs 2017 y las mismas que en todos los de la temporada pasada. Más: fue el segundo partido con cuatro prórrogas de la historia de los playoffs y el primero desde el 21 de marzo de 1953 (hace más de 66 años), cuando los Celtics ganaron a Syracuse Nationals (111-105), una franquicia que estaba todavía a una década de convertise en los Sixers. Hacía cuatro años que no había dos prórrogas en un duelo en las eliminatorias (Bucks-Bulls en 2015) y seis que no se jugaban tres (Bulls-Nets, 2013). Más: Nikola Jokic jugó 64:58, casi 65 minutos y 44 de ellos seguidos sumadas la segunda parte y las cuatro prórrogas. Nadie jugaba tanto en un partido desde aquel de la prehistoria, en 1953, en el que solo estuvieron en pista más que el serbio (67 ambos) Red Rocha y Paul Seymour, los dos de los Nationals, y Bob Cousy (66), de los Celtics. El récord si se añade Regular Season, por cierto, lo tiene Dale Ellis: 69 minutos en el único partido con cinco prórrogas de la edad moderna, un Bucks-Sonics de 1989.

Y más: el partido comenzó a las 7:46 y terminó a las 23:13 de Portland. En versión española, se cerró a las 08:13 de la mañana y el cuarto se juega la noche de mañana domingo, a las 01:00. Menos de 41 horas después. Así que fue (por cierto, ganaron los Blazers 140-137) mucho más que un partido, tal vez una batalla tan descomunal, tan sangrienta, que decidió en realidad la guerra: en menos de 41 horas los Nuggets jugarán otra vez a domicilio para evitar un 1-3 casi decisivo. Lo harán con el ánimo por los suelos, los nervios destrozados y después de esos 65 minutos de Jokic, más de 55 de Jamal Murray, unos 50 de Gary Harris y Paul Millsap. Es difícil no pensar que este triunfo ha hecho mucho más que consolidar el factor cancha que los Blazers recuperaron en el segundo partido... pero al mismo tiempo cuesta no conceder al menos la posibilidad de que vuelvan a pasar cosas imposibles. Los Nuggets, desfondados, golpeados en el alma y con un equipo joven e inexperto, tienen que escapar de un pozo absolutamente profundo, más (por pura supervivencia) que el 1-2 y cuarto fuera (en eso el escenario es idéntico) que sí levantaron contra los Spurs en primera ronda. Quizá este partido heroico, esta sucesión agotadora de aciertos épicos y errores groseros, fue la colina en la que murió su temporada 2018-19. El lunes por la mañana y después del cuarto tendremos una fotografía mucho más exacta de la situación. Ahora mismo, suficiente es tenerse en pie.

24 cambios de mando, 18 empates

Porque los Blazers también acabaron, claro, casi muertos. Pero con la victoria en el bolsillo: McCollum jugó 60 minutos, Lillard 58, Kanter 56... y Terry Stotts, el entrenador, llegó a la rueda de prensa asegurando que no recordaba nada de lo que había pasado durante el tiempo reglamentario y las tres primeras prórrogas. Y lo que había pasado había sido un duelo terrible, en el que casi siempre se jugó en distancias mínimas y en el que se acabó con 24 cambios en el mando del marcador y 18 empates. En el tiempo reglamentario falló Aminu y fallaron los Nuggets en la última posesión, en la primera prórroga CJ McCollum empató a falta de 8,7 segundos y Jokic falló un triple fontal, en la segunda nadie anotó en el último minuto y Lillard no pudo esta vez ejecutar con la última bola en sus manos; En la tercera Jamal Murray tuvo el último triple después de que los Nuggets perdieran su gran baza: 125-129 a falta de solo 32 segundos y antes de dos canastas de Lillard y, entre ellas, una dramática pérdida del propio Murray tras revisión arbitral. Y en la cuarta, finalmente, los Nuggets siguieron empujando y mandaron hasta el 135-136 a falta de 27 segundos. Rodney Hood, relativamente fresco (apuesta casi a la fuerza de Stotts en ese tramo final en el que la cancha era un reguero de cadáveres) anotó un triple y siete puntos totales en los, esta vez sí, últimos cinco minutos. El héroe inesperado de una noche de guerra cruenta. Así son los playoffs...

El maldito tiro libre de Nikola Jokic

Con 138-136, tras el triple de Hood, Jokic (ronda el 83% en su carrera) tuvo dos tiros libres pero falló uno y ahí, a menos de seis segundos del final, acabaron definitivamente las opciones de los Nuggets. El pívot, cegado por el cansancio extremo, ya había sumado algunas pérdidas a lo largo de las prórrogas de las que jamás cometería con el oxígeno y las rodillas en niveles normales. Terminó, eso sí, con 33 puntos, 18 rebotes y 14 asistencias después de un esfuerzo, a su manera, absolutamente titánico. Admirable. Primero por talento y después por volumen en un partido en el que tampoco Lillard, asfixiado por la defensa de Gary Harris, estuvo fino (28 puntos, 4/11 en triples). La gran constante y el ejecutor (18 puntos) en las prórrogas fue McCollum, que acabó con 41 y las últimas ideas frescas cuando el partido era una sucesión de rebotes de ataque, jugadores por el suelo, faltas no señaladas, confusión e intercambio casi grotesco de golpes y errores. Murray lo intentó todo (34 puntos, 5 asistencias), tanto que se equivocó demasiado, Barton puso energía y Millsap experiencia... pero pudieron más el factor cancha, un par de golpes de suerte, el talento de McCollum y la aparición final de Hood... Un partido que estuvo mil veces a punto de poner el 2-1 dejó finalmente un 1-2 de apariencia letal para unos Nuggets que dieron la sensación de perder un millón de veces en una sola noche. Con honor y emoción, pero un millón de veces.

Mañana, en horario temprano de Oregón, comenzará un cuarto partido que promete ser una verdadera batalla de supervivencia a poco que los Nuggets recuperen el mínimo aliento y la mínima compostura. No será fácil pero tienen que buscar donde ahora pensarán que no hay nada, porque si un triunfo les hubiera permitido pensar ya más en el quinto partido, de vuelta en Denver, esta terrorífica derrota les deja obligados a levantarse de la lona en tiempo récord y con su gran estrella, el maravilloso fondón Jokic, descompuesto después de haber jugado dos partidos en uno, 44 minutos seguidos y casi 65 totales para acabar teniendo que rumiar un maldito tiro libre fallado tras casi 4 horas de baloncesto. Es el más difícil todavía y será mañana, menos de 41 horas después de uno de los mayores dramas (en ocho actos, cuatro cuartos y cuatro prórrogas) de la historia de los playoffs.