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NBA | ALL STAR 2019

Triples: los Curry vuelven a casa en el concurso de Larry Bird

Triples: los Curry vuelven a casa en el concurso de Larry Bird

Jaime Valdez

USA TODAY Sports

Gran plantel de participantes y los hermanos Curry en liza en la ciudad en la que crecieron. Booker defiende su título de la pasada temporada.

Incluso en una época en la que la NBA ya ha abrazado totalmente la revolución del triple, en la que la optimización del valor de cada lanzamiento define la estructura de las plantillas y el trabajo de los general managers, tiempos en los que las franquicias idolatran la eficiencia y la Liga vende todos los récords de volumen habidos y por haber, a ritmo casi de uno por noche, el concurso de triples de la NBA sigue siendo Larry Bird ganando las tres primeras ediciones (1986-1988) y lanzando con su inconfundible estilo, el balón por detrás de la cabeza, sin quitarse la camiseta de calentamiento de los Celtics.

Le gusta recordar a Michael Cooper que en 1987, en Seattle, Bird llegó al vestuario donde estaban el resto de participantes y les preguntó si ya sabían quién iba a quedar segundo. Después de él, y tras el triunfo de Dale Ellis en 1989, llegó Craig Hodges, que ganó otros tres seguidos en representación de unos Bulls cuya camiseta era por entonces, en pleno advenimiento de la era Jordan, puro All Star. Cuando a Hodges le preguntaron si tenía menos mérito ganar aquel concurso ya sin Larry Bird entre los participantes, retó al alero de los Celtics con un "ya sabe donde encontrarme".

La respuesta de Larry Bird fue "sí, al final del banquillo de los Bulls". Así era el paleto de French Lick (The Hick From French Lick), el tres veces MVP que se tomaba como una falta de respeto que los entrenadores rivales pusieran a jugadores blancos (normalmente, y más entonces, mucho menos atléticos) a defenderle. Bird es el concurso de triples y Bird fue un tirador excelso... que lanzó en su carrera 1.727 triples. James Harden está ya esta temporada en 733 en solo 54 partidos. Otros tiradores, los primeros especialistas, hicieron de puente hacia el futuro desde aquella NBA de la prehistoria del tiro exterior, en la que sacaron brillo al concurso Bird, una leyenda, y Hodges, un secundario muy secundario que sigue teniendo los récords del evento de más lanzamientos seguidos (19, precisamente en Charlotte) y más totales (21 de 25) anotados. Uno de esos especialistas fue Wardell Stephen "Dell" Curry, que dejó una carrera de 16 años en la NBA en la que promedió 11,7 puntos con un 40% en triples y temporadas de ya más de 5 intentos por noche. Sumó 1.245 en 1.083 partidos. Su hijo Seth lleva 254 en 169 y el hermano mayor de este, Wardell Stephen II, 2.365 en 671. Steph Curry: el único jugador con más de 200 anotados en siete temporadas seguidas, el único que ha superado (402) la imposible barrera de los 400 en un curso. El mejor tirador de la historia. Él, que ya lo ganó en 2015, y su hermano Seth, que ahora juega en los Blazers, estarán en el concurso de triples de Charlotte, su ciudad.

La vida de Stephen Curry estuvo marcada por la carrera de su padre: nació en Akron (Ohio), en el mismo hospital que LeBron James porque Dell jugó la temporada 1987-88 en los Cavaliers. Creció en Charlotte, donde su padre jugó una década (1988-98) y donde volvió después de vivir en Toronto tras el final de camino de este, con los Raptors (1998-2002). Los hermanos Curry ya jugaban partidillos en la pista de los canadienses, lanzaban a canasta en los tiempos muertos y retaban a estrellas como Mark Jackson, compañero de su padre y después entrenador de Stephen en los Warriors anteriores a Steve Kerr. Pero fue en Carolina del Norte, primero el instituto Charlotte Christian School y después la universidad, donde Curry echó raíces y donde llegaron los títulos de high school y las explosiones en el March Madness con la pequeña Davidson, donde recaló porque no recibió una buena oferta de Virginia Tech, la universidad en la que jugó su padre.

Ahora feliz en la Bahía de San Francisco aunque llegó al draft de 2008 (fue número 7, 8 posiciones por delante de su padre en 1986) obsesionado con ir a los Knicks, Stephen Curry siempre se refiere a Charlotte como su verdadero hogar, el lugar en el que entrena durante parte del verano y en el que conoció a Ayesha, su mujer, en las reuniones juveniles de su congregación religiosa. En Charlotte se siguen contando historias de cómo los Curry sacaban de quicio en partidos callejeros a jugadores mucho más grandes y tenían que ser protegidos por su enorme primo Wade. Allí comenzó a forjarse el jugador que convirtió su fragilidad física en un arma y que perfeccionó un arco de tiro imposible para bombardear desde lo que debería ser demasiado abajo. Si a Larry Bird le ofendía que le defendieran blancos, a Stephen Curry nunca le ha gustado que le asignen rivales ultra físicos y de mucho tamaño porque siempre peleó contra los mismos estigmas: ¿demasiado pequeño para la NBA? ¿demasiado frágil para jugar de escolta pero demasiado atípico para ser base? En Charlotte, con el instinto de su padre y la determinación de su madre Sonya, se forjó el mejor tirador de siempre y un jugador generacional que ahora vuelve para el concurso de triples de 2019.

Los hermanos Curry, que se pasaron la vida compitiendo en todo y que ahora se retan en campos de golf durante el verano, regresan a Charlotte para un evento en el que participó dos veces (1992 y 1994) su padre, que no estuvo sin embargo en la única vez que el All Star se celebró en Carolina del Norte, en 1991. Entonces ganó Hodges, un año después de que Michael Jordan, en Miami, se quedara en solo cinco puntos en su única participación en este concurso que además de Bird y Hodges han ganado más de una vez Mark Price, Jeff Hornacek, Peja Stojakovic y Jason Kapono. Stephen Curry se puede unir a esa lista igual que el defensor del título, Devin Booker, y un Dirk Nowitzki que sigue siendo el único siete pies que lo ha ganado (en 2006) y que llega camino de los 41 años y asegurando entre risas que le ha pedido a Adam Silver 15 segundos extra para asegurarse de que podría, a su edad, llegar a tiempo de lanzar todos los balones.

Para esta edición se pasa de ocho participantes a diez, sigue el carro del moneyball en el que todo los balones, no solo el último como en el resto, son tricolores y valen dos puntos (cada tirador elige dónde lo coloca), una medida con la que la puntuación máxima pasó (desde 2014) de 30 a 34. Así logró Booker el récord absoluto de anotación (28), uno más que los 27 que firmó en 2015 la gran amenaza a su corona, Stephen Curry. Que vuelve a casa convertido en un icono global y meses después de que un grupo en el que él participaba se quedara a las puertas de hacerse con Carolina Panthers, la franquicia NFL de la ciudad. Los hermanos Curry en la ciudad en la que brilló como jugador su padre, el último servicio a los All Star de Dirk Nowitzki, la amenaza de Booker, Damian Lillard y el ídolo local Kemba Walker... El concurso de triples lo tiene todo para ser uno de los hitos del fin de semana aunque, me temo, a partir del lunes volverá a ser Larry Bird con su camiseta de entrenamiento de los Celtics, preguntando al resto de participantes quién va a quedar segundo...