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COPA | REAL MADRID 94 - ESTUDIANTES 63

El Madrid acribilla al Estu

El Estudiantes aceptó el toma y daca y presentó una oposición de guante blanco. Gran actuación de Deck, que desactivó a Gentile. Espera el Joventut en semifinales.

Habíamos vendido rivalidad canchera, pero en el Movistar Estudiantes no querían ver ni en pintura al Madrid. Y menos tras ganarle en Liga y anular el elemento sorpresa. Esperaban en la Copa lo que encontraron, al campeón de Europa, un adversario distinto, que cambia el gesto y se le retuerce el colmillo cuando huele un trofeo, aunque sea a la distancia. Dos datos: 13 de 27 de tres y 21 rebotes más.

Fue un derbi de los de ahora, con su envoltorio moderno, aunque pretendía recuperar la pasión de los de antes. Y fracasó ahí. No vimos la fe colegial de antaño en las hazañas, cuando afrontaba retos tan difíciles que parecían hasta posibles. La convicción se perdió en el camino frente al peso de la realidad. El Estu ejecutó, además, un partido de guante blanco, que siempre es un guiño al vecino. Pocos contactos, menos defensa y mucha velocidad. El Real bailaba en su salsa, liberado y a un ritmo que pocos pueden seguir. Partía, además, con ventaja: por primera vez en una fase final copera su afición se impuso por goleada, en número (más de 3.500) y en cánticos. Y eso también va en el haber de los de Laso, que contagian pasión. Ayudó que la hinchada baskonista andaba alicaída, ensimismada en el trompazo que se habían dado los suyos frente a un renacido Joventut.

El derbi arrancó a toda pastilla y el Madrid se vio con 26 puntos anotados y 10 arriba en 8 minutos. La primera falta personal tardó en llegar 5:30 y la cometió Carroll. Deck agarraba la brillantina, en ataque y en el cara a cara con un Gentile al que desactivó. Se miró al espejo y se gustó, en primera línea de foco por un día. Campazzo y Ayón tenían mando en plaza y el Estu todavía energías para una respuesta. Un 2+1 de Brizuela y un triplazo de ‘Clavellito’ sobre la bocina cerraban el cuarto en un puño: 29-27. Estaba ahí, pero era el mismo combate en distinto asalto, la misma dinámica con nuevos protagonistas por las rotaciones.

No hacía falta adivino que predijera nada en ese toma y daca. Apareció Taylor para dar un relevo de calidad a Deck, ya estaba Llull, Tavares intimidaba y Rudy encadenaba dos minutos mágicos. La brecha se abría y no dejaba de manar buenas acciones, a borbotones. Del 46-32 al 81-54 y al 94-61. De ganar a apabullar y la grada se dio a la canción con todo su repertorio, del “cómo no te voy a querer…” al más hiriente “humillación, en el pabellón”.