Markelle Fultz: 18 centímetros cambiaron su vida para siempre

DRAFT 2017

Markelle Fultz: 18 centímetros cambiaron su vida para siempre

Markelle Fultz: 18 centímetros cambiaron su vida para siempre

Photo by Ricky Carioti/The Washington Post

El gran favorito para ser el número uno del próximo draft de la NBA ha crecido lejos de los grandes focos.

De Upper Marlboro (Maryland) a la NBA por la puerta grande, pero sin hacer ningún ruido. Si hay algo que llama poderosamente la atención sobre esta estrella universitaria es que, pese a ser considerado por casi todos como el gran favorito para ser el número uno del próximo draft, su nombre ha pasado durante muchísimo tiempo por debajo del radar. Un detalle que quedará en anécdota pero que nos da pistas sobre el tipo de persona que es a día de hoy Markelle Fultz.

Criado por su madre y con un balón de baloncesto bajo el brazo (se define como un "niño de mamá", en el mejor sentido), un estirón le cambió la vida en 2014. Llegó a ser cortado por el primer equipo de su instituto (DeMatha Catholic High School) antes de crecer los 18 centímetros que le convirtieron en el jugador de 1,93 que es a día de hoy.

Pese a ser considerado uno de los grandes jugadores del futuro tras su último año de instituto, Fultz rechazó ofertas de las grandes universidades (North Carolina, Arizona, Kansas...) para jugar en unos Washington Huskies que no han conseguido un solo billete para el March Madness (el Torneo Nacional Universitario) en las últimas seis temporadas. Muchos pensarán que le daba igual, y puede que tengan razón hasta cierto punto (le gusta el silencio y no tiene prisa por los focos: sabe que llegarán), pero la realidad es que, según publicaba hace meses Bleacher Report, Fultz esperaba coincidir en Washington con Dejounte Murray y Marquese Chriss. La historia hubiera sido bien diferente...

Hablamos de una estrella universitaria poco convencional. Lejos de los autógrafos de Kentucky, la presión de la afición en Kansas, los focos de Hollywood y todo lo que significa UNC (por mencionar algunas), Fultz pasaba prácticamente desapercibido en Washington. Incluso en los restaurantes, en los que suele tirar de alitas o de pollo teriyaki. No se salta clases (según sus profesores, era raro el fin de semana en el que no pedía alguna extra para el sábado), se convirtió en un loco de las matemáticas en el instituto (cálculo, álgebra y toma batidos camino de la universidad. Entre sus aficiones (vía Bleacher Report), los clásicos del R&B, los karts con sus compañeros y un Chance the Rapper al que admira porque sus letras no son como las del resto.

Ahora, a solo unos días de que su vida vuelva a cambiar para siempre, Fultz respira tranquilo. Va a poder cuidar de su madre, que es lo más importante en su vida. Ha disfrutado de su año en la universidad gracias en parte a la ausencia de focos y al gran vínculo que le une con Lorenzo Romar, su entrenador. "Si pudiera se quedaría cuatro años", decía Raphael Chillious (técnico asistente). Pero no puede... Más de 23 puntos por partido, casi seis rebotes y otras tantas asistencias para el gran favorito en todos los rankingsHa llegado la hora de la verdad y está preparado para dar el salto. "Quiero ser el mejor de siempre", decía en marzo. Atención al último fenómeno del deporte de la pelota naranja. Tu turno, Markelle Fultz.

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