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Estar siempre ahí no sirve contra la fama de equipo perdedor

Atlanta Hawks

GUÍA NBA2016-2017

ATLANTA HAWKS | FRANQUICIA

Estar siempre ahí no sirve contra la fama de equipo perdedor

Estar siempre ahí no sirve contra la fama de equipo perdedor

El primer MVP de la historia (Pettit) fue de los Hawks, Wilkins y Webb popularizaron el concurso de mates... pero nunca han ganado el anillo desde su llegada a Atlanta (1968).

Los Hawks son una de las franquicias más viejas de la Liga. Su origen se remonta a los Tri-Cities Blackhawks, equipo que inició su andadura allá por 1946 en la NBL (National Basketball League), competición que acabó desembocando en la NBA tres años más tarde. Tras una breve estancia en Milwaukee (ciudad en la que adoptaron ya el nombre de Hawks —halcones— a secas), en la 1955-56 aterrizaron en St. Louis. Hasta la fecha, en Missouri el equipo vivió sus años de mayor éxito. No en vano, allí llegaron sus únicas cuatro participaciones en las Finales que dejó un anillo, además de alumbrar una fuerte rivalidad con los Celtics que quizá no hubiese sido tal si en 1956 no hubiesen traspasado a Boston a su número dos en el draft de aquel año: Bill Russell. El enfrentamiento en los últimos Playoffs y el aterrizaje semanas después de Al Horford en Boston quizá sirvan para revitalizar un enfrentamiento que parecía olvidado y que, como veremos luego, en los 80 volvió a cobrar ciertas cotas de importancia. Pero, antes de abandonar St. Louis debemos hacer una mención a Bob Petitt. Un legendario interior que conquistó el primer MVP de la historia en el curso 1955-56 (luego ganaría también el de 1959).

Ben Kerner, su entonces propietario, buscaba un nuevo pabellón para el equipo. Más moderno y con mayor capacidad para aumentar los ingresos de la franquicia. Sin embargo, topó con la negativa del consistorio de la ciudad. Harto de esta situación, no se lo pensó y vendió los Hawks. Sus nuevos dueños, los trasladaron a Atlanta en 1968, donde han permanecido hasta la fecha. En Atlanta, el equipo desarrolló su fama de perdedor. Suman ya 58 años sin ganar el campeonato. Una sequía que sólo superan los Kings: ningún título desde el conseguido en el 51 (como Rochester Royals). Su mejor época en la capital de Georgia se remonta a los 80, la de Dominique Wilkins (cuya estatua preside una de las entradas al Philips Arena) y los concursos de mates. 'Nique' fue uno de los protagonistas indiscutibles en la época dorada del 'Slam Dunk Contest'. Su triunfo en el 85, en una de las ediciones más recordadas (participaron, entre otros, MJ, Julius Erving o Clyde Drexler), llenó de orgullo a toda la sociedad de Atlanta. Un año después, los Hawks volverían a conquistarlo, pero con Spud Webb como protagonista. Desde sus 170 centímetros voló más alto que nadie. Sin embargo, en los Playoffs situaron su techo en las semifinales del Este. Los Celtics y Pistons eran huesos casi imposibles de roer.

La maldición so prolongó hasta el pasado 2015. Aquel año, con Budenholzer en el banquillo y un quinteto con cuatro jugadores all star (únicamente DeMarre Carroll no acudió al Madison) que fue elegido mejor jugador del mes de enero (firmaron un 17-0, el mejor mes de siempre en la Liga), Atlanta logró su mejor temporada: 60-22. Y alcanzaron la penúltima ronda en postemporada por vez primera desde el 70. Es más, hoy en día sólo los Spurs encadenan más presencias consecutivas en los Playoffs que las 9 suyas. Lo que nos viene a la perfección para definir a los Hawks: un equipo que siempre suele estar ahí, pero que nunca se lleva la gloria. La etiqueta de losers se prolonga a la vez que se engranda la figura del primer MVP de la NBA.    

El propietario: Tony Ressler

Este empresario se hizo definitivamente con el control de la franquicia junto al exjugador Grant Hill a comienzos de este mismo año. Es pronto aún para valorar su gestión, pero su llegada ha caído como anillo al dedo para zanjar de una vez los eternos rumores que situaban a los Hawks fuera de Atlanta. Además, ha conseguido reconciliar al equipo con la comunidad local: hacía mucho tiempo que no se veía en el Philips Arena colgar con asiduidad el cartel de no hay billetes.

El general manager: Wes Wilcox

Tras pasar los últimos años a la sombra de Danny Ferry (cuya carrera se ha visto truncada por un desafortunado email de contenido racista), a Wilcox le llega ahora el momento de certificar lo que ya ha dejado ver este tiempo. Sin grandes nombres, ha sido capaz de construir un equipo competitivo al máximo gastando lo justo y necesario. Aunque eso sí, podría quedar tocado si Sefolosha no logra hacer olvidar a Carroll y, sobre todo, si el próximo verano no cierra la renovación de Al Horford

Estrella histórica: Bob Petitt

Habrá quien asocie automáticamente los Hawks con la figura de Dominique Wilkins. ‘Nique’ es, sin duda, el jugador icónico por excelencia del baloncesto en Atlanta. Pero si hablamos de la franquicia, hay que ser justos con Bob Pettit. Para quienes no le conozcan, basta decir que cuando se retiró tras 11 temporadas en la NBA (1954-1965) lo hizo como el primer jugador en alcanzar la barrera de los 20.000 puntos. El currículum de este ala-pívot que siempre jugó en los Hawks (en Milwaukee y en St. Louis) incluye dos anillos, 10 presencias en el All-NBA, 11 participaciones en el All Star (nunca faltó), 4 MVP’s del mismo partido (comparte liderato histórico con Kobe Bryant) y 2 MVP’s (inauguró el palmarés de este prestigioso trofeo). No está mal para alguien del que decían que no reunía el suficiente talento para ser profesional. Un pionero.

Momento histórico: el duelo Wilkins-Bird

Boston, 22 de mayo de 1988. Los Hawks de Mike Fratello nunca habían estado tan cerca de disputar una final de Conferencia. Morir o vencer. Necesitaban una sola victoria para una romper un maleficio que llevaba persiguiendo a la franquicia desde 1970. No lo consiguieron (el gafe perduró hasta 2015), pero aquella noche vivimos uno de los mejores séptimos partidos de la historia. Los Celtics necesitaron que Larry Bird anotase 20 puntos (de 34 totales) para superar por un ajustadísimo 118-116 al equipo de Dominique Wilkins: 47 tantos, 14 en el último acto. Un duelo memorable amplificado por la rivalidad entre ambos equipos. “No podía fallar y él tampoco. Ese es el mejor partido que haya jugado o haya visto jugar. Se trataba de dos chicos que únicamente no querían perder”, explica ‘The Human Highlight Film’.

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