Boxeo

Mike Tyson revela pensamientos suicidas y lucha contra la obesidad

Tyson confesó que su sobrepeso y la muerte de su hermana lo llevaron al pensar en el suicidio

ED MULHOLLAND | AFP
Redacción A USA
Especialista en periodismo deportivo con vocación en investigación y en artículos de largo aliento.
Estados Unidos Actualizado a

Hubo un tiempo en que el hombre más temido del planeta no le temía a nada, salvo al espejo. Mike Tyson, aquel que despedazaba mandíbulas con la frialdad de un verdugo, ha bajado de la lona para confesar que su enemigo más letal no llevaba guantes, sino que se escondía en envases de comida procesada y galones de helado consumidas por inercia cada sesenta minutos.

La leyenda de los pesos pesados, hoy con 59 años, se ha convertido en el rostro de una cruzada nacional. De la mano del secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., Tyson protagoniza la nueva campaña “Real Food” bajo la administración Donald Trump. Pero detrás del eslogan político hay una cicatriz abierta que el boxeador ha decidido mostrar sin filtros.

“Estaba tan gordo y era tan desagradable que comía cualquier cosa. Pesaba 159 kilos”, admite Tyson en una pieza audiovisual donde el blanco y negro acentúa las arrugas de una vida de excesos y redenciones. “Me odiaba tanto que solo quería suicidarme”.

La muerte de su hermana lo noqueó

El fantasma de la obesidad no es una estadística abstracta para Tyson; tiene el nombre de su hermana, Denise. El excampeón recordó con los ojos empañados cómo la perdió en 1990. Ella tenía apenas 25 años cuando su corazón, asfixiado por un peso que rondaba los 180 kilos, dejó de latir. Esa tragedia familiar, sumada a su propio descenso a los infiernos tras el retiro, lo colocó en 2009 en la categoría de obesidad clínica.

Tyson relata que, en su hora más oscura, el azúcar era su anestesia: “Un cuarto de helado cada hora”, confiesa sobre los días en que la cocaína y la hipertensión amenazaban con enviarlo a la misma tumba que a su hermana. Fue en 2010 cuando el veganismo y una disciplina espartana lo rescataron del borde del precipicio, permitiéndole perder el lastre físico y mental que lo hundía.

Hoy, el hombre que acumuló 44 nocauts busca uno más, quizás el más importante, contra la industria alimentaria de Estados Unidos.

Una pelea por su país

“Somos el país más poderoso del mundo y tenemos a la gente más obesa. Hay que hacer algo con la comida procesada”, sentencia Tyson, mientras muerde una manzana frente a la cámara, cambiando el ring por la cocina en una batalla que, según dice, no busca un cinturón, sino el derecho a seguir respirando.

Estados Unidos enfrenta una de las tasas de obesidad más altas del mundo desarrollado. Tyson, símbolo de fuerza bruta en los 90, hoy usa su historia como espejo incómodo.

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