Boxeo

Mario Barrios: el campeón que grita “Fuck ICE”

Ante la pelea frente a Ryan García, Mario “El Azteca” Barrios transforma el ring en una declaración política

ETHAN MILLER
Redacción A USA
Especialista en periodismo deportivo con vocación en investigación y en artículos de largo aliento.
Estados Unidos Actualizado a

El boxeo, en su estado más puro, siempre ha sido el lenguaje de los que no tienen voz. Pero en la era de los contratos multimillonarios y las cláusulas de silencio, encontrar a un campeón que use su cuerpo como pancarta es un hallazgo que rompe cualquier guion preestablecido. Este sábado, cuando Mario “El Azteca” Barrios suba al ring para enfrentar a Ryan García, no sólo llevará puestos sus guantes; cargará con el peso de una comunidad que vive a la sombra de las camionetas blancas y las luces de emergencia.

Barrios no es el boxeador dócil que el sistema comercial de los Estados Unidos suele digerir con facilidad. Su figura en San Antonio ha mutado de la de un atleta de élite a la de un símbolo de resistencia. La imagen es ya una reliquia del activismo moderno: Barrios, en el centro de los reflectores este fin de semana cuando suba al ring de la T-Mobile Arena para defender su cinturón welter del WBC. Pero antes de eso ocurra, el peleador de origen mexicano ya dio una declaración que no admite interpretaciones: “FUCK ICE”.

Barrios concedió una entrevista al canal de Youtube Xicana Boxing en donde habló sobre el temor que siente su comunidad desde que iniciaron las redadas del ICE en varios puntos de Estados Unidos.

El peso de la sangre y el asfalto

Para entender el grito de Barrios, hay que entender las calles de San Antonio. Ahí, la frontera no es una línea en un mapa, sino una cicatriz abierta. Mario ha sido claro.

“It’s always, you know, fuck ICE, chinga la migra” externó Barrios como respuesta al “terrorismo” al que es sometida la comunidad migrante en Texas y otros estados de EU.

“Siempre es, ya sabes, Fuck ICE, chinga la migra", recordando su lado punk que en repetidas ocasiones deja ver con su vestimenta.

Mientras el boxeo de hoy se pierde en el brillo de las redes sociales, Barrios utiliza sus plataformas para algo más que mostrar su entrenamiento. Habla de Gaza, de las luchas indígenas y del apoyo al “paletero local”.

“Le digo a nuestra gente: abraza tus raíces, pero más que nada, mantente firme por los problemas indígenas, mantente firme por los problemas que involucran a nuestras comunidades”

La paradoja del ring

El contraste con su rival de este sábado, Ryan García, es fascinante desde el ángulo sociológico. García es el producto perfecto del algoritmo, el destello del engagement. Ha mostrado en repetidas ocasiones su apoyo a Donald Trump.

Barrios, en cambio, es la rugosidad de la realidad texana. En un estado donde el conservadurismo suele castigar la disidencia, el “Azteca” ha decidido que su corona del CMB no vale nada si no sirve para proteger a los suyos.

Este sábado, el mundo verá una pelea por el cinturón verde del WBC, pero en San Antonio y en cada rincón donde un niño teme el sonido de una sirena, Mario Barrios ya ganó. Su victoria no depende de los jueces, sino de un grito que nos recuerda que, a veces, el golpe más fuerte es el que se da con la verdad de los puños.

“No pueden jodernos a todos si nos mantenemos unidos”, finalizó Barrios.

Una niñez marcada por una herida familiar

El boxeo tiene una extraña capacidad para bautizar a sus guerreros con apodos que evocan realeza o ferocidad. Pero para Mario Barrios, el nombre que aparece en la marquesina no es un adorno , sino una herida abierta. Mucho antes de ser el campeón que desafía a la “Migra” o que unifica coronas, su nombre ya había sido impreso en la sección de crónica negra de los diarios de Wisconsin. Era julio de 1995 y Mario, entonces apenas un soplo de vida, era el protagonista invisible de un relato de horror.

La verdad no llegó temprano, pero a los nueve años, Barrios descubrió que la curiosidad tiene un precio: su padre biológico, Mario Barrios Sr., no estaba ausente por voluntad, sino por el asesinato de su propia hija, Esperanza, una pequeña de apenas un año de edad. La autopsia reveló que el corazón de la niña se había desgarrado por un golpe seco en el pecho.

En esta historia de sombras, la luz emana de Isabel, la mujer que Barrios define como el amor de su vida y su verdadera heroína. Ella no sólo sobrevivió al luto insoportable de perder a un hijo, sino que resistió la embestida de un sistema judicial que intento culparla. Exonerada y herida, luchó contra el Estado para recuperar a sus hijos, Mario y Selina, quienes habían sido puestos bajo custodia tras el juicio donde se describió a Barrios Sr. como un hombre cuya única destreza era el abuso y el alcohol.

A su madre le arrancaron el corazón cuando murió Esperanza. De ella aprendió a combatir con coraje.

El peso del legado Hoy, el boxeador se enfrenta a un rival que no tiene guantes: su propio árbol genealógico. El nombre Mario Barrios Jr. es, en sí mismo, un acto de rebelión poética. Es el intento de un hijo por cancelar la oscuridad del padre. Sin embargo, la sombra es larga. El campeón confiesa la dificultad de imaginar que ese nombre pase a una nueva generación; el bagaje emocional es una mochila cargada de piedras que aún le cuesta soltar.

En San Antonio, donde Barrios es rey, la gente ve a un atleta impecable. Pero detrás de la técnica y del grito de “Fuck ICE”, habita un niño de nueve años que se cansó de hacer preguntas y decidió que, si el nombre de su padre servía para destruir un corazón, el suyo serviría para defenderlo. Este Mario Barrios no solo gana peleas; este Mario Barrios está borrando, golpe a golpe, el estigma de la sangre.

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Barrios pondrá todo su pasado y presente la noche del sábado cuando se enfrente al mediático Ryan García, quien para muchos, incluso Barrios, no merecía una oportunidad por el campeonato luego de su suspensión y recientes derrotas.

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