Manuel Trijueque, entrenador personal: “Sin descanso y sin gestión del estrés, la salud se debilita desde la base”
El exentrenador del Real Madrid Xabi Alonso acaba de publicar ‘Sano, libre, vivo’, donde plantea una reflexión sobre el cuidado de la salud.


En un momento en el que el discurso sobre la salud está marcado por tendencias cambiantes y soluciones rápidas, el libro Sano, libre, vivo. Leyes básicas para el cuidado de la alimentación y el cuerpo, del entrenador integral Manuel Trijueque, propone una mirada crítica y práctica sobre cómo cuidamos nuestro cuerpo. El libro plantea, desde la experiencia en el deporte profesional y el respaldo del conocimiento científico, una reflexión sobre hábitos cotidianos como la alimentación, el descanso o el manejo del estrés, poniendo el foco en principios básicos que suelen quedar relegados frente a mensajes más atractivos pero menos sostenibles. Y, sobre todo, volver a la esencial.
“Lo esencial es algo tan simple y a la vez tan olvidado como escuchar al cuerpo. El cuerpo está hablando constantemente, a través de sensaciones, ritmos, molestias, energía o cansancio, pero como sociedad hemos dejado de prestarle atención. El modelo actual de prisas, inmediatez y productividad constante va en dirección contraria a nuestra biología. Nuestro cuerpo no está diseñado para correr todo el tiempo ni para desconectarse de sus señales. Esa desconexión progresiva es una de las grandes causas de enfermedad hoy en día, y la ciencia lo respalda cuando habla de estrés crónico, inflamación de bajo grado o desregulación del sistema nervioso. Volver a lo esencial es recuperar ese diálogo interno. Preguntarle al cuerpo cada mañana cómo está, qué necesita y desde ahí relacionarnos con la alimentación, el movimiento, el descanso y el entorno”, explica para AS el que fuera entrenador integral del extecnico del Real Madrid Xabi Alonso. “Cuando escuchamos, el cuerpo se autorregula; cuando lo ignoramos, nos obliga a parar a través del dolor o la enfermedad”.
Trijueque aboga, además, por huir de las soluciones milagro y apostar por unos buenos hábitos: “Seguimos cayendo en ese tipo de promesas por la misma razón que nos estamos enfermando como sociedad: la inmediatez. Vivimos en un entorno donde todo es rápido, superficial y diseñado para captar atención, no para generar comprensión. La salud, sin embargo, no funciona así. El cuerpo no entiende de atajos. Quiere procesos, coherencia y adaptación progresiva. Cuando buscamos resultados rápidos y sin esfuerzo estamos yendo, de nuevo, en dirección contraria a nuestra biología. Queremos estar bien sin incomodarnos, sanar sin transformarnos y cambiar sin sostener el proceso. Sano, libre, vivo no ofrece promesas rápidas, ofrece algo más honesto y profundo: recuperar la responsabilidad, la paciencia y la resiliencia que siempre han estado en nuestro cuerpo y que la ciencia moderna vuelve a confirmar cuando habla de adaptación, hormesis y salud a largo plazo”.
La salud no se delega
Asimismo, Trijueque cree que debemos implicarnos más en nuestro propio bienestar: “Decir que la salud no se delega implica asumir algo incómodo pero liberador a la vez: que nadie puede vivir en tu cuerpo por ti. Asumir esa responsabilidad significa conocerse, escucharse y vivir cada día en coherencia con el propio cuerpo y con el entorno”.
En su libro, el entrenador recoge diez leyes básicas del cuidado de la salud, y tiene claro cuáles lograrían un gran impacto en el cuerpo: “Si alguien solo pudiera aplicar dos o tres leyes, le diría que empiece por las más simples. La primera sería la exposición diaria y consciente a la luz del sol. La luz natural regula nuestros ritmos circadianos, nuestro sistema hormonal, el sueño, el estado de ánimo y la función inmunitaria. La segunda sería practicar ayunos profundos varias veces al año, entendidos no como una moda, sino como una herramienta ancestral de reparación. Y la tercera, muchas veces olvidada cuando hablamos de salud, es construir cosas valiosas con otros seres humanos.
Alimentación
Trijueque sostiene, además, que en la actualidad nos alimentamos por estímulos: “Hoy, en su mayoría, no estamos comiendo energía real, sino estímulos temporales. Confundimos activación con energía, y no son lo mismo. La energía verdadera aparece cuando nuestras células reconocen y pueden utilizar de forma eficiente las moléculas que les damos. Eso ocurre cuando la alimentación aporta densidad nutricional y coherencia biológica. Esa energía celular estable proviene principalmente de las grasas y de las proteínas, que forman parte de nuestra estructura, de nuestras membranas, de nuestras hormonas y de nuestros sistemas de reparación. Son nutrientes que el cuerpo entiende, integra y utiliza para sostener la vida a largo plazo. Cuando basamos la alimentación casi exclusivamente en hidratos de carbono, especialmente refinados, lo que obtenemos no es energía, sino picos de estimulación. Subidas rápidas seguidas de caídas, dependencia constante de comer, inflamación crónica y acumulación de toxicidad metabólica. Entramos en una rueda que desgasta al organismo en lugar de nutrirlo”.
Y desmonta mitos sobre el colesterol: “No es el enemigo, aunque durante décadas nos hayan vendido esa idea. Es una molécula maravillosa y esencial: desinflama, mantiene nuestro sistema hormonal en equilibrio y sostiene la función inmunitaria. Sin colesterol no hay vida, ni reparación celular, ni síntesis de hormonas vitales. La distinción entre ‘colesterol bueno y malo’ es un mito simplificado. HDL y LDL no son colesterol en sí, sino lipoproteínas que transportan esta molécula para que pueda cumplir sus funciones. El verdadero problema no es la presencia de colesterol, sino el contexto en el que circula: inflamación crónica, glicación y estrés metabólico derivados de una dieta alta en carbohidratos refinados crean el terreno donde puede desarrollarse la enfermedad cardiovascular. En otras palabras, la primera causa de muerte cardiovascular no es el colesterol, sino un cuerpo inflamado, sobreestimulado y fuera de equilibrio”.
El descanso
Asimismo, Trijueque considera clave el descanso: “Dormir es una función biológica sagrada, y la vida moderna lo está saboteando de muchas maneras. No respetamos los ritmos naturales del cuerpo: comemos a deshoras bajo luz artificial, ignoramos la señal del amanecer y el atardecer, y nos sobrecargamos de estímulos constantes y contaminación electromagnética. Todo esto altera nuestro reloj biológico, desequilibra hormonas como la melatonina y el cortisol, y fragmenta el sueño profundo, que es el momento real de reparación celular, memoria y regulación inmunitaria. Dormir mal no es solo sentirse cansado al día siguiente: es socavar la base de la salud a largo plazo”.
“El estrés crónico y la falta de descanso no afectan solo el estado de ánimo: tienen un impacto profundo en la salud de todo el organismo, incluso en enfermedades que parecen no tener relación con ellos. Cuando estamos estresados o dormimos mal, nuestro sistema nervioso se drena, el cortisol se mantiene elevado de forma constante y se dispara la inflamación de bajo grado, silenciosa pero persistente. Al mismo tiempo, nuestras mitocondrias, las ‘fábricas de energía’ de las células, se deterioran, reduciendo la capacidad del cuerpo para repararse y funcionar correctamente. Ese escenario crea el caldo de cultivo perfecto para que surjan problemas metabólicos, cardiovasculares, inmunitarios o incluso neurodegenerativos. La clave no está solo en reducir síntomas, sino en restaurar descanso, ritmos naturales y recuperación para que el cuerpo recupere su equilibrio y capacidad de autorregulación. En otras palabras: sin descanso y sin gestión del estrés, la salud se debilita desde la base, aunque a simple vista todo parezca normal”, añade.
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Y manda un mensaje para aquellos que piensan que no llegan a tiempo: “Nunca es tarde para cuidar la salud. He visto pacientes de 92 años con análisis y vitalidad mejores que los de muchos de 30 o 40 años. El cuerpo es increíblemente resiliente: si lo escuchas, lo respetas y le das lo que necesita —nutrición adecuada, movimiento, descanso, luz y conexión— responde de manera sorprendente. La edad no define la capacidad de regeneración ni la energía que podemos recuperar. Cada decisión consciente que tomamos hoy para cuidar nuestro cuerpo suma, y el organismo tiene mecanismos asombrosos para adaptarse y repararse. La salud es un camino que se puede empezar en cualquier momento. Tu cuerpo nunca te va a fallar si lo tratas con atención, respeto y coherencia. Nunca es tarde para reconectar con él y experimentar vitalidad real”.
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