Juan, experto en descanso: “Dormir abrazado a tu pareja es lo peor que puedes hacer si quieres descansar bien”
El cuerpo necesita cambiar de postura para aliviar la presión en músculos y articulaciones. Al dormir abrazados, estos movimientos se ven limitados.


Dormir abrazado a la pareja suele verse como una muestra de amor, intimidad y conexión emocional. Culturalmente se ha idealizado la imagen de dos personas durmiendo juntas, entrelazadas, como si ese contacto permanente fuera sinónimo de una relación sana. Sin embargo, cuando el objetivo principal es descansar bien, dormir abrazados durante toda la noche puede convertirse en uno de los mayores enemigos del sueño reparador.
Así lo explica Juan, especialista del sueño de la marca de colchones Nattex: “Dormir abrazando a tu pareja es lo peor que puedes hacer si quieres descansar bien. Todo el mundo te dice que te ayuda a relajar y a dormir mejor, pero eso es solo una parte de la historia. La realidad es que durante la noche cambiamos de postura y nos movemos. Ese movimiento influye en el descanso del otro, y por la mañana, aunque tú no lo recuerdes, te afecta al sueño profundo”.
“Dormir en pareja sí es buena idea, dormir abrazados toda la noche, no. Y hay dos formas de dormir en pareja. La primera es en camas separadas. Y la segunda, y que yo recomiendo, es dormir en camas grandes y con independencia de lechos. Eso significa que puedes moverte sin molestar al otro, porque el colchón está diseñado para absorber los movimientos. Tu pareja puede moverse libremente sin molestarte”, agrega.
Molestias de dormir abrazados
Como explica este especialista, el cuerpo humano no está diseñado para permanecer inmóvil durante horas. Mientras dormimos, cambiamos de postura de forma natural para liberar presión en músculos y articulaciones y favorecer la circulación. Al dormir abrazados, estos movimientos se reducen porque uno de los dos evita moverse para no despertar o molestar al otro. Esta restricción suele provocar rigidez muscular, molestias en la espalda o el cuello y pequeños despertares que fragmentan el sueño sin que siempre seamos conscientes de ello.
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A esto se suma el problema del calor corporal. El contacto físico continuo incrementa la temperatura del cuerpo, algo que puede resultar agradable al principio, pero que interfiere con uno de los procesos clave del descanso: la disminución de la temperatura corporal necesaria para entrar en las fases profundas del sueño. Cuando el cuerpo se sobrecalienta, el sueño se vuelve más ligero, menos profundo y menos reparador, lo que se traduce en cansancio al día siguiente.
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