Final Champions League

El lado más íntimo y personal de Mauricio Pochettino

El técnico argentino ha demostrado ser un líder a lo largo de su carrera y esta noche vivirá el partido más importante de su carrera como entrenador.

El lado más íntimo y personal de Mauricio Pochettino
CARL RECINE REUTERS

Mauricio Pochettino (47) vivirá una de las noches de su vida con la final de la Champions League que se vive este sábado en el Wanda Metropolitano de Madrid. El técnico argentino ha armado un equipo sólido que ha tenido la suerte como aliada del trabajo para alcanzar el partido más deseado del año. Los goles cuando el partido agonizaba de Fernando Llorente frente al Manchester City y de Lucas Moura frente al Ajax, metieron al entrenador en la final después de años luchando contra las críticas en Inglaterra.

"¿Qué sabe de nuestro juego? ¿Qué sabe de la Premier League? ¿Qué sabe del vestuario? ¿Habla siquiera inglés?", se preguntaba Lawrie McMenemy cuando Pochettino llegó al Southampton. Esas dudas han quedado disipadas bajo el liderazgo incuestionable de un Mauricio que ha conseguido situarse entre los mejores técnicos de todo el planeta. Su pasión por el juego se refleja en el césped, y sus métodos de entrenamiento están siendo copiados en todos los continentes. Especial repercusión tuvo el caminar sobre brasas de sus jugadores, un ejercicio en el que "se trabaja a nivel mental, prepara tu cuerpo y tu mente para sentir que sos invencible, para cruzar los límites, elevar el umbral del dolor".

¿Pero cómo es Mauricio Pochettino fuera del terreno de juego? La pasión por el fútbol la comparte con su mujer, Karina Grippaldi, con la que lleva más de 25 años y quien se caracteriza por ser su mayor apoyo. Tanto ella como sus dos hijos, Sebastiano y Maurizio, forman los pilares de su vida, y más cuando el resto de su familia vive a miles de kilómetros de su lado. "Mi mujer lleva a mi lado más de 25 años, pero últimamente lo que más me critica es cuando salgo en rueda de prensa. Las mira con atención y me dice: '¿Por qué dices tal cosa o la otra?', 'Tienes que decir dos, y no cuatro', 'Aquí no uses why porque tienes que usar because'. Siempre me está corrigiendo", bromeaba el técnico hace unas semanas.

La pareja se conoció después de un clásico rosarino en Argentino, en las celebraciones por el triunfo de Newell's. Desde entonces no se han separado y han criado a dos hombres, uno, ya con especializado en Ciencias del deporte y otro probando suerte en los juveniles del Tottenham. Siempre que pueden viajan a su casa de Barcelona, donde el técnico vivió algunos de los mejores años de su vida.

Sin embargo, la historia podría haber sido muy diferente si la suerte no le hubiera acompañado una noche de niño en la que se quedó dormido con la estufa encendida antes de morir. Estuvo a punto de morir asfixiado con el humo inhalado. Poco después practicaría el vóley además del fútbol y también el judo, con un experto de fuerte carácter que además tenía un hijo de su edad. Fue él precisamente quien en un partido le provocó la mayor humillación de su vida bajándole los pantalones en un córner. "Lo que más sufrí es que no tuve los huevos para reaccionar. ¡Tendría que haberlo agarrado del cuello y cagarlo a trompadas! Fue una lección. Aquello me sirvió para ser más fuerte, más duro y más apasionado", comentó en una entrevista hace unos años sobre este desagradable pasaje de su pasado.

La relación con su familia

En su libro 'Un mundo nuevo', Mauricio Pochettino ha confesado que la distancia y el tiempo supusieron una separación de sus padres que dura hasta hoy. "Te vas transformando en una persona diferente, y llega un momento en que para vos, tus padres se transforman en desconocidos o, mejor dicho, nosotros nos transformamos en unos desconocidos para ellos. De la distancia se pasa a la intolerancia. Cuando somos jóvenes, esa energía que te hace lograr cosas increíbles y buenísimas también te genera dolor, arrogancia e incapacidad para comprender a tus mayores".

Lo mismo ocurre con sus hermanos, con quien asegura no tener la mejor relación posible. "Me unen más lazos emocionales con amigos o conocidos", espeta, asegurando además que es algo que en ningún caso quiere que le ocurra a sus hijos.

Apasionado por el vino

En el Espanyol vivió algunos de los mejores años de su carrera, pero en 2001 tuvo que salir rumbo al PSG, donde coincidió con nombres como Ronaldinho, Anelka o Mikel Arteta. Desde ahí se fue al Burdeos, lugar en el que desarrolló su pasión por el vino. Ya en París recibía botellas de vino y champán por parte de su casero, pero nada comparado con los caldos que más tarde cataría. "Burdeos es para mí la tierra con el mejor vino del mundo", destacó. Aún así, no olvida el vino de su país: "Siempre que estoy deprimido me gusta oler el vino argentino: me produce alegría y me remonta a mi país, al olor a campo".