Jaime, el Alcaraz que viene
El hermano pequeño de Carlos (14 años) construye su carrera con paciencia, en casa y apoyado por la familia. Su estilo recuerda al del ganador de siete Slams.


Cuando Carlos Alcaraz ganó su primer partido ATP en Río de Janeiro, en 2021, su hermano pequeño, Jaime, aún tenía 8 años, pero ya había cogido la raqueta, siguiendo los pasos del ganador de siete Grand Slams y del mayor de la saga, Álvaro (27 años), que lo había intentado antes de formar parte del equipo del miembro más exitoso de una familia que vive por y para el tenis. Hace solo unos días, el benjamín se proclamó campeón del torneo sub-15 del Challenger Costa Cálida, en casa, en las pistas de uno de los clubes, el Real Murcia Club de Tenis 1919, a los que representa, junto con el Real Sociedad Club de Campo Murcia, de El Palmar, su localidad natal. Allí llamó la atención no solo por su éxito, sino por la similitud de su estilo de juego y los gestos técnicos con los de su famoso hermano. Este martes llega a Madrid, donde no ha podido jugar Carlos, para participar desde el jueves en el torneo Sub-16 del Madrid Open.
Crecer sin comparaciones
Jaime (8 de junio de 2011) no quiere que vinculen su trayectoria con la de Carlos, sino construir su propio camino, con paciencia. “Poco a poco estoy creciendo como jugador y como persona, y eso me hace estar muy contento. Y yo siempre digo que no hay prisa. No escucho a las personas que me comparan con él, porque a Carlitos le tengo como hermano, no como un referente en el tenis”, declaró a La Verdad, el diario murciano que sigue a los Alcaraz desde siempre.
🤩 Jaime Alcaraz, campeón del I Torneo Sub-15 Costa Cálida Región de Murcia, nos cuenta como ha vivido este novedoso formato.
— Real Murcia Club de Tenis 🎾 (@MurciaClubTenis) March 22, 2026
👏 ¡Enhorabuena, campeón!#RMCT1919 pic.twitter.com/kJ0sR2wLGu
El respaldo del crack
De hecho, el número dos del mundo, que le apoya en su camino, es el primero que trata de protegerle de la excesiva atención mediática. “Aunque esté en la otra parte del mundo, trato de apoyarle todo el tiempo y quitarle de encima la presión que la gente puede poner sobre él, y me alegro de verle crecer y convertirse en un adulto”, dijo el año pasado durante el Open de Australia, mientras Jaime competía en Francia, en Les Petits As (cayó en la segunda ronda de la previa).

“Yo le pregunto en qué torneo va a jugar y le deseo suerte, poco más. Tampoco le cuento mucho; es a mi padre a quien le pido que me diga qué ha hecho, cómo va, cómo le ve, porque es el que le sigue y le ve más a menudo, y él me va contando, ‘pues está yendo mejor’ o ‘está un poquito más estancado’. Últimamente es más lo primero. Me ha sorprendido el nivel que tiene. Hace más dejadas de la cuenta, no sé a quién habrá salido. Cada vez que puedo intento verle jugar y me hace mucha ilusión”, dijo el palmareño, meses después, durante el ATP 500 de Barcelona, donde Jaime competía en el torneo sub-14.
La importancia del entorno
El hecho es que cuenta con el respaldo de todo su clan, empezando por su madre, Virginia Garfia Escandón, que es quien, de manera más habitual, le acompaña en los torneos, mientras su padre, Carlos Alcaraz González, sigue más al mediano, sin perder de vista al pequeño, que tiene otro hermano, Sergio (16 años), que no se ha dedicado al deporte de la raqueta (le ha tirado más el fútbol). Su entrenador es Ramón Abenza, que prefiere no hacer declaraciones en esta etapa tan temprana de la vida deportiva de su pupilo.
Desde un punto de vista más personal, sí habla Antonio Hernández, director de comunicación del Real Sociedad Club de Campo Murcia. “Jaime al final es un chaval normal y corriente que, si le quitas que tiene el apellido Alcaraz, pues es un chico cualquiera. No hay diferencia en nada: es bastante alegre, siempre tiene su sonrisita picarona. Entrena prácticamente todos los días en el club con Ramón, su entrenador, y cuando no está entrenando, está compitiendo ya en circuitos nacionales y, algunas veces, también fuera de España. En muchas ocasiones le acompaña también su madre, Virginia”, cuenta Hernández.
“Hay veces que no, porque hay que tener en cuenta que tiene un hermano, Sergio, que es un poco mayor que él y que también necesita su atención. Y cuando Carlos padre no está con Carlos hijo, suele ir a verlo. Pero es un chaval al que le gusta estar con sus amigos cuando no está entrenando. Y nada más, que es muy picarón, siempre con esa sonrisita. Y, en similitud a su hermano Carlos, sobre todo en su juego, tiene un estilo muy parecido al que tenía él cuando empezó”, concluye Antonio.
El análisis desde la Federación
Quien también ha tenido la oportunidad de conocer bien a Jaime ha sido Nicolás Pérez Durán, técnico de la Federación Española de Tenis (RFET), que en 2025 capitaneó al equipo español campeón de Europa (Valencia) y quinto del mundo (Prostejov, República Checa) en categoría infantil, formado por Alcaraz, Pepe García Ruiz y Stefan Shangichev. “Jaime es un tío bastante tranquilo; a nivel personal y humano es un chico extraordinario, muy bien educado. Parece un poco inquieto, pero en el fondo es bastante tranquilote. Su comportamiento es top, de 10”, dice el entrenador andaluz.
“La verdad es que desde principios de año hasta que terminamos en el Mundial, se le vio un cambio muy importante, bastante grande. Ya en febrero, durante la Winter Cup (allí perdieron contra Italia), detectábamos una serie de puntos relevantes que había que mejorar. Rápidamente nos pusimos en contacto con su entrenador, Ramón, y empezaron a trabajar en la dirección correcta”, añade Pérez Durán, que analiza el estilo del palmareño.

“A principios de año era muy desordenado, quería demostrar demasiado. Con el paso del tiempo se dio cuenta de que era totalmente distinto a otros jugadores. Aunque compartiera apellido o expectativas, tenía que ir poco a poco, siguiendo su camino; no necesitaba hacer puntos fantásticos en cada juego, ni siete u ocho puntos extraordinarios por partido. Tenía que ordenarse, aprender a jugar poco a poco y a hacer otras cosas. Y, sobre todo, ser valiente, pero no temerario: hacer las cosas cuando tocan y ser valiente cuando toca. Al principio jugaba con mucho riesgo. Siempre veía la jugada más difícil en vez de la más simple, que es lo que toca para crecer. Terminó el año bastante bien, bastante ordenado. Y los títulos te refuerzan. Ser campeón de Europa fue un premio enorme. Fue un año bastante interesante e importante para él, porque consolidó un poco su idea de tenis, pero haciéndolo de forma progresiva. No se puede ir del 0 al 100 en dos segundos. Ahí estuvo la clave de cómo terminó el año”.
Nicolás no se aventura, como es lógico, a vaticinar hasta dónde podría llegar Jaime en el circuito. “Hoy en día, con la edad que tiene, es difícil saberlo. Este deporte es muy complejo: cambia todo de un día para otro, pueden surgir lesiones, mil cosas que pueden frenar lo que parecía prometedor. Pero la progresión que tiene me parece interesante. Tiene bastante margen de mejora, que es lo importante. Ese margen puede permitirle llegar a un nivel alto. ¿Hasta cuál? No lo sé, nadie lo sabe realmente. Pero que puede mejorar y obtener un rendimiento deportivo y técnico significativo, yo creo que sí. Además, el entorno acompaña: la familia es fantástica, los entrenadores y la academia están muy involucrados con él. Y teniendo eso e ilusión por hacer las cosas bien, tiene mucho margen de crecimiento”, resume, antes de aportar una última reflexión.
“Los resultados a corto plazo a veces no garantizan nada a futuro. Hay que mirar hacia delante, ir paso a paso, construir una base sólida y luego seguir mejorando hasta llegar al nivel que te permita tu tenis y el resto del circuito. Ahora mismo, poco a poco, las cosas se están haciendo bien. Y cuando haces las cosas bien, al final llega el rendimiento”. El caso es que ya viene otro Alcaraz.
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