Tenis | Barcelona Open BancSabadell

Verdasco se doctora en tierra y sucede a Nadal

Derrotó a Soderling con su mejor tenis y sumó su quinto título

<b>UN DELIRIO. </b>Fernando Verdasco se lanzó al suelo cuando el golpe cruzado de Soderling se fue fuera de la pista. El madrileño no pudo contener la rabia ni la alegría.
Alberto Martínez
Redactor de Fútbol y Más Deporte
Licenciado desde 2006 pero escribiendo crónicas desde 2003. En AS desde 2005, donde informa del Espanyol y de polideportivo, especialmente de deportes acuáticos. Ha estado en tres Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Natación y tres Europeos. Autor del libro ‘Jesús Rollán eterno’.
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Fernando Verdasco se apuntó al Barcelona Open BancSabadell a última hora -con una invitación de la organización- y se despidió ayer con el doctorado en tierra bajo al brazo. Su brillante torneo en Montecarlo, en el que llegó a la final y perdió con Rafa Nadal, y su victoria ayer, en tres sets (6-3, 4-6 y 6-3), sufrida ante el gigante, frío y apático Robin Soderling, le consagran en esa superficie de tanta tradición en España y que se le resistía al madrileño, más bien un experto en pistas duras.

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Verdasco sumó ayer su quinto título, el primero en tierra batida de una cierta solera (Valencia, en 2004, y Umag, en 2008, fueron los anteriores), y sucede a Rafa Nadal en el palmarés de un Godó que ya ha visto levantar su trofeo a diez españoles en sus 58 ediciones.

Soderling exigió a un Verdasco que ha ganado fuerza mental y que supo jugarle al octavo del mundo, que no había perdido un set en el torneo hasta ayer. Su saque a 233 km/h y su mortífera derecha marcaron el primer compás, hasta que el madrileño empezó a entrar en el partido. A base de mover al sueco, de alargar los puntos y de mejorar en el saque, se anotó el primer set (6-3). Pero Soderling es duro. Aumentó la agresividad y Fer, siempre apoyado por el público, no supo defenderse (4-6). El partido entraba en un tercer set emocionante e incierto, pero Verdasco lució su completo tenis para cocer al sueco a fuego lento. Aguantó sus servicios con un gran saque y una buena volea. Y le rompió el servicio en una ocasión, provocando los errores de un Soderling que, poco a poco, asumió que se estaba derritiendo.

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