Tenis | Final Copa Davis

A un punto de la gesta

El dobles Feliciano-Verdasco puso el 2-1 ante Nalbandián y Calleri

<b>EL HÉROE ES FELICIANO LÓPEZ. </b>Fernando Verdasco y Feliciano López, que ha participado en las dos victorias de España en esta final, celebran el punto del dobles.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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Si España conquista esta Copa Davis, el héroe tiene nombre: es Feliciano López. Pero convengamos en que el "si" del condicional es todavía demasiado aparatoso (en una Davis, un punto es un mundo) como para ir repartiendo condecoraciones. El champán, bien guardadito, para el que festeje al fin. Eso sí: Feliciano ya se aparece a los argentinos como un extraño monstruo que une dulces ojos almendrados con saques como coces de mula. Tras el cañonazo del 1-1 y el disparo al pie de Del Potro, la marea victoriosa de Feliciano López arrastró a Verdasco hacia la playa del triunfo en dobles y el 2-1 para España.

Al margen del comportamiento heroico de Feliciano, el demonio albiceleste se ha ido metiendo él solito en una tiniebla pantanosa de errores: la moqueta sintética pensada para fundir a Nadal es ahora la mejor aliada de los atléticos sacadores zurdos españoles. Además, la resina pastosa también atrapó, como en un pantano, los dañados zapatones de Del Potro, martirizado por el dolor y por las voleas y reveses bajitos de Feliciano.

Encima, los argentinos, sumisos ante Nalbandián, dieron a su antipático príncipe (ayer, ángel caído) el gustito de apuntarse al dobles. Balance: Nalbandián decantó la derrota de la pareja albiceleste: doble falta decisiva en la muerte súbita del tercer set (de 5-1 para Argentina, al 5-2 que dio vida a España) y el lustroso Rey David ha acabado por sumar cinco horas y 17 minutos de juego en sólo dos jornadas. Al final del descalabro argentino en dobles, Nalbandián estaba, sencillamente, congestionado. El Gordo Calleri, tocado y hundido. El sospechoso Nalbandián no compareció ante la prensa y hoy tiene mil baterías apuntándole.

Es la final de la Copa Davis. Hasta ahora han ocurrido cosas poco explicables, pero aún pueden ir ocurriendo más: se trata, ante todo, de gobernar el feroz oleaje de la presión, la angustia, el canguelo. Ejemplo, el partido de dobles: ruido y furia en la grada y caos en la pista. Con Feliciano arreglando dudas de Verdasco, que entregó el primer set en una doble falta decisiva, España dominaba por 5-1 (y set point, Verdasco al saque) en la tercera manga; pero se dejó remontar hasta 5-6. Ahí, Verdasco aguantó. España ya perdía la muerte súbita por 1-5, cuando surgió la doble falta providencial de Nalbandián, que culpó de su atasco al grito de una pobre seguidora española. Esta tuvo suerte de escapar indemne. Pero, desde ahí, Argentina no logró un punto más en el set, España sentenció el tie break, liquidó el set y los albicelestes quedaron fusilados, planchados.

Pero, con 5-2 en el cuarto set, aún se perdió un servicio de Verdasco tras sendos match points. De vuelta, remató Feliciano (tras hazañas físicas de Verdasco), con soberbio resto de revés ante el soberbio y desquiciado Nalbandián. Este cedió su servicio cuatro veces. Verdasco y Calleri, tres. ¿Y Feliciano?: un solo break en contra. Marca diferencias, como avanzó Emilio Sánchez.

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Manicomio.

Va a ganar quien mejor se maneje en este manicomial laberinto de pasiones. Argentina quiso montar un escenario enloquecido, un estanque de cocodrilos para sumergir al extenuado Nadal y se les ha convertido en una jaula de pasiones que enseña las miserias albicelestes. Feliciano López ha dado buenas muestras de entender esta trampa. Si hay que lanzarse al pantano de la Ensaladera para cortar la cola de Nalbandián, el orondo rey lagarto, el mejor para hacerlo es este Feliciano de acero dulce. Y, tras él, toda España.

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