Tenis | Masters Series de Montecarlo

Nadal impresiona justo cuando Federer tiembla

Rafa barre a Ancic y Roger fue 1-5 abajo en el tercer set

<b>EL REGRESO DE TARZÁN. </b>La imagen de ayer, de siempre: Nadal en la tierra, como Tarzán en la jungla.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

En la tierra del Monte-Carlo Country Club, ayer. Rafael Nadal Parera: seguridad de ganador, confianza elástica. Como Tarzán, cuando regresa a las lianas de su jungla preferida, su tierra preferida en este caso. Roger Federer: titubeos. Desconfianza en el arenal ocre. Cara de asco que denota una inseguridad personal (?), cuya curación no parece al alcance de José Higueras. Y al fin, en lo que sí fue gesto de campeón, una victoria milagrosa originada en el estado de ansiedad de Rubén Ramírez.

En 76 minutos, Nadal atrapó a Mario Ancic con la facilidad con que un gran felino da caza a una presa imponente, pero inoperativa. Y en el tercer set de un intenso duelo de dos horas, Federer perdía ante Ramírez: 0-4, 1-5... y, juegos vitales con saque de Ramírez, en 2-5 y 4-5. En estos dos juegos, octavo y décimo, Rubén Ramírez estuvo a dos puntos de eliminar al número uno, un treinta iguales y un 30-15... pero en ambos casos no supo negociar sendos peloteos más o menos cómodos. Y resucitó a Federer, que ganó cinco juegos seguidos, del 1-5 al 6-5, rumbo a la liquidación final en la muerte súbita. "Gané el primer set demasiado fácil, y eso me despistó. Salí del partido, y ahí sí estuve mal, demasiado lento", resumió Federer.

Ferrero.

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El catártico sufrimiento de Federer, reducido a un jugador normalito ante Ramírez, guerrero superviviente de la previa, dio paso a la carga frontal de Nadal sobre Ancic. Con buenos ajustes en saque y ataque, importados de la pista rápida, Nadal surgió como una fuerza de la Naturaleza. Hubo momentos en los que al gigante Ancic sólo le quedaba gatear, como acorralado ante un depredador en el último rincón de la sabana.

Federer sobrevivió. Le espera Monfils. Y Ancic se quedó en las garras de Nadal que hoy aguarda a Ferrero: en el hábitat preferido de ambos, la tierra.

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