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El mundo de Roncero

El Madrid es mi razón de ser y la de millones de aficionados en todo el mundo. Cargamos una mochila maravillosa con 12 Copas de Europa y 33 Ligas. La vida sigue siendo blanca y bella...

Autor: Tomás Roncero

EL MUNDO DE RONCERO

Junquera, mi primer portero…

Junquera, mi primer portero…

DIARIO AS

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Era una torre de casi dos metros (medía 1,94) y al vestir de negro aumentaba su presencia balo los palos... Descanse En Paz.

Esta semana arrancó con una noticia que me sumergió en la melancolía. Falleció Andrés Avelino Junquera. Quedémonos con su nombre futbolístico: Junquera. Un portero del Madrid de los años 60 y 70, que llegó a ganar el Trofeo Zamora en la temporada 1967-68. Podía ser uno más de una larga lista de grandes cancerberos que ha tenido este club a lo largo de su grandiosa historia. Pero para mí, el asturiano tenía algo especial.

Todos los que amamos el fútbol tuvimos una primera vez en el estadio del equipo de tus amores. Y esa primera vez en mi caso fue el 18 de noviembre de 1973. Yo sólo tenía ocho añitos, pero mi ‘pedrada’ con el Madrid ya estaba prendida y a toda mecha. Mi tío Luis, que vivía en el pueblo de mi madre (Herencia, Ciudad Real) no tenía hijos y amaba al Madrid, por lo que se empeñó en venir hasta la capital para invitar a su sobrino Tomasito al Bernabéu para que conociese el que en el futuro iba a ser mi particular Jardín de las Delicias. Mi padre aprovechó la invitación para unirse a la expedición y allá que fuimos entusiasmados los tres. Fue una tarde fresquita, pero no llovía. Llegaba Las Palmas, un equipo bonito de ver no sólo por sus vistosos colores (camiseta amarilla y pantalón azul) sino por la calidad de su juego con los Tonono, Castellano, Verde o Germán Dévora. 

Al llegar al Bernabéu se me puso la piel de gallina. Me pareció todo gigantesco, de dimensiones colosales. Estábamos en la grada de Preferencia, a sólo veinte metros del Palco de Honor, que en aquella época daba al paseo de La Castellana. Allá apareció don Santiago Bernabéu, con esa imagen imponente con su sombrero gris que me impactó. Cuando los viejos marcadores anunciaron el once inicial del Madrid, dispuesto por Miguel Muñoz, me pareció como escuchar música celestial: Con el 1, Junquera. Y a partir de ahí José Luis Peinado, Benito, Zoco, Touriño, Pirri, Netzer, Velázquez, Óscar ‘Pinino’ Más, Santillana e Ico Aguilar.

A los 20 minutos ya se adelantó el Madrid con un buen gol de Velázquez. Y antes del descanso Santillana clavó uno de sus prodigiosos cabezazos (2-0), batiendo al magnífico Carnevalli. En la reanudación fue Aguilar el que puso el 3-0 y el argentino Pinino Más completó su mejor partido de blanco con dos golazos, uno con una volea espectacular. Pero como yo de niño fui portero me fijé mucho en el nuestro. Ese Junquera era una torre de casi dos metros (medía 1,94) y al vestir de negro aumentaba su presencia balo los palos. Sólo tuvo que hacer dos paradas de méritos, pero me llamó la atención su autoridad en el área. Como acabó el partido imbatido y el Madrid goleó con una manita impecable me volví a casa, en el barrio de Carabanchel, más contento que un ocho y con mi incipiente madridismo reforzado para los restos. Siempre le estaré agradecido a mi tío Luis. Y también a Junquera, el primer portero que vi in situ en un campo de fútbol, que reflejó lo que siempre fue el Madrid: un semillero de grandes jugadores. Junquera, descansa en paz amigo.

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