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Antes que Maradona y Leo Messi fue Sívori

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Antes que Maradona y Leo Messi fue Sívori

Sívori, con el Balón de Oro de 1961.

L'EQUIPE

Precursor de las figuras argentinas, la Juve pagó en 1957 a River una cifra récord por el traspaso del delantero.

La primera vez que el Madrid perdió un partido de Copa de Europa en el Bernabéu fue el 28 de febrero de 1962, ante la Juve. El solitario gol lo marcó Sívori, a la sazón Balón de Oro. Una maravilla.

Fue un primer apunte de Maradona y Messi, y no quedó lejos de ellos. De estatura corta, pelo largo, aunque en su caso de desarrollo hirsuto y hacia arriba, rabiosamente zurdo, habilidoso, ingenioso. Hijo de emigrantes napolitanos, Enrique Omar Sívori nació en San Nicolás de los Arroyos (Argentina) en 1935 y a los 15 años ya estaba en River Plate. Llegó al primer equipo antes de los 20 y ganó de tacada los campeonatos del 55, 56 y 57. Ese mismo año 57, Argentina ganó la Copa América de selecciones, con una delantera que aún se recita: Corbatta, Maschio, Angelillo, Sívori y Cruz: Los Carasucias.

Renato Cesarini (sí, el de la zona Cesarini) se lo llevó a la Juventus, que pagó diez millones de pesos, récord en la época. Su llegada fue un acontecimiento. El Comunale de Turín se abrió a 10.000 espectadores que asistieron en delirio a una exhibición única: dio hasta cuatro vueltas al campo “haciendo jueguito”, como se dice en Argentina; es decir, manteniendo el balón en el aire sin dejarlo caer.

Fue un primer apunte de Maradona y Messi, y no quedó lejos de ellos. De estatura corta, pelo largo, aunque en su caso de desarrollo hirsuto y hacia arriba, rabiosamente zurdo, habilidoso, ingenioso. Hijo de emigrantes napolitanos, Enrique Omar Sívori nació en San Nicolás de los Arroyos (Argentina) en 1935 y a los 15 años ya estaba en River Plate. Llegó al primer equipo antes de los 20 y ganó de tacada los campeonatos del 55, 56 y 57. Ese mismo año 57, Argentina ganó la Copa América de selecciones, con una delantera que aún se recita: Corbatta, Maschio, Angelillo, Sívori y Cruz: Los Carasucias.

Renato Cesarini (sí, el de la zona Cesarini) se lo llevó a la Juventus, que pagó diez millones de pesos, récord en la época. Su llegada fue un acontecimiento. El Comunale de Turín se abrió a 10.000 espectadores que asistieron en delirio a una exhibición única: dio hasta cuatro vueltas al campo “haciendo jueguito”, como se dice en Argentina; es decir, manteniendo el balón en el aire sin dejarlo caer.

Aquella Juventus dominó en Italia, en torno al Trío Magico, la tripleta central de ataque Boniperti-John Charles-Sívori. Pero aquello habría de romperse en enero 1961. Boniperti era el jugador de más prestigio del club, y casi de Italia. Un one club man que hizo toda la carrera en la Juve. Chocó con Renato Cesarini, que le pedía más esfuerzo. Exigió su cese y lo consiguió. Boniperti era mucho Boniperti.

Pero Sívori también era mucho Sívori. Y era devoto de Cesarini, el hombre que le descubrió para River y luego le llevó a Italia. Siempre le había aconsejado bien. Sívori era un poco cabeza de chorlito, se metía continuamente en líos y sólo Cesarini le hacía reflexionar. Cuando llegó, se entregó a la dolce vita, hasta el punto de que se encaminaba al fracaso. Cesarini le hizo pensar: “Escuchá, vos sos pequeño y cabezón, valés para futbolista, no para galán. Si hubieran querido un galán habrían traído a uno que se pareciera a Gardel, no a vos”. Le corrigió.

Así que cuando echaron a Cesarini, Sívori se revolvió y tomó una decisión drástica: no entrenarse con el equipo, sino en solitario, y no combinar con Boniperti en los partidos. Fueron semanas críticas… hasta que saltó Boniperti. Quedaban atrás quince años de servicios al club y 444 partidos, una trayectoria gloriosa. Se tuvo que ir porque no pudo con Sívori. En 1971, regresaría al club como presidente, puesto en el que se mantuvo hasta 1990. Tal era su prestigio. Pero en 1961 Sívori le venció.

Ese mismo año se nacionalizó italiano y debutó con la Azzurra, donde hizo igualmente furor. Una vez preguntaron a Helenio Herrera, entrenador del Inter, feroz enemigo de la Juve, qué selección italiana haría él. Dijo sin dudar: “Sívori y diez del Inter”. Y eso que poco antes había ocurrido un suceso desagradable en el Juve-Inter de Liga. Hubo exceso de público en el Comunale, el público ocupó los márgenes del campo, el árbitro no vio seguridad para jugarse el partido y lo suspendió. Se le dio por perdido a la Juve, por mal control de los accesos, pero los turineses recurrieron y consiguieron que el partido se jugara. Enfadado, Helenio Herrera mandó a los juveniles. Sívori se ensañó y marcó seis goles en una goleada (9-1) muy polémica.

Aquel mismo 1961 ganó el Balón de Oro, sucediendo en el trono al interista y español Luis Suárez, que fue segundo. Se lo entregaron en Turín, en los prolegómenos del partido de ida de la tremenda eliminatoria con el Madrid en la Copa de Europa 61-62. Allí ganó el Madrid 0-1, gol de Di Stéfano. Aquí fue 0-1, gol de Sívori. Desempate en París y 3-1 para el Madrid, con gol de Sívori, que durante toda la eliminatoria fue foco de noticias y polémicas. En Madrid empezó la bronca antes del partido, cuando practicó un rito propio: cuando visitaba un campo por primera vez, se iba antes del comienzo a la portería rival y marcaba gol. Aquí no se sabía de su hábito, pareció una provocación y se armó la gorda.

Con 30 años, pasó al Nápoles. Ya se le notaban las lesiones, pero igual dejó un recuerdo imborrable. Se marchó tras una pelea descomunal en un Nápoles-Juve, en la que se distinguió agrediendo a Heriberto Herrera, el entrenador juventino, el mismo que le había empujado a salir del club turinés.

Le apodaron El Ángel de la Cara Sucia. Abrió el camino para Maradona y Messi.

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