Sobre Piqué y el tiqui-taca
La declaración de Piqué en la que decía que habían llegado a sentirse esclavos del tiqui-taca ha levantado curiosidad e interpretaciones de todo tipo. Hasta contactos que uno tiene por allá y por acullá me han llamado para interesarse por ello, y aprovecho la ocasión para comentar que nada que ocurra en el Madrid o el Barcelona deja de ser noticia universal al instante. Los que estuvimos en Buenos Aires descubrimos que allí la gente apenas sabía que había elección de sede olímpica, y si lo sabían se les daba una higa de ello, pero preguntaban apasionados por Bale, por Özil, por Casillas y Diego López, por el encaje Neymar-Messi, por la recuperación de Puyol y por si Iniesta y Cristiano renovarían o no.
Así que esa declaración de Piqué ha levantado estruendo. Y sin embargo, yo lo entiendo.
Y no creo, como veo que algunos han interpretado, que se trate de una velada crítica hacia Guardiola. Piqué ganó seis títulos en un año, con ese sistema como culé, y también ha sido campeón de Europa y del Mundo de Selecciones con Del Bosque, en traducción poco variada del mismo sistema. En la academia del Barça en la que se crió se jugaba en ese modo. Y cuando entró en la Selección, esta ya jugaba así, opción escogida por Luis Aragonés que, a mi modo de ver, hizo la apuesta más radical que se había hecho por el sistema hasta el momento. Inmediatamente llegó Guardiola al Barça y perseveró en esa radicalidad. Y el Barça y España ganaron y recogieron elogios de todas las latitudes, con Piqué en medio de todo ello.
Pero pasa el tiempo y pasan cosas. Pasa que los rivales van encontrando antídotos para dificultar ese juego, pasa que la rutina de la repetición empieza a pesar, pasa que a Xavi, eje a mi juicio de todo aquello, ya no se le puede exigir en sesenta partidos por año, sin merma de intensidad, lo mismo que se obtenía de él hasta no hace mucho.
Y pasa que cuando un sistema ha dado tanto, se convierte casi en superstición. Yo mismo he padecido ese efecto. Cada vez que Del Bosque ha echado mano de un extremo se me han puesto los pelos de punta, y eso que el juego por los extremos siempre me gustó. Pero casi en cada ocasión me ha parecido que se estaba apartando del estricto libreto del tiqui-taca, y que fuera de este modelo todo resulta imperfecto por comparación.
Metido ahí dentro, es normal que a Piqué le haya pasado lo mismo. Se fue Guardiola, llegó Tito, llegó Roura… Se intentó fingir que todo era lo mismo, pero no podía ser lo mismo. Por eso saluda ahora la llegada de Tata Martino, sangre fresca para renovar algo el modelo. Novedades en los entrenamientos, novedades en los planteamientos, retoques que alejen la rutina, que hagan sentir el estímulo de algo nuevo. Es normal.
Además, la superstición va desapareciendo, porque el Barça fue brutalmente volteado en las semifinales de la Champions pasada, y España, en la final de la Confecup. Hay explicaciones para esas derrotas que salvaguardan la validez del modelo, desde luego que las hay. Pero esas derrotas acaban con el dogma de la infalibilidad, que hasta ahora estaba razonablemente en pie.
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Nunca vi un modo de jugar al fútbol que me gustara tanto, ni que diera tan buenos resultados de una forma tan continua. Pero es un modelo servido por una generación de jugadores excepcional, en cuyo eje siempre estuvo Xavi Hernández. Siempre me pregunté qué pasaría cuando el tiempo empezara a pesarle a éste, de lo que empieza a haber síntomas. Y nadie tome esto como crítica a este jugador, que espero que dure cuanto más mejor, que me ha parecido admirable por todos los conceptos. Para bien del Barça y de España, cuanto más, mejor. Pero ya ha pasado los treinta, ha jugado más partidos que nadie en la historia del Barça, club que tiene más de 110 años, es el jugador de campo con más partidos en la selección española. Sesenta partidos a cien balones infalibles por partido es algo que ya difícilmente podrá ofrecer.
Quizá por eso haya llegado la hora de explorar otra cosa, en el Barça y en La Roja. No sé si ese es el pensamiento que llevó a Piqué a expresarse así, pero yo sí lo llevo pensando desde hace algunos meses. Tanto como hace que escasean los grandes partidos de Xavi, el mejor mediocampista al que jamás vi jugar.
