Cómo Norris dejó de ser ‘Blando’
Lando se convierte a los 26 años en el undécimo campeón de F1 británico y el octavo con McLaren. Piloto de sábados, la regularidad compensó otras carencias de domingo.


Lando Norris (Inglaterra, 26 años) es el 35º campeón del mundo de F1. Es el undécimo británico y el octavo que lo consigue con McLaren. Su título en 2025 le convierte en heredero estadístico Hamilton, Button, Graham y Damon Hill, Mansell, Stewart o Clark. Aunque a la vista no tenga mucho que ver con aquellos forajidos de la vieja escuela, Lando es quizás el primer campeón de la nueva hornada de grandes pilotos de F1. Un tipo divertido, que en apariencia nunca se toma nada demasiado en serio, que posiblemente no sabe quién es el Primer Ministro británico y utiliza las redes sociales con sentido del humor. Un producto ideal para los nuevos tiempos del deporte de élite, pero que eso no desmerezca lo obvio: siempre fue un buen piloto.
Después de despuntar en el kárting y en las categorías pequeñas europeas de monoplazas, su despegue como piloto se produjo tras ganar el extinto Europeo de F3 en 2017. Entonces McLaren ya le había echado las redes. En su familia había medios para sostener los costes de una carrera profesional en el automovilismo; su padre se incluye entre las grandes fortunas de Reino Unido con negocios relacionados con fondos de pensiones y la tecnología. Zak Brown captó las cualidades y apadrinó los últimos pasos de Lando hasta hacerlo debutar en F1 en 2019.

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Era un rookie con muchos kilómetros de test y entrenamientos libres a sus espaldas, pero había que llegar y rematar. Lo hizo: entró en la Q3 de su primer GP de Australia y puntuó en el segundo (6º en Bahréin). El viento sopló a favor, cayó de pie. Y se descubrió un especialista en clasificación ciertamente irregular en carrera, pero con condiciones. La cocción fue lenta pero la progresión con Carlos Sainz como compañero se produjo de manera constante: primer podio en Austria 2020, primera pole en Rusia 2021 (debió ser también su primera victoria). “Es una esponja, tiene un talento enorme para aprender nuevas técnicas, alterar las reacciones del coche o adaptarse a las limitaciones. Eso me parece excepcional, aparte de su velocidad pura”, describía entonces quien fue su ingeniero de performance, José Manuel López.
Acompañó el crecimiento de McLaren con resultados. Le costó ganar, abrió la lata de las victorias en Miami 2024 (gracias a un oportuno safety car) y espantó el mal fario. El año pasado debió mantenerse en la lucha por el título, pero la versión más agresiva de Verstappen le sacó del camino en sentido literal. Consiguió cuatro victorias y el subcampeonato y sentó las bases de su sólido 2025: siete triunfos, 18 podios, máxima regularidad y episodios de brillantez. Es verdad que concedió demasiado y no se libró del adjetivo blando en duelos directos contra Oscar o Max. Ha cometido errores en salidas y primeras vueltas. Pero cuando estuvo bien batió a Piastri, en todas las circunstancias; y cuando estuvo mal, fue segundo o tercero. Por eso hoy es campeón del mundo.




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