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Vettel, el nuevo emperador rojo

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Vettel, el nuevo emperador rojo

Ha ganado cuatro títulos mundiales pero la historia de Vettel hasta llegar a Ferrari es la de un talento precoz. Y de cómo cada cosas debe estar en su lugar en cada momento.

¿Qué quiere beber? Así, en español con fuerte acento alemán, claro. Sebastian Vettel es una de esas personas normales capaz de hacer cosas especiales, de convertirse en un ser único. Son pocos. Y ese alemán, que va por la vida como si el mundo no girase alrededor, es uno de esos. Capaz de ponerse detrás de la barra del inmenso hospitality de Red Bull y preguntar a un par de periodistas españoles si quieren agua o un capuchino, antes de guiñar el ojo y … llamar a la camarera porque él acaba de romper un vaso. Cosas de genios. Y es que este alemán de 27 años a veces sigue pareciendo un colegial con su mochila, sus pantalones cortos y sus calcetines negros por los circuitos, pero es uno de los mejores pilotos de la historia de un deporte tan complejo como la Fórmula 1. Cuatro títulos mundiales de manera consecutiva le han valido un sitio en la historia. A pesar de tener sobre su valor la sombra roja de Fernando Alonso. Ya no. Porque el germano pasa a ocupar el sitio del español en Ferrari. Y ahora es el nuevo emperador rojo.

La historia de Vettel hasta llegar a Ferrari es la de un talento precoz. Y de cómo cada cosas debe estar en su lugar en cada momento. Hizo unos test con Williams para llegar a ser probador de BMW-Sauber en 2006 y debutar un año después en el GP de Estados Unidos. Sustituía a Robert Kubica que había tenido un accidente terrible en Canadá una semana antes. Terminó octavo y como el más joven de siempre en puntuar en un gran premio. Finalmente llegó a Toro Rosso. Y en el GP de Italia de 2008 deslumbró en lo que muchos consideran su mayor logro más allá de los cuatro títulos consecutivos: victoria con Toro Rosso en Monza en la lluvia. El más joven en ganar una carrera y subir al podio. Un año después llegó la oportunidad de pilotar para Red Bull, un coche que estaba en pleno proceso de llegar a ser uno de los mejores de la historia gracias a un tal Adrian Newey.

Era el año 2009, el del Jenson Button campeón con aquel Brawn GP de doble difusor. En Red Bull, Newey tenía otra idea y no copió aquel artefacto milagroso, pero Vettel fue subcampeón con ocho podios y cuatro victorias. Un año después, en Abu Dhabi llegaría su momento. El instante eterno. El milagro. La sonrisa inmensa y las lagrimas de Fernando Alonso.

Vettel ya tenía el mejor coche, pero la clase del español, el mejor Ferrari que ha llevado en sus cinco años y algún que otro momento de fortuna hicieron que Fernando llegase a la última carrera líder y con todo para lograr su tricampeonato, ese imposible. Pero el campeón fue Vettel. Esa temporada consiguió cinco victorias, tres en las últimas cuatro carreras y cinco podios más. Ferrari le regaló a su nuevo piloto su primer título. Eso es así. Una certeza.

Un año después, el Vettel campeón dominó la Fórmula 1. Tenía el mejor coche, cierto, pero lo supo aprovechar. Con 11 victorias y 15 poles. Increíble. Poco más que decir. Bicampeón. El 2012 volvió a ser el año de la lucha con Alonso. El asturiano tuvo el mejor año de su vida y todo el mundo coincide que fue el mejor, el que mereció el título, pero también es cierto que Seb hizo una última parte de temporada sensacional con cinco victorias, algún momento de mala suerte del samurai con los toques de Grosejan y Raikkonen en Spa y Suzuka o alguna decisión de la FIA dejó el título en manos del alemán. Y una última carrera en Brasil épica con remontada total. Y la de Abu Dhabi. Un gran año aquel. Tricampeón.

Y el año pasado igualó la mejor marca de Michael Schumacher, trece victorias, nueve de ellas las últimas de manera consecutiva para una temporada inolvidable. Cuarto título. Ya sólo Fangio y Schumacher con cinco y siete títulos estaba delante de este muchacho de Heppenheim, que mide 1,76, pesa alrededor de los 60 kilos, está casado con su novia de siempre Hanna Prater, que ha tenido una hija el pasado año, que a veces viaja con su padre Norbert, un carpintero con pinta de bonachón y suele echar de menos a su madre Heike. Un hombre normal. Un genio que ahora tiene una misión, devolver a Ferrari su leyenda, algo que no ha podido Fernando Alonso a pesar de ser el considerado el piloto más completo. Vettel está ante su gran reto: dejar claro que él sí pude hacerlo, volver a batir a Alonso. Quizá lo consiga… Glück Seb.

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