Rallys | Campeonato del Mundo

Nuevos coches para hacer frente a la crisis

La reglamentación que se estrena hoy en la primera prueba de Suecia propone vehículos más pequeños y, en principio, menos costosos, lo que debería propiciar la llegada de nuevas marcas al certamen

<b>LA GRAN NOVEDAD. </b>Mini ya se prepara para su debut, con seis carreras en esta temporada.
Pipo López
Redacción de AS
Actualizado a

Arranca una nueva era en el Mundial de rallys. Cuando hoy se pongan en marcha los motores para iniciar la temporada 2011 en Suecia, todo habrá cambiado. Los World Rally Car, la categoría que había estado vigente desde 1997, pasa a la historia, dejando paso a los nuevos WRC, unos vehículos con los que se pretende hacer frente a la crisis que asola a la especialidad.

Es por ello por lo que se ha cambiado de modelos compactos, como el Citroën C4 o el Ford Focus, a sus hermanos pequeños, los utilitarios DS3 y Fiesta. Gracias a este retroceso de segmento, otras marcas se han interesado por la especialidad, como Mini, con un Countryman que debutará en mayo. A esta disminución de tamaño se suma una reducción de la cilindrada de los motores, que pasan de 2,0 a 1,6 litros, y un recorte de tecnología, anulando la electrónica de las transmisiones.

Y es que precisamente la escalada tecnológica fue la que llevó a la crisis a la anterior reglamentación. Cuando en 1997 se estrenó la normativa de los World Rally Car, se hizo para dar entrada a más marcas. Anteriormente, con los Grupo A, había que fabricar una serie de cinco mil unidades del vehículo base, que debía incorporar motor turboalimentado y tracción a las cuatro ruedas. Y muchos fabricantes no podían hacerlo.

Con los WRC se permitía partir de una gran serie, y adaptarla a las exigencias de la competición. De hecho, a comienzos de la década había siete u ocho marcas oficiales. Pero llegaron la electrónica y los equipos franceses con unos presupuestos casi ilimitados... y los costes se dispararon, iniciándose una paulatina desaparición de marcas.

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Los nuevos coches que ahora debutan son, en teoría, mucho más baratos, ya no por el menor tamaño ni la disminución de cilindrada, sino sobre todo por la eliminación de la electrónica en las transmisiones. Se pasa de vehículos con tres diferenciales y cambio electrónicos, a modelos con sólo dos diferenciales y cambio mecánicos. Por tanto, serán más difíciles de conducir y más exigentes con el piloto, que no dispondrá de las ayudas electrónicas en unos coches más nerviosos, tendrá que soltar la mano del volante para efectuar cada cambio de marcha y, además, deberán bregarse con un motor con menos bajos por su menor cilindrada. Quizá por ello, en los ensayos realizados por Citroën y Ford para preparar la cita inaugural de Suecia, Sebastien Ogier y Jari Matti Latvala han sufrido accidentes, aunque también es cierto que ambos pilotos ya eran habituales clientes de los talleres de chapa con los anteriores coches.

La duda que flota sobre el ambiente es si esta reducción de las mecánicas puede llevar a coches menos espectaculares. Sin embargo, los que ya los han visto rodar aseguran que no pierden atractivos, ya que hay que conducirlos más de costado al ser más nerviosos y, como guinda, sus motores hacen más ruido. Una buena noticia para los puristas que lo llevaban pidiendo tiempo, no sólo para mejorar el espectáculo, sino también por motivos de seguridad, advirtiendo así a los aficionados de su llegada a los tramos.

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