Fiambalá se cruza otra vez en el camino de Sainz
En el mismo escenario donde perdió el título de 2009, el español se dejó ayer 9:19 con Al Attiyah, que ya le saca 12:37 en la general. Se enganchó en una duna, se perdió dos veces, pinchó y se le rompió el cambio.


Definitivamente, la familia Sainz no veraneará en Fiambalá. Nunca. Allí, en 2009, Carlos sufrió un accidente que le hizo perder el liderato en su primer Dakar en Suramérica. Y en este 2011, también en Fiambalá, ha vuelto a sufrir un revés que le aparta casi definitivamente del triunfo. De nuevo las dunas, como en Copiapó, de nuevo el desierto zarandeando su Race Touareg 3 como si fuera de juguete. Al Attiyah huele ya la victoria. El príncipe qatarí sonríe. Y la carretera, mientras, aguarda.
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Queda ahora por ver si de aquí al Obelisco viviremos un paseo como el del Tour por los Campos Elíseos o si el recorrido esconde trampas que sólo David Castera, el hombre que maneja los hilos e inventa trazados, conoce. La matemática dice que quedan 1.358 kilómetros de especiales. La mecánica, los neumáticos, la gasolina, las piedras, los árboles que un segundo de descuido vale la carrera. Ayer, Sainz volvió a ser presa de las dunas, que se alían con Al Attiyah por la sencilla razón de que habla su mismo idioma. Es de Qatar. Sainz se quedó enganchado en una y cedió nueve minutos; luego se perdió dos veces, pinchó y rompió la caja de cambios. Cedió 9:19 con Al Attiyah y ya está a 12:37. Ganó De Villiers.
La arena volvió a matar a Sainz; arena que el lunes era marrón y ayer blanca. "Lo que me preocupa es que en Fiambalá esperamos catástrofe", nos contaba el lunes Castera. ¿Adivino? Lo decía al prever "un viento de locos", no el batacazo de Sainz que deja a Al Attiyah el triunfo en bandeja. Bandeja de plata. De príncipe.