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Chocar contra una farola le llevó a correr en karts

Fórmula 1 | Michael Schumacher

Chocar contra una farola le llevó a correr en karts

Chocar contra una farola le llevó a correr en karts

La humildad de su familia le impedía rodar tan rápido con su kart como quería, pero el esfuerzo de sus padres inició el camino. Juntó su talento al dinero de patrocinadores locales y la perspicacia de hombres como Weber, Ross Brawn y Briatore. Y por supuesto, Ferrari.

Una pequeña localidad de Renania (Alemania) de menos de quince mil habitantes, Hurt-Hermulheim, vio nacer en el seno de una familia humilde, el 3 de enero de 1969, a Michael Schumacher. Su padre, Rolf, era albañil y su madre, Elisabeth, ama de casa. Su futuro parecía similar al de sus paisanos: mucho trabajo y vida anónima, pero Michael no era como el resto. Con cuatro años se empeñó en que su kart a pedales era muy lento. Aburrió a su padre hasta que le acondicionó un pequeño motor de motocicleta y empezó a rodar por su casa.

Y un accidente lo cambió todo. Se estampó contra una farola y el miedo de su madre hizo que lo llevaran a la pista de kárting de Kerpen, donde se convirtió en el miembro más joven del club. Rolf le construyó un kart con piezas de deshecho y con seis años ganó su primer campeonato. Eso sí, para esto su padre cogió un segundo empleo, alquilando y reparando karts en el propio circuito, y Elisabeth trabajó en la cantina de la pista. Hasta ahí llegaron.

Las siguientes mejoras fueron subvencionadas por hombres de negocios locales. Con doce años obtuvo la licencia de piloto en Luxemburgo, ya que en Alemania no se concedía hasta los catorce, y desde ahí, éxito tras éxito jalonaron su adolescencia. En 1987, tras cumplir 18, hizo algo clave en su carrera: compatibilizó los coches con un trabajo de mecánico donde aprendió todos sus conocimientos de mecánica.

Su mánager.

En 1989 firma por el equipo WTS propiedad de Willi Weber, que desde entonces guió su carrera. Y el propio Weber le convenció para ingresar en el programa de Mercedes del Mundial de prototipos, junto a Frentzen y Wendlinger. "Exponerte a conferencias de prensa profesionales y conducir en resistencia te ayudará", le dijo. De ahí sacó dos cosas fundamentales. Se cumplió el consejo de su mánager y enamoró a Corinna, la entonces novia de Frentzen, que luego se convirtió en esposa de Michael y madre de sus dos hijos.

Otro atrevimiento de Weber, tras mentir a Eddie Jordan sobre la experiencia de Schumi, le hizo debutar en F-1 en 1991. Después llegaron Briatore, Ross Brawn, Benetton... y Ferrari. Ahí se convirtió en El Kaiser y, en discusión con el malogrado Senna, en el mejor piloto de la historia de la F-1. "No soy una leyenda, sólo un tipo con suerte, que ha estado donde ha tenido que estar en el momento oportuno", afirma.

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