Motociclismo | La intrahistoria

Sete confirma que volverá al Mundial

El GP de Europa celebrado en el urbano de Valencia congregó a muchos nombres del mundo del motor. Uno de ellos, el único doble subcampeón de MotoGP español, dio una gran noticia

Manuel Franco
Redacción de AS
Actualizado a

Están frente al mar, al lado de los yates que parecen mentira de los millonarios, inalcanzables aún tan cerca, como parte de un decorado de cartón piedra flotando sobre el agua. Ahí aparece, rojo imperial, el motorhome de Ferrari. Al lado, el primero de los demás, el globo hinchable de BMW-Sauber, junto a él la caseta de feria de Renault, un poco más allá los de Honda y Toyota, la jaula de metal y diversión de Red Bull... Y entonces se ve un espejo gigante con una enorme bandera de España a media asta por detrás, amenazando el futuro de plata, el hospitality de McLaren, vanguardia arquitectónica de quita y pon. Entro con Carlos Miquel, maestro de ceremonias ejemplar de su mundo de colores. Ahí está Reyes, la mujer de Pedro de la Rosa, que charla de embarazos y vidas que se muestran en teléfonos móviles.

Sin duda.

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De una mesa se levanta Sete Gibernau, que estaba acompañado por Randy Mamola y su familia, y saluda a la esposa del probador. Y los periodistas a lo suyo. Pregunta obligada, y Sete confirma con una sonrisa. Dice que sí, que va a volver, que este año no lo ha hecho ya porque se negó por poca cosa, pero que aún puede hacerlo en algún gran premio de esta temporada y que en 2009 correrá seguro. Podría hacerlo ya, está más delgado que nunca, en plena forma, pura fibra construida en gimnasio. Se despide con un hasta pronto. Muy educado, se le supone, incluso amable, ahí ya sorprende. Tiene esa alegría en la cara del regreso al mejor de los pasados. Suerte, Sete.

Al salir aparecen cuatro pequeñas figuras con enormes gafas de sol de distintos diseños. Hablan entre ellos admirados. Y la conclusión que sacan Bautista, Talmacsi, Faubel y Borsoi mirando las casas de los equipos de F-1 es la misma, que esto es más grande, más lujoso, más todo, ¿no, tío?, que su Mundial de motos. Menos impresionado, Carmelo Ezpeleta, el gran jefe de MotoGP, pasea con Aspar y Fernando Roig cuando ven a Carlos Checa que les cuenta sus inolvidables ocho horas japonesas. En Red Bull descansa Laia Sanz, lejos de piedras y trial. Mira el mar con sus ojos decorados de aviador. Sólo falta algún dakariano. Se les echa de menos. Serán las ganas...

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