Los Cinco de Murcia, espíritu Dakar en Hungría

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Es de noche en la carretera de Satu Mare, la ruta 19 de Rumania. A pocos kilómetros de la frontera con Hungría, Manolo Barnés, piloto español de motos, aparca su KTM en una gasolinera. Habla con el encargado en un rudimentario inglés cargado de palabras en español, rumano e italiano y consigue un pequeño cuartucho donde poder descansar un par de horas. Fue la solución de emergencia. A las tres de la madrugada después de echar una cabezada corta como su presupuesto para el Rally de Centroeuropa, el español de Lorca sigue su camino. Tiene que llegar antes de las cinco a Debrecem para empezar la siguiente etapa. Es el único piloto sin asistencia de la primera prueba de las Dakar Series.
En este raid, que acabó con el triunfo de Sainz en coches y Casteu en motos, la mayor parte de los pilotos se quejaron de que no era en absoluto comparable a la legendaria carrera africana. Tenían razón. La única similitud tenía que ver con el nombre y con algunos pilotos. Por ejemplo los cinco pilotos de Murcia en motos que dormían en tiendas de campaña, incluso en el frío de los Cárpatos rumanos, aunque ya en el Lago Balatón pudieron ir a un hotel. Son el veterano Antonio Ramos, el citado Barnés, campeón de España de bici de montaña, Gustavo Capel, Antonio Alpañez y el comandante de la Patrulla Águila, Miguel Puertas, que acabó vigesimoquinto como tercer español tras Pellicer y Viladoms con la base de una botella de agua sustituyendo a uno de sus faros delanteros. También terminaron el canario Pedro Peñate, el valenciano Rafa Ciscar y el catalán Artur Aragonés, auténticos héroes de África en Europa Central, verdadero espíritu Dakar.
