Raikkonen salvó su prestigio 'in extremis'
Una nueva derrota (ya sufrió una en 2003 y otra en 2005) le habría situado casi fuera de Ferrari. Pero venció y evitó la llegada de Alonso
A sólo dos carreras del final, con Hamilton a 17 puntos en el Mundial, el crédito de Raikkonen no estaba demasiado alto dentro de Ferrari. Su proverbial hipervelocidad tardó mucho en encontrarla, sobre todo en calificación, y sufrió su falta de adaptación a los nuevos neumáticos Bridgestone. Algo que podría haber paliado con más trabajo en pretemporada. Pero empezó muy tarde y a espaldas del mucho más trabajador Felipe Massa en prestaciones. Kimi, apuesta personal del presidente Luca di Montezemolo, no era el nuevo Schumacher y estaba fallando en su apuesta ganadora. Ya había perdido en 2003 ante el alemán y en 2005 frente a Alonso. En el primer caso tuvo falta de punch, y en el segundo un exceso de agresividad que le costó varias severas averías. Esta tercera era su gran oportunidad. Y su salvoconducto para seguir a lo grande en Ferrari.
Esta vez no falló. Corrió sin la presión por ganar porque la prensa internacional le dio por desahuciado antes de tiempo. A la última carrera llegó a siete puntos de Hamilton. Necesitaba ganar, que no terminara justo detrás suyo Alonso y que el inglés fuera como mínimo sexto. Toda una carambola. Fue curioso el ambiente previo a la carrera en la rueda de prensa internacional.
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Los periodistas británicos preguntaban sin parar a Lewis y a Fernando. En voz baja, y con la mirada distraída, Kimi apenas contestó tres o cuatro preguntas. Así, sin presión, y sin pensar en la necesidad de ganar, se creó el caldo de cultivo ideal para ver al mejor Raikkonen. El que no comete errores y es más rápido que ningún piloto sobre la tierra. Con el mejor coche en pista, voló desde la salida y descentró también a Hamilton. Mientras en silencio disfrutaba de su monoplaza, recordaba en Interlagos al que sobrevoló las Ardenas en Spa, resultó inalcanzable en Silverstone o le aguantó el tipo a Alonso de manera magistral en China.
Era otro piloto, completamente distinto al indolente de Hungría o Turquía, o el que le abrió la puerta a Hamilton en Monza. Con el finlandés se impuso el segundo mejor piloto y el más admirable por su afición a la diversión. El merecido triunfo de Kimi le hizo esbozar una amplia sonrisa a Alonso, pero, al final le ha costado no correr con Ferrari ya en 2008.