La mina del amigo Joaquín
La elección del pozo de San Nicolás no fue por casualidad. Allí trabaja un buen amigo de la familia Alonso.
Joaquín tiene 44 años. Es fornido, con barba, de aspecto rudo pero de corazón noble. Lleva media vida trabajando en la mina y es, desde hace tiempo, buen amigo de la familia Alonso. Fernando y su padre eligieron el Pozo San Nicolás porque allí es donde Joaquín se ha dejado parte de sus pulmones y su salud durante dos duras décadas bajando a las entrañas de su querida Asturias. Se jubila dentro de unos días y ambos quisieron ofrecerle el regalo de sentirse rey por un día. Es sarcástico y divertido, pero muy tímido. "Pídeme un riñón, pero no que haga declaraciones", le dijo a De la Morena cuando le propuso hablar en el programa. Joaquín admira a Fernando, pero tal vez no sepa que Fernando también le admira a él.
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La ceremonia de vestirnos de minero fue un ritual excitante. Cuando nos entregaron el mono, las botas, el casco y el cinturón para sujetar el rescatador para emergencias y la pesada batería para la luz de la linterna la cabrá tiró al monte: "Salgo muy cargado, voy a tener que ir a una sola parada", bromeó Alonso. El descenso en la jaula fue impactante. Parecía un viaje al centro de la tierra a toda velocidad. En el corazón de la mina, a casi seiscientos metros de profundidad, entre tuberías, vagonetas, raíles y conductos de ventilación, una pintada en letras rojas recibió a un Alonso emocionado: "Fernando vete a Ferrari", decía. Él se limitó a sonreír.
Se estremeció escuchando a Víctor Manuel mientras miraba fascinado a los mineros, evitó criticar a McLaren para no tener problemas y aceptó con gusto una larga sesión de fotos y autógrafos. Es su tierra. Son sus paisanos. Gente sufrida y trabajadora. Y en la jaula volvió a ascender a la superficie. Con la cabeza bien alta. Orgulloso de haber vivido una inolvidable aventura que pasará a la historia de la radio y al baúl de sus mejores recuerdos. ¡Va por ti Joaquín!