¿Quién es el jefe?
Carrerón de los que hacen época y con el mejor resultado posible para Alonso, que se reivindica como el aspirante al título que nunca ha dejado de ser. Lástima que Massa se encargará de poner la nota desagradable de la jornada.

¡Viva la Fórmula 1! Si usted fue de los que vio ayer el GP de Europa, enhorabuena. Si no tuvo oportunidad de hacerlo, intente conseguir el video cuanto antes, no debería perderse el espectáculo que representó una competición rebosante de emoción, incertidumbre, incidentes, polémica... y con el mejor resultado posible para Fernando Alonso. Salió una carrera de ésas como las buenas tardes de Curro, excepcionales e inolvidables, que justificó renunciar a una buena siesta veraniega para descubrir quién sigue siendo el mejor piloto de la parrilla, por mucho que algunos (puede que incluso en su propio equipo) lo lamenten. El bicampeón ofreció un recital de todas sus cualidades, de las virtudes que le hacen único y refrendó que no es inteligente dejar de contar con él antes de tiempo...
Inaudito. El arranque del gran premio fue casi de 'Humor Amarillo'. Comenzó a llover a cántaros sobre Nurburgring, la pista se anegó (eso no me extrañó: en cierta ocasión tuve que atravesar el túnel que cruza bajo la pista con el agua por las rodillas, completamente inundado por otra de estas tormentitas) y media docena de coches quedaron aparcados en la gravilla o contra las protecciones. Entre ellos el de Lewis Hamilton, que volvió a tener la suerte de no tocarse con las vallas. Hasta aquí todo normal, pero ocurrió lo imprevisible: un fulano agarró su grúa y, siguiendo las instrucciones del británico (que ejerció de líder del Mundial), sacó su McLaren de la escapatoria para depositarlo de nuevo en la pista. Sencillamente increíble, lo nunca visto y totalmente antirreglamentario.
Esfuerzo inútil. Y aunque la fortuna le sonrió de nuevo a niño de Dennis, esta vez le sirvió de muy poco. Su remontada no le llevó hasta los puntos y con la victoria de Alonso su liderato se basa ya en sólo dos de ellos, es decir, nada con siete grandes premios por delante. Yo, sinceramente, no había sufrido ninguna crisis de fe sobre las posibilidades del español, pero con lo que ocurrió ayer todos convendremos en que la incertidumbre del deporte es una de sus grandezas... y conviene no olvidarlo nunca.
Noticias relacionadas
El macarra... Lo peor del día fue la actitud chulesca de Felipe Massa. Nunca ha sido un piloto limpio, eso lo sabíamos, pero su faceta de matoncillo de barrio todavía no la había exhibido. Es evidente que Alonso le humilló literalmente en la pista, porque le ganó en las condiciones en las que muestran su superioridad los más grandes, con lluvia y bajo presión, pero eso no justifica el numerito que montó en la antesala del podio, en una postura tan poco deportiva como desafiante y agresiva.
...Y el caballero. Por suerte, Fernando estuvo en su sitio y prefirió no entrar al trapo de las provocaciones del brasileño. Muy al contrario, se mostró prudente, educado y ecuánime en sus declaraciones. No hay mejor desprecio que no hacer aprecio y así lo entendió el ganador, que no quiso que un personaje enrabietado arruinara su felicidad. Ojalá que aquéllos que tan a menudo cuestionan sus gestos y actitudes ahora valoren lo que hizo ayer, que nada tiene que ver con la arrogancia que se le atribuye. Y en Hungría toca el liderato...
