Montecarlo el circuito más especial del año
La carrera del Principado es única en el calendario y las características del trazado ponen a prueba la pericia de los pilotos y también la capacidad de los equipos para adaptar sus monoplazas al desafío

Se ama o se odia pero jamás provoca indiferencia. El circuito de Montecarlo es una especie en vías de extinción (aunque Ecclestone se empeñe en lo contrario), la de los circuitos urbanos, pero su fascinación sigue atrapando a pilotos, ingenieros y aficionados. El GP de Mónaco es la cita más esperada del calendario para muchos, aquéllos que encuentran en este escenario toda la esencia de la competición en estado puro, la lucha del hombre contra el miedo y la razón.
Sólo así se explica que el campeonato más profesionalizado, elitista y exigente del mundo acuda cada año, ininterrumpidamente desde 1995, a un trazado que nada tiene que ver con los del resto de la temporada. Buscar los límites de un motor de Fórmula 1 en las estrechas calles de una ciudad, bordeadas por guardarraíles, saltando sobre baches y bordillos, entrando a ciegas en un túnel a casi 300 km/h y con las aguas de un puerto deportivo como escapatoria es algo que esquiva cualquier lógica. Pero, por suerte, en la competición aún queda una pizca de romanticismo, de bendita locura...
Montecarlo siempre ha sido un circuito de piloto, una pista que premia la habilidad y la valentía, cualidades que llevaron a Ayrton Senna a ganar en el Principado media docena de veces (y a Fernando Alonso a imponerse por primera vez el año pasado).
Sin embargo, esa búsqueda de la excelencia debe estar cimentada en un coche adaptado a sus particulares características. Un monoplaza de F-1 no se diseña para rodar sobre el asfalto de una gran ciudad (aunque sea tan lujosa como Montecarlo), ni para acelerar desde prácticamente parado tras una curva lentísima o soportar elevadísimas temperaturas en su motor por la ausencia casi absoluta de refrigeración.
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Por todas estas particularidades, los ingenieros deben aplicarse para intentar que su coche salga airoso frente a tantos inconvenientes. La configuración de Mónaco nada tiene que ver con la de la mayoría de los circuitos y los equipos trabajan previamente en pistas reviradas (como Paul Ricard o Cheste) en la puesta a punto para un escenario en el que, además, tampoco es posible entrenar fuera del programa del gran premio.
Suspensiones, motor, cambio, refrigeración, aerodinámica, altura del chasis, dirección, neumáticos... todo es específico para la prueba más especial de la temporada. Y del acierto en esta preparación depende buena parte del éxito, así que cada detalle es cuidado con el esmero que merece tan excepcional ocasión...
