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Su gran osadía marcó a Dennis

Fórmula 1 | Lewis Hamilton

Su gran osadía marcó a Dennis

Su gran osadía marcó a Dennis

Su familia luchó por ver a Lewis convertirse en el primer piloto negro que puede hacer historia en la F-1. El jefe de McLaren también confió en un joven que está acostumbrado a ganar.

Tewin es una pequeña aldea inglesa de 2.500 habitantes. Tiene una iglesia, dos bares, una cabina telefónica, una oficina de correos y un mercado además de haber visto nacer a Lewis Carl Hamilton en 1985. Un joven que debutó en los karts en 1993 y empezó a ser famoso por dos cosas: era muy rápido y era negro. A los conductores noveles se les exige terminar seis carreras para pasar al nivel siguiente: Lewis ganó las seis, subió de categoría y venció también en la primera prueba.

Atrevido.

Durante una entrega anual de premios de automovilismo, se plantó ante Ron Dennis, le pidió un autógrafo y le dijo: "Un día quiero pilotar sus coches de F-1". La simpática osadía de Lewis le provocó una sonrisa a Ron que le escribió en su libro de firmas: "Llámame en nueve años". Sin embargo fue el propio Dennis quien le llamó para entrar en el programa de promesas de McLaren. "Admiré su seguridad en sí mismo y pensé que podría llegar muy lejos", asegura su actual jefe.

Siguió en el kárting hasta 2001. Al año siguiente logró sus primeras victorias en la F-Renault británica y en 2003 se impuso en la general, con diez triunfos. Al siguiente año en la F-3 Euroseries terminó quinto con una victoria. En 2005, consiguió el título con quince victorias en veinte pruebas. El 8 de septiembre pasado se adjudicó la GP2 tras cinco triunfos y cinco días después se subía a un McLaren Mercedes en el circuito de Silverstone.

Sus raíces son humildes. Su abuelo paterno, de la isla de Grenada, era parte del éxodo indio del oeste de la posguerra en Gran Bretaña. Su padre, Anthony, trabajó en el ferrocarril además de otros dos empleos. Pero su preocupación no era la humildad en la que vivía su familia: Lewis no tenía amigos y sus compañeros le tomaron como el centro de sus burlas y golpes. Tuvo que realizar un nuevo esfuerzo para que aprendiera kárate y se defendiera en los recreos del colegio. En esas clases, Lewis, formó su personalidad: "Allí desarrollé seguridad en mí mismo".

Su debilidad y su mejor ejemplo es su hermano menor, Anthony, que sufre una grave parálisis cerebral: "Sólo puede hacer la mitad de las cosas que yo y sin embargo es feliz. Ése es un mensaje fuerte que seguramente influyó mucho en mi forma de pensar. Nunca se queja por lo que tiene. Siempre que pienso que tengo problemas imagino cuántos tiene él".

Bernie Ecclestone, visionario como pocos, ya lo anticipó hace veinte años: "Lo que le falta a la F-1 son un alemán que conduzca rápido, una mujer y un piloto negro". Hamilton ha llegado para quedarse.

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