Raids | Lisboa - Dakar 2007

Elogios y una visita que me supo muy bien

Franco, con un nuevo 'amigo'.
Manuel Franco
Redacción de AS
Actualizado a

En la noche de Zouerat la luna suele brillar, pero esta vez el cielo era un cuadro amarillo y gris, una especie de plumero celeste. Fue sólo un simulacro de tormenta de arena. Tras llegar del viaje en helicóptero, los compañeros habían buscado una ville para dormir. Ese suntuoso nombre escondía una especie de chamizo con colchones y varios cojines mauritanos tirados en el suelo. Acabé el día regalando mi ropa a los niños que esperaban un cadeaux (regalo en francés) y varias camisetas de esas que hizo el concejal de cultura de mi pueblo hace unos años.

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Cuento cosas en 'El Larguero' rodeado de cabras y escucho, emocionado un inmerecido elogio de José Ramón de la Morena. "Dar solamente aquello que te sobra nunca fue compartir, sino dar limosna, amor", decía Alejandro Sanz partiendo corazones en una canción de nuestra vida. A las cinco y media de la mañana me estaba intentando dar una ducha en la casa. Un hilo de agua caía cada veinte segundos, aproximadamente, por la ducha mientras varios escarabajos gigantes me miraban en tono amenazador desde la pared de enfrente. Experiencias. En Atar el tiempo se calma. Llegan visitantes, esos que nos miran limpios y oliendo bien, pero ataviados con ropa de aventura. Aparece Pipo López, que me trae jamón y lomo ibéricos, o quizá fue un espejismo del desierto. Muchos soldados esta vez en Atar, rodean el campamento con sus kalashnikov al hombro y mirada fiera, pero parecen de mentira.

Suspiro cansado, salgo al mural de las clasificaciones y los recortes de prensa y ahí, junto a 'L' Equipe' y 'La Gazzeta dello Sport' están las páginas del día de AS. "Sólo ponemos los medios más importantes y los que mejor informan del raid", me dicen. Lo siento, pero en ese momento volvieron mis amigas las lágrimas.

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