El espectáculo del DTM aterriza en Montmeló
Concentración, picardía, velocidad y talento es lo mínimo que se le puede exigir a los veinte pilotos que tomarán parte este fin de semana en la prueba española del DTM, una de las competiciones más exigentes y de mayor prestigio del mundo, que por primera vez visita un circuito nacional

Cuáles son los ingredientes que debe ofrecer un campeonato de coches para que resulte atractivo a los aficionados al motor? Antes de buscar una respuesta, cualquier respuesta, sería bueno darse una vuelta este fin de semana por el circuito de Cataluña. El DTM, siglas del 'Deutsche Tourenwagen Meisterschaft' o Campeonato Alemán de Turismos, llega por primera vez a España. El certamen insignia de Alemania, capaz de llevar a más de 80.000 espectadores de media a los circuitos, aterriza en Montmeló para disputar su octava prueba de la temporada de las diez que conforman el calendario.
Y lo hace con todos sus pesos pesados. Con una impresionante nómina de pilotos y con el duelo estelar entre las dos marcas participantes, Audi y Mercedes, más candente que nunca. Estas dos fábricas, máximas representantes del poder alemán en la industria de la automoción, tienen en el DTM su carta de presentación al mundo. Puede que Mercedes participe de una de las escuderías punteras de la Fórmula 1. O que Audi revolucione las 24 Horas de Le Mans imponiéndose con un diésel. Es igual, para ellos todo es secundario cuando hay DTM.
Toda esa dedicación se ve reflejada en los coches, auténticas máquinas de competición de más de 450 CV y 4.000 centímetros cúbicos. Lo más parecido a un monoplaza de Fórmula 1 camuflado bajo una carrocería de acero y fibra de carbono que impresiona por sus velocidades superiores a los 300 km/h.
Atractivo formato.
Pero todos esos elementos de poco servirían sin un formato de competición con gancho. El DTM también se acerca en ese aspecto a la perfección. Todo está pensando por y para el público. Es difícil encontrar otra prueba en la que los espectadores vean tanto tiempo a los coches en pista. Los viernes se rueda durante tres horas repartidas en dos sesiones libres de hora y media. El sábado hay una nueva tanda de práctica de una hora antes de acometer la calificación. Esta sesión cronometrada se ha renovado intentando acercarla a la existente en F-1. Al igual que en los grandes premios, también hay una primera tanda, en este caso de catorce minutos, tras la que se eliminan los seis vehículos más lentos. La segunda tanda dura diez minutos, y tras ella sólo quedan los ocho mejores para disputar la pole. Al contrario que la tediosa última tanda de la F-1, la del DTM no dura más que siete minutos. Los pilotos tienen una única ocasión, como mucho dos en circuitos cortos, de lograr su vuelta rápida, por lo que la crono es electrizante.
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Y todavía queda lo más espectacular. La carrera, siempre a las 14:00 horas del domingo, debe cubrir una distancia de 160 kilómetros, lo que en Montmeló significan 58 vueltas al trazado corto. Son obligatorias dos paradas en boxes, repostaje y cambio de neumáticos, y la igualdad mecánica entre los coches garantiza el espectáculo. Se rueda en grupos compactos, por lo que cada curva depara sorpresas.
A Montmeló se llega con Mercedes liderando las clasificaciones de pilotos y marcas con un estrecho margen, por lo que la prueba catalana resultará decisivo para el futuro del campeonato. Eso no hace sino aumentar el interés por la novedad más importante que ofrece el calendario automovilístico español. Una oportunidad única que nadie se debería perder.