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La guinda del pastel

El campeón español ya advirtió que pretendía terminar el año en lo más alto del podio y cumplió con su pronóstico y con su palabra. El broche de oro para una temporada inolvidable, puesto que a la victoria de Alonso en China se unió el título de constructores para Renault..

<b>LA PAREJA DEL AÑO.</b> Alonso y su jefe han formado una dupla letal en los boxes y en el asfalto esta temporada.
Raúl Romojaro
Redacción de AS
Actualizado a

Quien avisa...Y Alonso lo había advertido justo después de proclamarse campeón mundial en Brasil. Se acabaron las precauciones, llegaba la hora de atacar. Con el título en el zurrón, que se preparasen Raikkonen y su compañero Montoya, ya no le pasarían tan fácil. Dicho y hecho. En Japón sólo la estrategia fallida de Renault le apartó del objetivo, pero en China las cosas se han puesto en su sitio: el campeón, en lo más alto del podio; el subcampeón a su estela. Si alguien quiere seguir poniendo condicionantes al exitazo del asturiano puede seguir haciéndolo, pero con argumentos tan peregrinos que se acercan al ridículo. Ni siquiera Kimi sabía muy bien por dónde salir ayer cuando tenía que justificar que no fuera el himno finlandés el que sonase en Shanghai, sobre todo después de que su jefe, Ron Dennis, se llenara la boca de decir que un piloto latino nunca podría ser un buen campeón. Sin comentarios...

Triunfo de equipo. Pero sin necesidad de cobrar cuentas pendientes, me emocionó el triunfo de Fernando porque sentenciaba también el Mundial de constructores para su marca y él parecía muy feliz. Con su esfuerzo reconocía que la Fórmula 1, aunque en ocasiones lo parezca, no es un deporte individual sino de equipo. Y con el suyo Alonso mantiene un idilio, aunque a veces se muestre algo brusco y directo en sus apreciaciones sobre determinadas decisiones o estrategias. Pero en Renault saben mejor que nadie lo que tienen en casa y lo valoran en la medida que merece un sueño hecho realidad.

La casualidad no existe.Al menos, cuando su frecuencia la convierte en norma. Mientras que Renault ha completado una temporada de notable alto (con un sobresaliente para su líder), otros han seguido buscando excusas a que una marca que fabrica utilitarios doblegue a otras de coches de lujo. Montoya a boxes después de pisar una tapa de alcantarilla (como si corriera en Alcañiz...), Kimi desorientado porque es el mejor pero el campeón es otro y el pobre Schumacher cediendo su corona en un año que no habría imaginado ni en la peor de sus pesadillas. Pese a todo, por obra y gracia de la irregularidad de los demás, Michael acaba tercero en la tabla de puntos, que tampoco es como para cortarse las venas.

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Una afición única.También me gustó mucho la victoria de Alonso por esas gentes vestidas de azul que llegaron a China como si fueran a Zamora. Cualquier esfuerzo parece justificado para animar a su estrella y el alegrón que debieron llevarse los seguidores de 'Nano' fue otra de las buenas noticias de la jornada de clausura del campeonato. Lo merecen, sin duda, casi tanto como los propios protagonistas.

El largo invierno.Lo único malo de todo esto es que la diversión se acabó hasta la próxima primavera. Nos consolaremos con el regreso de Fernando a casa, con su Premio Príncipe de Asturias, con los entrenamientos de pretemporada y con la esperanza de que 2006 pueda ser todavía mejor... aunque la ilusión de la primera vez es algo que nunca, nunca olvidaremos. Un gran final para un gran año.

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