Fórmula 1 | GP de Italia

Y hubo carrerón...

Suma y sigue. Así es como se ganan los títulos, así es como se conquista la gloria. Y no con averías, trompos o destrozando neumáticos. Es la diferencia entre Alonso y su Renault respecto a sus rivales... si es que a estas alturas podemos decir que todavía le queda alguno.

<b>TENSIÓN.</b> Alonso y Raikkonen lo dieron todo en Monza.
Raúl Romojaro
Redacción de AS
Actualizado a

¡Viva la Fórmula 1!

Lo adelantábamos ayer en la portada del AS y las expectativas se cumplieron, vaya si se hicieron. Tocaba carrerón en Monza y lo hubo, con todos los ingredientes que hace única a esta disciplina deportiva: emoción, estrategia, incidentes e incertidumbre. Sobre todas las últimas vueltas resultaron dignas de un novela negra, con tantas cosas por resolver. Montoya al borde del precipicio con un neumático en las últimas, Alonso a la caza de un líder en apuros, Raikkonen que parecía que podía quedarse sin gasolina en cualquier momento... Y todo aderezado con velocidad en estado puro, una carrera a un promedio de 247 km/h y una punta de ¡370! Si alguien necesita más para divertirse con un espectáculo deportivo, pues que me lo explique. Bueno sí, nos faltó una nueva victoria de Fernando, pero, a estas alturas de película, ¿a quién le importa un triunfo más o menos? Nosotros queremos un campeón del mundo y eso, tras lo que ocurrió ayer, está muchísimo más cerca.

Una salida limpia.

Y eso que la cosa empezó con tranquilidad, porque los pronósticos de los pilotos nos hacían pensar en una auténtica batalla campal en las primeras chicanes tras la arrancada. Lo esperábamos porque es verdad que en Monza tales escaramuzas son habituales y, sobre todo, porque en esta ocasión uno de los damnificados podía ser el enemigo público número uno. Kimi estaba en el centro del mogollón y en caso de tumulto, hubiera estado implicado con mucha probabilidad. No fue así, casi todos (menos en la cola del pelotón) fueron por el sitio, como si nadie quisiera convertirse en árbitro no invitado de la pugna por el título. Porque, lo reconozco, por otro lado me preocupaba también que el nuestro tuviera a la espalda a ese ciclón llamado Sato y a su presuntuoso compañero Button. Dos BAR-Honda con ganas de asomar la cabeza que podían crear complicaciones...

Bordillazos.

El viernes, tras los primeros entrenamientos, Carlos Miquel (que para algo se pasa doce horas diarias en los circuitos) me habló de lo que después se ha convertido en una de las claves del GP de Italia. "Los McLaren van como aviones y no veas cómo se suben por los bordillos, van por las paredes", me explicaba después de los problemas de Pedro de la Rosa con un semieje. Todos los pilotos lo hacen en Monza, eso no es un secreto, pero los coches plateados parecían especialmente dispuestos a aprovechar las ventajas de arañar al límite cada centímetro de la pista. Pues esos bordillazos, esos impactos a altísima velocidad contra una superficie dura, rígida y en algunos puntos cortantes, fueron los que provocaron los problemas de neumáticos de McLaren, posiblemente junto con una configuración de coche ideada para soportar esas tensiones. Porque ningún otro equipo Michelin los tuvo, así que echarles a ellos la culpa me parece poco justo.

Un trompito.

Raikkonen volvió a protagonizar ayer una carrera rapidísima como el excelente piloto que es... tanto como incompleto e inmaduro. Sus nervios, con trompo incluido sin venir mucho a cuento, cuando comprobaba que otra porción del título se le escapaba son propios de un principiante pero no de un aspirante a campeón del mundo. Mientras, ahí estaba 'Nano' rodando como un reloj, tranquilo, también muy rápido y con cada cosa en su sitio.

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Enfríen la sidra.

El champán ya lo ponen en los circuitos, así que nosotros debemos ir poniendo a enfriar una botella de sidriña en honor del asturiano más ilustre de la historia del deporte. Será en Bélgica (difícil), en Brasil (muy probablemente) o en Japón o China (seguro) pero este chico acaba el año como campeón del mundo. Sé que ya no es nada original decirlo, pero por si alguien sigue dudándolo, tranquilo, yo sí que tendré la sidra fresquita...

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