Fórmula 1 | La contracrónica

El más inteligente

Un campeón no sólo debe ser rápido, también lo suficientemente inteligente como para saber jugar sus cartas con acierto y sin aceptar órdagos de sus rivales. Y Alonso gestionó ayer la competición con la maestría de quien tiene muy claro cuál es su gran objetivo..

<b>EL GRACIOSO DE TURNO.</b> Bob McKenzie se &#39;despelotó&#39; con la colaboración de McLaren e hizo de reir a los suyos. es el nuevo mago del humor del autpmovilismo.
Raúl Romojaro
Redacción de AS
Actualizado a

Tacita a tacita... Las carreras y los títulos no sólo los ganan los pilotos más rápidos o más atrevidos, también los más inteligentes. Y esa es la grandeza de Fernando Alonso: con un volante entre las manos pocos le superan pero, además, maneja como nadie las cartas de que dispone. Su segundo puesto en Silverstone es una demostración precisa de tales cualidades, porque quizá otros hubieran caído en las trampas que el gran premio le tendió. La más clamorosa, haber elegido plantar cara a Juan Pablo Montoya en la salida. Nada tenía que ganar el asturiano y sí mucho que perder ante un rival dispuesto a todo por reivindicarse. El McLaren arrancó como una exhalación porque su piloto (animado en el circuito por su mujer y su bebé) era consciente de que se encontraba ante una gran oportunidad, así que haber entrado al engaño hubiera sido extremadamente peligroso para el español, sobre todo porque sus enemigos eran otros... y estaban detrás.

¿Aguantará? Por si fuera poco, la duda era evidente: si Raikkonen volvió a sufrir durante los entrenamientos los problemas de fiabilidad del motor Mercedes, ¿acaso no le podía suceder lo mismo a Montoya? Pues claro, así que tirar la casa por la ventana en la primera curva no tenía sentido alguno. Cada cosa en su momento y, de hecho, Alonso demostró después que estaba dispuesto a acosar al líder de la carrera, disputándole el triunfo en las detenciones en boxes, claves una vez más para el desenlace de los acontecimientos.

Paradas emocionantes. Tanto está cambiando nuestra percepción de la Fórmula 1 en una temporada histórica para el deporte español, que ni siquiera las detenciones en boxes tienen ya el mismo sentido. Recuerdo que hace no mucho algunos se tomaban esto de las estrategias como una lacra de los grandes premios, un mal evitable que sólo servía para romper el ritmo de la competición y liar a los espectadores con los cambios de posiciones. Ahora, por el contrario, son un ingrediente más de ese menú que nos hace vibrar cada domingo. ¡Qué intriga saber si Fernando saldría delante de Juan Pablo después de cada repostaje! En la pista, como ocurrió la semana anterior en Francia, no existió la pasión de un gran premio al límite de rivalidad, pero ni mucho menos la prueba careció de alicientes y diversión.

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Rumbo al optimismo. Otro pensamiento que quizá compartimos todos los que vimos al Renault peleando por la victoria fue el de su supuesta poca competitividad en este trazado. Durante la semana, Alonso se encargó de templar la euforia diciendo que en Inglaterra puntuar casi ya sería un éxito, que Silverstone era territorio McLaren y que podría resultar la carrera más difícil del año. ¡Vaya con el pronóstico! Ojalá el pesimismo tuviera siempre el mismo desenlace: pole, podio y mandando más en el Mundial. ¿Qué ocurrirá cuando los circuitos le favorezcan? Que se preparen...

El mejor bálsamo. Fue emocionante ver las gradas del circuito repletas de aficionados, de gentes de bien que volvieron a encontrar en el deporte el mejor bálsamo contra el dolor, una válvula de escape para tanta tristeza, rabia contenida e impotencia. Los pilotos, las grandes estrellas, se unieron a su pena con ese minuto de silencio que decía tanto como que la competición más internacional, la que no sabe de países, idiomas o fronteras, se aliaba ante la barbarie y la tragedia. Fue en un escenario de tradición, ante un público que conoce como pocos la F-1 y que tiene una forma tan peculiar de entender las cosas como ese periodista que recorrió el circuito a pelo tras perder una apuesta en la que se jugó que McLaren no ganaría ni una carrera la pasada temporada. Y cumplió con flema británica.

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