El cambio de ruedas no se prevé en el reglamento
Un caso como el de Indianápolis queda fuera de los supuestos

La debilidad de los neumáticos Michelin en el óvalo de Indianápolis ha sido especialmente clamorosa por la nueva reglamentación en este sentido para 2005. En un intento de limitar las prestaciones y abaratar los costes, la Federación Internacional de Automovilismo decidió que en el Campeonato del Mundo de 2005 los neumáticos deberían durar una competición completa, incluyendo la sesión de calificación. Y es por este motivo por el que cuando una cubierta revela sus carencias, ya queda muy poco margen para solucionarlas.
Justo lo que ha ocurrido en Estados Unidos. Las enormes exigencias del peralte de Indianápolis han pillado, inexplicablemente, fuera de juego a Michelin, a pesar de que sus productos ya habían sido ensayados en ediciones anteriores en el oval americano. Y al detectarse el inconveniente es cuando se produce la circunstancia de que ya no hay marcha atrás.
Cuatro juegos. Durante la prueba, cada piloto puede disponer únicamente de cuatro juegos de neumáticos para seco, además de otros cuatro para mojado y tres más para condiciones extremas. Durante la primera jornada de entrenamientos, a los pilotos se les entrega dos juegos de neumáticos para seco, de compuestos diferentes.
De entre ambos, antes de la 08:00 horas del sábado el piloto deberá comunicar el neumático que finalmente utilizará durante el resto de la prueba. Por supuesto esta elección puede variar si las condiciones meteorológicas cambian durante las sesiones posteriores. Y ese mismo juego de la calificación será el que usen durante la carrera completa, sin posibilidad de sustituirlos excepto por causa de fuerza mayor.
Por precaución. Este es el supuesto al que quería asirse como a un clavo ardiendo Michelin en Indianápolis, aunque con bastantes matices. El reglamento de la Fórmula 1 contempla la posibilidad de cambiar un neumático por razones de seguridad o un deterioro anómalo, pero siempre con la aprobación de los comisarios deportivos y sin que la operación de cambio coincida con un repostaje. Además, el neumático que se reemplaza deberá ser de los que previamente se han utilizado en los entrenamientos, nunca fuera de los compuestos elegidos.
Es decir, que aunque los pilotos Michelin hubieran querido pasar por boxes para cambiar el neumático más conflictivo (el trasero izquierdo, el que más sufre en el peralte de Indianápolis), hubieran tenido que susituirlo por otro idéntico, con menos vueltas pero el mismo riesgo de reventón que el anterior.
Inédito. Por eso el proveedor de neumáticos pretendía obtener un permiso especial para montar neumáticos diferentes a los de la calificación, de los cien juegos que mandó por avión desde Francia. Es un supuesto no contemplado por el reglamento y la FIA esgrimió argumentos de peso para no tenerlo en cuenta. Tan sólo avisó de que si algún equipo elegía este camino, la sanción al no estar reglada resultaría tan ejemplar como "para evitar intenciones de efectuar este cambio en el futuro". Y así fue: no hubo contemplaciones y el gran premio resultó un auténtico fraude.
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La marca de neumáticos incluso fletó un vuelo desde Francia con el mismo tipo de compuestos que usaron en el Gran Premio de España, pero la FIA se negó a hacer una excepción en las reglas y esos neumáticos no pudieron ser utilizados.