Del récord de McLaren al título de Rindt
Sentía que iba a lograr un buen resultado, un segundo puesto en el primer Gran Premio de Estados Unidos era toda una hazaña. Bruce McLaren pilotaba con maestría su Cooper T52, esperando subir al podio en el circuito de Sebring (Florida), cuando lo vio. Jack Brabham, su compañero, que lideraba la prueba, se había quedado sin combustible y empujaba su monoplaza hasta la línea de meta. En ese momento el neozelandés se supo vencedor. A sus 22 años, tres meses y doce días se convertía en el piloto más joven en ganar un gran premio. Mientras John Cooper, jefe del equipo, daba una voltereta en el suelo esperando a Brabham creyendo ganador al australiano, que, a pesar de todo, era nuevo campeón del mundo. McLaren, que siete años más tarde crearía su propia escudería, batía el récord de precocidad como triunfador en un gran premio de F-1. Sin embargo, el más joven en ganar una carrera había sido Troy Ruttman, con 22 años y 80 días. Este piloto estadounidense había vencido, también en Estados Unidos, las 500 Millas de Indianápolis, prueba puntuable en el calendario de 1952, aunque no era un gran premio. El récord de McLaren, y también el de Ruttman, sería batido en Hungaroring, en el año 2003, por un asturiano de 22 años y 26 días. Fernando Alonso dominó aquel Gran Premio de Hungría para lograr su primer triunfo. Dos años después ocupa el liderato del Mundial y si el destino no le engaña el título debe ser suyo. Este GP de EE.UU. también fue el del título póstumo de Jochen Rindt. En 1970, en su cuarta carrera, Emerson Fittipaldi entra primero en meta y logra el campeonato para Rindt, fallecido un mes antes en Monza. Ningún piloto podía alcanzar los puntuación del austríaco. Pero las dos caras de la vida se encontraron en Francois Cevert. El francés ganó en Watkins Glen (Nueva York) en 1971. Dos años después sufrió un accidente y acabó decapitado por los guardarraíles de seguridad. Gloria y drama en la F-1.
